Mónica empezó a despertarse a las cuatro de la mañana en 2017. Tenía 30 años, daba clases en una primaria de Tepic y llegaba al salón con dolor de cabeza. El médico general le mandó análisis que salieron normales y le recetó vitaminas. Al año siguiente fue la gastritis, luego la espalda. Pasó por tres consultorios y ninguno le preguntó cómo se sentía.
En 2020, con las escuelas cerradas, se pasaba los días en la cama sin ganas de levantarse. «Pensé que era flojera, que se me iba a quitar», resume. El diagnóstico llegó hasta 2025, cuando una médica de su centro de salud le aplicó un cuestionario antes de revisarle la presión. Ocho años después de la primera madrugada sin dormir, alguien escribió en su expediente la palabra depresión.
El nombre real de Mónica es otro; Meridiano lo ha cambiado y para proteger su identidad le ha dado rasgos que coinciden con lo que describen los estudios y las cifras oficiales sobre depresión en México. Diagnósticos como el suyo suman 2 mil 861 en Nayarit en lo que va de este año, de acuerdo con el Boletín Epidemiológico de la Secretaría de Salud federal, con corte al 3 de octubre: unos diez por día. Casi siete de cada diez fueron de mujeres.
La cifra llega en octubre, el mes en que se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, y crece cuando se compara con el tamaño del estado. Nayarit tiene un millón 299 mil 75 habitantes, según la Encuesta Intercensal 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 0.99 por ciento de la población del país. Pero de los 122 mil 57 diagnósticos de depresión registrados en México este año, el 2.34 por ciento se hizo aquí. Por cada caso que le correspondería por población, Nayarit registra más de dos.
No es cosa de este año. La depresión empezó a contarse en los anuarios de morbilidad de la Dirección General de Epidemiología en 2014; antes de ese año no aparece en ellos. Desde entonces Nayarit siempre ha estado por encima de la media nacional. Entre 2014 y 2017 se movió entre el quinto y el noveno lugar del país por tasa de casos nuevos, con entre mil 470 y mil 700 diagnósticos al año.
En 2018 la cifra casi se duplicó, de mil 700 a 3 mil 54 casos, y el estado subió al segundo lugar. Un año después llegó al primero, con 348 casos por cada 100 mil habitantes, más del triple de la tasa nacional.
La pandemia abrió todavía más la distancia. En 2020 el país registró 32 por ciento menos diagnósticos que el año anterior, mientras Nayarit apenas bajó 4 por ciento y sumó 4 mil 244. Ese año concentró el 5 por ciento de los casos de todo México, y su tasa, de 329 por cada 100 mil habitantes, fue casi cinco veces la nacional, de 67. Fue primer lugar en 2020 y lo repitió en 2021.
Desde entonces ha oscilado entre el segundo y el cuarto lugar. En 2025 registró 4 mil 524 casos, la cifra más alta desde que existe el registro, y sólo Colima tuvo una tasa mayor. En 2026 los casos van 11 por ciento por debajo del mismo corte del año pasado, y su peso frente al país, de 2.34 por ciento, volvió al nivel que tuvo entre 2021 y 2024.
Un registro alto no significa por fuerza que en Nayarit haya más depresión que en otros estados. Los anuarios cuentan diagnósticos hechos en las unidades de salud, y un sistema que detecta más aparece más arriba en la tabla. En un padecimiento que pocas veces llega al consultorio, eso puede ser una ventaja. Los ocho años de Mónica caben de sobra en lo que describe un estudio publicado en 2013 en la revista Salud Pública de México por Shoshana Berenzon y otras investigadoras del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz: menos del 20 por ciento de quienes tienen un trastorno afectivo en el país buscan algún tipo de ayuda, y quienes lo hacen pueden tardar hasta 14 años en llegar a un tratamiento especializado. Las cifras, por sí solas, no permiten saber cuánto del registro nayarita responde a una mejor detección y cuánto a más enfermedad.
La depresión también tiene costos fuera del consultorio. El mismo estudio la señala como la primera causa de discapacidad entre las mujeres mexicanas y la novena entre los hombres. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) calculan que la depresión y la ansiedad hacen perder cada año 12 mil millones de días de trabajo en el mundo, con un costo para la economía cercano a un billón de dólares. La OMS advierte además que la depresión está muy ligada a la salud física: las personas que viven con diabetes o con enfermedades del corazón pueden desarrollarla por las dificultades de sobrellevar esos padecimientos.
Mónica lleva un año en tratamiento. Volvió a dormir de corrido y desde agosto da otra vez sus clases completas. Podría decirse que tuvo suerte e hizo algo para tenerlo: insistir en ser atendida con diagnóstico preciso. No toda persona con depresión lo logra. Por desgracia.
Quien necesite orientación puede acudir a su unidad de salud o llamar a la Línea de la Vida, al 800 911 2000, un servicio gratuito disponible las 24 horas. Si no le contestan, insista.







