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lunes, agosto 17, 2026
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Contrario modo

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A la hora de esbozar interiormente estas “palabras” no me fue fácil encontrar un título adecuado capaz a un tiempo de expresar y de dejar velado el contenido a desarrollar.

Es más, fui incapaz de decidirme entre dos “entradas” que revolotearon en algún no-lugar de mis “jardines interiores” por lo que iniciaré con las dos…

La primera de ellas estoy convencido de haberla leído en uno de los libros del jesuita indio Anthony de Mello [aunque no he logrado dar con él por más que lo he buscado] y se trata de unos de sus cuentos en el que un monarca recibe ―de boca de uno de sus ayudantes― la noticia de que ha fallecido su crítico más acérrimo y “contrario modo” a lo esperado, en lugar de festejar, lamentó su muerte porque ya no habría quien le hiciera ver sus errores o, al menos, le orillara a revisar sus palabras y sus acciones.

La segunda proviene de una experiencia personal y tiene que ver con el surgimiento de mi interés por la Teología latinoamericana de la liberación a final de la década de los setenta. En este caso también se trató de una reacción “contrario modo” ya que al escuchar críticas y alertas contra ella de parte de alguien con cuya enseñanza no estaba yo muy de acuerdo, pensé que algo digno de ser tomado en cuenta habría en ella…

Pues bien, en esta ocasión, estas “entradas” vinieron a mí, para llevar al lenguaje escrito, una postura crítica frente al alud oficial contra la libertad de expresión bajo el velo ―desgraciadamente transparente― del derecho de las audiencias.

Parece difícil ―si no es que imposible― eliminar el tufo de censura que brota, no solo de unos lineamientos que, a final de cuentas, dejan en manos de un Estado identificado con el Gobierno Federal y con Morena, la determinación de lo que se puede decir, escribir o mostrar so pena de multas y, por qué no, en un momento dado ―en el caso de la radio y la televisión― de retiro de concesiones.

Cómo negar que hay censura cuando se tiene noticia del retiro de apoyos a organizaciones de la sociedad civil; de retiro de propaganda oficial a medios críticos del régimen; de retiro forzado o preventivo de diversos programas, de noticias y comentarios de opinión que no han llegado a los canales de televisión o a los medios impresos por sugerencia o presión de los gobiernos locales y más de cincuenta conductores, articulistas y analistas de esos medios críticos que han dejado de aparecer en las pantallas o han dejado sus palabras “en el tintero”…

Cómo negar que hay censura cuando ―desde el poder― se habla de un “ecosistema de amplificación digital” con cuatro capas digitales que tiene como misión combatir a la Cuarta Transformación y cuya primera capa ―en la que se originan los mensajes y que es, por tanto “la fonte do mana” la materia prima para el ecosistema o, dicho en términos kantianos, su condición de posibilidad, sin la cual no existiría como tal― está conformada por 54 comunicadores, periodistas y medios críticos del régimen, muchos de los cuales han sido objetos de comentarios negativos, de acusaciones y descalificaciones frecuentes en las conferencias matutinas a lo largo de casi ocho años.

[A este respecto, estuve pensando ―”a contrario”― que no sería muy difícil “construir”, al menos hipotéticamente, un “ecosistema de amplificación digital” cuya misión no fuera otra que promover a la 4T. Un ecosistema que no tendría 4, sino 5 capas, la primera de las cuales ―la que está en el origen de los mensajes― sería, “La mañanera del pueblo” que, al igual que en el otro ecosistema, se politiza en la tercera capa [la segunda, en este caso son los comunicadores, periodistas y medios ―aplaudidores y críticos― que la retoman o que llega ahí como propaganda oficial], se empaqueta y distribuye en la que en este caso sería cuarta y se multiplica también en granjas de bots…].

Obviamente [Maquiavelo “dixit”] el propósito de quienes detentan el poder consiste en mantenerlo y el de quienes no lo tienen o lo han perdido, recuperarlo, mientras que los propósitos de quienes opinan o analizan debe consistir en posibilitar una visión más amplia y profunda de los hechos y ofrecer elementos para su mejor comprensión.

Que haya en quienes opinan y analizan intereses económicos y políticos conscientes e inconscientes, es innegable, pero de ello, obviamente, tampoco están exentos ―quizás en orden inverso, políticos y económicos― quienes detentan el poder, sobre todo cuando dicen hacerlo “con el pueblo y para el pueblo” y, peor aún, cuando ―como parece ser el caso― llegan a identificar la voluntad popular, en última instancia, con la voluntad de Uno o Una, confundiendo esa distinción clave de la filosofía política dusseliana entre “potencia” [el poder creador, vivo y originario que reside en el pueblo] y “potestas” [el poder institucionalizado y las leyes] que desemboca [¿inevitablemente?] en la “hybris” moral que deriva en considerarse a sí mismos no solo distintos y superiores, sino puros e infalibles, o dicho ―de nuevo con Dussel [en algún momento uno de los formadores de cuadros de Morena]― que lleva al “fetichismo del poder” que debe considerarse como “la corrupción originaria de lo político” y que “consiste en que el actor político (los miembros de la comunidad política, sea ciudadano o representante) cree poder afirmar a su propia subjetividad o a la institución en la que cumple alguna función (de allí que pueda denominarse “funcionario”) —sea presidente, diputado, juez, gobernador, militar, policía— como la sede o la fuente del poder político”.

En medio de este “conflicto de interpretaciones” lo más sano parece ser lo que un buen número de personas ha decidido hacer: no escuchar, no ver, no leer noticias…

Sin embargo, para quienes creemos que aunque no sea lo más sano es necesario estar informado, bien vale un consejo que podría “rezar” más o menos así: aliméntate de diversas fuentes de información, incluso contradictorias; digiérela, rúmiala y fórmate tu propia interpretación que “es más fácil encontrar rosas en el mar” que la verdad en temas complejos y si hay que desconfiar siempre de los medios tradicionales y redes, hay que desconfiar más del que [¿inevitablemente?] corrompe: el poder y más todavía del que corrompe absolutamente: el poder absoluto [al menos tendencialmente …].

Y, a título personal, creo que me seguirá siendo inevitable mantener mi postura “a contrario” del poder y ―con una buena dosis de cinismo confeso, seguir priorizando la “no-lista” de la primera capa como fuente prioritaria de información…

José Luis Olimón Nolasco
José Luis Olimón Nolasco
Académico, teólogo y filósofo. Catedrático de la Universidad Autónoma de Nayarit. Colaborador de la Secretaría de Educación Pública y de la Comisión de la Defensa de los Derechos Humanos en Nayarit.
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