Ahí están, en anaqueles metálicos capaces de soportar su peso. Durante años vivieron en cajas, en rincones de humedad y polvo. Sometí a limpieza la mayor parte. Hoy están, con cierto orden y a la vista, enciclopedias, libros, cintas y cintas de video, vinilos y compactos. ¿Qué hacer con ellos, si casi todo vive ya en el mundo digital? ¿Pedir que se los lleve el carretón de la basura? ¿Conservarlos por una simple nostalgia visual? Las enciclopedias se desactualizaron en el momento mismo de ser editadas. Novelas y libros técnicos se leen en la computadora o el teléfono. La imagen y la música se consumen bajo demanda. ¿Qué queda para esos ecos del pasado? ¿Tomarles una foto y dejar la pared limpia? Porque, apenas muramos, alguien lo hará por nosotros. O aun antes.







