En 1999 el periodista y novelista Tomás Eloy Martínez escribió en La Nación un artículo titulado «La fotografía de Dios». Habla de un descubrimiento astronómico: esa energía que contrarresta la gravedad y rellena los huecos de un universo en expansión, lo que hoy llamamos energía oscura. Es un texto bello, aunque de difícil comprensión para quien no domine, como el presumido enamorado de la Mariana de la canción, «la química, retórica, botánica; botánica, retórica y sistema decimal». Junta la ciencia con la vieja intuición de los poetas para recordarnos que salimos a buscar el fin del mundo y de las cosas, y que lo que encontramos, una y otra vez, es el principio. Esas costuras del universo son como la literatura, que con palabras tapa los huecos que la vida nos va abriendo.







