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lunes, agosto 17, 2026
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Vicente Quirarte palabras para permanecer: Amado Nervo y Alí Chumacero

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Vuelvo para quedarme

Que me enciendan cien cirios

y preparen el lecho

donde habré de dormir lo que me falta.

Vicente Quirarte. La canción de la tierra

Vicente Quirarte (1954-2026) en el homenaje por los 100 años de la muerte de Amado Nervo, en 2019 dijo en el Colegio Nacional:

Fue Nervo una víctima de la sinceridad; no sin ironía puede pensarse que éste fue su heroísmo. Nadie mejor que él puede servir de pretexto para meditar  sobre  esa  antítesis  que  se  ha  hecho  de la vida y del arte. Para quienes predican su des-humanización  “y  que  rompa  las  amarras  que  a  la  vida  lo  sujetan”,  el  ejemplo  de  este  poeta  es un argumento valioso: el hombre, allí, acabó por destruir al artista”.

El texto completo “100 años con Amado Nervo” se publicó en el Boletín de la Biblioteca Nacional de México (12/04/2019), en el cual menciona que el sepulcro de Amado Nervo es el más visitado en la actual Rotonda de las Personas Ilustres en la Ciudad de México. Al igual que la tumba de Agustín Lara, siempre tiene flores frescas.

En el reconocimiento que hace Vicente Quirarte a la obra de Amado Nervo, transita por las diversas etapas del poeta, de las que reconoce dos: la de juventud, caracterizada por el tono íntimo, y la de madurez donde se acentúa el tono moralista. Para Quirarte, la primera etapa es más pura en cuanto arte, en tanto que la segunda, es una poesía de la desnudez de Amado Nervo como hombre.

Un año antes, en el centenario del nacimiento de Alí Chumacero, poeta nacido en Acaponeta, Nayarit, Vicente Quirarte escribió el texto “El príncipe feliz: centenario de Alí Chumacero”, publicado por el Colegio de México en la revista Otros Diálogos (2018). Quirarte afirma que Alí Chumacero nació inmortal porque sus versos, todos sus versos, brotaron clásicos y eternos, pero también porque tenía una presencia donde se reconocía el valor del silencio y de la risa. Alí “nunca usó la retórica para verstir la emoción; desde el principio se exigió las palabras potenciadas a su más alta escala. Toda su obra -afirma- es de una belleza que no admite pausas, sino un compromiso para toda la vida”.

Fue unánimemente amado porque no peleó posiciones de poder ni causó daño para conquistar el sitio que desde muy joven alcanzó”.

¿Por qué tituló el texto como “El príncipe feliz”? porque en el cuento de Oscar Wilde el principe reparte su riqueza en la ciudad. Los habitantes lo admiran por sus destellos exteriores, pero ignoran el dolor de su corazón. Alí Chumacero era un príncipe porque ofrecía felicidad a los otros, en tanto, que secretamente, cultivaba la pureza de la palabra.

El reconocimiento era mutuo: Alí Chumacero dio respuesta al Discurso de ingreso de Vicente Quirarte a la Academia Mexicana de la Lengua el 19 de junio de 2003. En ese discurso, Quirarte se refirió a Alí como “poeta mayor de nuestro idioma, que se define como corrector de pruebas, y cuya obra -ejemplar y perfecta- es lección de permanencia ante las amenazas de la resignación, el silencio o la muerte” (p 10). Su discurso de ingreso se refirió a El México de los Contemporáneos.

Alí Chumacero le da la bienvenida a la silla XXIII que había correspondido a Carlos Pellicer. Dijo de Quirarte que es un universitario a carta cabal, dedicado a la amistad constante con la página escrita. Su inclinación por la literatura lo llevó a buscar en las palabras la traducción de sus emociones. Reconoce a un escritor que dedica su tiempo al ensayo, la narración, la poesía, el teatro. Esa pasión se convirtió en el acto definitorio de su vida. Termina su respuesta al Discurso de ingreso diciendo:

Más debería decir acerca de Vicente Quirarte y su notable obra. Pero por ahora me basta con rematar la faena afirmando que su presencia, al cubrir el sitial que correspondió a Carlos Pellicer, llega con señalados méritos a honrar a nuestra institución. Es bienvenido” (p 70).

Termino esta breve reflexión sobre Vicente Quirarte, como un breve tributo por su deceso, con un texto de su autoría:

Teoría del oso

Sumergido en lo más hondo de esta página, tiene la seguridad de la cobra en el desierto. Fiel guerrero del olvido, pisotea el gozo del último pinar estremecido por el viento. Emerge al fin, fatigado del odio en bruto que es él mismo, el hambre desnuda, los colmillos prestos. Nadie como él es omnívoro. Mastica el plomo de los lápices y bebe tinta a mares, llevándose en los belfos restos de teclas y de cintas. Se aleja eructando puntos suspensivos; deja en su camino los excrementos de tropos nunca usados. Pero aun la bestia tiene rasgos de nobleza: deja sobre el escritorio la goma de borrar.

Y un poema:

Nevó toda la noche y amanece
la tierra inmaculada.
Quién pudiera decir que bajo el manto
prepara su verdor la primavera.
Si la pureza existe,
qué semejante es a la nieve:
hoja blanca cedida por el mundo
para probar que nada permanece.

[1] Socióloga. Investigadora de la UAN, lpacheco@uan.edu.mx

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