No sabía nada del argentino Tomás Eloy Martínez. En una mesa de libros baratos, medio maltratados, al lado de títulos basura, vi la novela Santa Evita, del sello Seix Barral. Es, para mí, una obra monumental sobre la vida de Evita y, sobre todo, sobre lo que su cadáver padeció entre la veneración, el exilio y la profanación sexual. El cuerpo embalsamado viaja de escondite en escondite, copiado en réplicas para despistar, mientras manos anónimas le dejan velas encendidas y flores y un coronel enloquece de amor por una muerta. Volví y compré todos los ejemplares que pude. No sé dónde terminaron; tal vez sólo regalé dos. Mi hija Itzel la consiguió en inglés y, como puede, la disfrutó en esa lengua. La he vuelto a buscar y, por fortuna, volvió a reeditarse.







