Por un momento volvimos a ser uno solo. Si así como en el Mundial. Unos minutos en el que el tiempo se detenía y solo quedaba expresar nuestros Vivas y cada uno de nuestros héroes y heroínas que nos dieron patria. A los pueblos originarios, afromexicanos. A los migrantes.
Un México que no habló de nuestros desaparecidos, de las diferencias políticas, de los carteles, de la violencia, de las marchas, del sistema del hombre por el hombre, del fifi, de capitalista, del comunista, de la polarización, de quien se encarga y construye diariamente de esa división. Del fresa. Del obrero. Del punk. Porque por un momento volvimos a ser uno solo.
No fue necesario un puño arriba que te indicaba guardar silencio para buscar a alguien tras un terremoto. No hubo etiquetas amarillas en uniformes verdes militares para mover los restos tras inundaciones o los colores marinos para rescatar el peligro: porque por un momento volvimos a ser uno solo.
No fue necesaria una guerra de chistes. Una batalla de rap o de farmear auras. O de barrio contra barrio. Bola contra bola. Un clásico nacional o uno joven. Porque por un momento volvimos a ser uno solo. Sin Ecuador, Sin Corea, Sin la República Checa, o la bendita Inglaterra. Sin preguntas: ¿por qué sacaron a Quiñónez?



