7.7 C
Tepic
viernes, agosto 21, 2026
InicioLa Historia También Es NoticiaPorfirio Díaz, entre piñas y el Tigre de Álica

Porfirio Díaz, entre piñas y el Tigre de Álica

Fecha:

spot_imgspot_img

En 1872, mientras esperaba en vano una audiencia con el Tigre de Álica, el futuro Presidente de México se enteró del deceso del Benemérito con las manos llenas de fruta y un "ejército" de apenas seis hombres

Don Porfirio Díaz se enteró de la muerte de don Benito Juárez comiendo piñas a la orilla del río, en Santiago Ixcuintla, “Nayarit”. Y esto pasó justo después de haber esperado a que Manuel Lozada, el Tigre de Álica, se dignara a recibirlo.

Según las malas lenguas de las buenas gentes, don Porfirio, el futuro ‘dictador ilustrado’, en 1872 andaba en Distrito Militar de Tepic rogando audiencia como abogado novato en el juzgado, con expediente bajo el brazo.

Venía de fracasar en su rebelión contra Juárez en 1871, así que llegó a San Luis de Lozada con una misión: conseguir hombres, armas y dinero… ¡perooo! Para eso necesitaba al hombre fuerte de la región, nada más ni nada menos que al Tigre de Álica.

Ireneo Paz, periodista, escritor y testigo de esos días, cuenta que esperaron tres días completos con la fe de un devoto en la mañana de su santo, ¡amén! Sin embargo, el general Lozada, simplemente… no apareció.

Se dice, se cuenta, se rumora que don Porfirio, con tal de ganarse la simpatía de Manuel Lozada y los habitantes de San Luis, mandó fundir una campana para el templo de Santa María del Rosario.

Hay quienes aseguran que la campana sigue ahí, cobijada por el tiempo y el rezo; otros, más desconfiados, juran que algún influyente ya se la robó y la tiene como adorno en su elegante mansión.

Bueno, ¡haiga sido, como haiga sido!, don Porfirio y compañía no fueron recibidos por Lozada, así que se fueron a Tepic… Cuando ya estaban doblando la petaca para irse con las manos vacías, llegó un rayito de esperanza:

Lozada mandaría armas, parque y algo de apoyo. La misión, milagrosamente, revivía. Y con ese respiro partieron hacia Santiago Ixcuintla a esperar los refuerzos.

Y ahí, mientras esperaban, la “tropa” de don Porfirio se puso en modo vacaciones… comiendo, descansando y, claro, echándose sus “piñas de agua a la orilla del río”. Y entre mordida y mordida, llega la noticia: Benito Juárez ha muerto.

Don Beni se iba de este mundo, y don Porfi se enteraba masticando fruta, con las manos pegajosas y su plan hecho pedacitos… pues estaba en territorio lozadista, corría el riesgo de ser tomado como prisionero y ser entregado a Lerdo de Tejada como señal de paz.

Ireneo Paz resumió el drama con una pregunta: “¿Cuál es el ejército que tenemos?”. La respuesta daba risa… un general, un pagador, un médico, un jefe de Estado Mayor, un secretario y un soldado. ¡Más que ejército, parecía comité de acción ciudadana!

Don Porfirio todavía estaba muy lejos del poder, pero en Nayarit quedó grabada una estampa bastante “random” de este personaje histórico, como diría la chaviza. Para finalizar otro dato “random”: Irineo Paz, fue el abuelo paterno de Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura en 1990.

Fuente: Ireneo Paz, Algunas campañas, Gobierno de Jalisco, 1990 (ed. facsimilar de 1884) /  Archivo personal de Julián Pineda Galaviz.

spot_img

Más artículos

spot_img
spot_img
spot_img