El vestido según la psicología aborda cómo la ropa influye y refleja los procesos mentales, la identidad, las emociones y el comportamiento de las personas. No solo cambia a la persona que la lleva sino cómo te ven los demás. Seguramente nos inspiraría desconfianza un médico con un overall o nos preocuparía ver a una ingeniera, vistiendo una minifalda en una obra. Cada prenda para cada rol.
A lo largo de la historia y de la geografía física, la vestimenta ha jugado un papel importante. Tras la Revolución Francesa, se cambió la ropa ostentosa y colorida por trajes sobrios e igualitarios. Y para las mujeres, se redujo el número de prendas y zapatos en el closet. Al paso del tiempo y hasta nuestros días se ve al vestido como vía de comunicación no verbal por parte de quien la usa y que nos avisa de su estatus, de una ideología política, de rasgos de personalidad y hasta del estado de ánimo con el que anda por la vida o actitud temporal. “El que de amarillo se viste a su hermosura se atiene” y sobre todo es importante escoger el color de nuestra ropa si traemos la intención de encontrar o enamorar “al príncipe azul” o a nuestra “media naranja”. Incluir en nuestro guardarropa un vestido con estampado floreado, significa elegancia y romanticismo y eso le gusta a Cupido.
Y Jennifer Lopez, Poppy Delevigne, Gwyneth Paltrow, Eva Green, Lindsay Logan, Karol G, Paris Hilton y Guadalupe Taddei, lo saben muy bien al incluir modelos de Emilio Pucci entre sus prendas que evocan a lo psicodélico combinando rosas, naranjas o…morados o azules, verdes y blancos, como nuestra Lupe que decidió como las divas traer al Pucci de los 60’s a su nueva propuesta de Y2K (Year 2 Kilo) que refiere a las tendencias entre el 2000 y el 2010, pero que en el caso de la ropa, en el 2026 sigue siendo una tendencia por sus estampados geométricos y saturados que son puro glamour.
Todo cabe en un caftán, sabiéndote acomodar, dicen los que creadores de estos diseños fluidos que venden la idea que esta prenda se adapta a cualquier figura y así lo compró nuestra ex presidenta del INE que no le tembló la mano para pagar 2 mil 180 dólares que equivalen a 41 mil pesos por un modelo largo y de corte holgado sin ajustarse a la cintura, con mangas tipo kimono y una caída suave sobre el cuerpo, resultando ligero y fluido para vestirse y desvestirse. Nada que ver con las telas de Parisina o Modatelas cuyos estampados de verano, se deslavan y caen las hojas en el otoño. Ni pensar en un modelo de Shein que hay que pedirlo XXXL para que nos quede a las que usamos large.
Si usted cree que nomás la de origen neoyorkino, París Hilton; la nacida en Los Angeles, Gwyneth Paltrow o Poppy Delevigne originaria de Londres, Inglaterra, tienen derecho a llevar un Emilio Pucci, déjeme decirle que está en un error. La que vio a la luz en la Heroica Cananea, Sonora, también puede y tiene con que incluir en su ropero, uno o más modelos del diseñador ítalo que está viviendo su nuevo gran momento en este año, no así una de sus clientes que seguramente está enfundada en pijama de franela, comiendo “burritos sonorenses”, rematando con unas “coyotas” y un buen trago de bacanora.
A falta de Joan Rivers de Fashion Police, pues aquí me tienen delatando el vestuario de las celebridades y las ya no tan celebridades.







