“Ricardo, para mí sería un verdadero honor que presentaras mi nuevo libro. Aunque nunca hemos trabajado juntos siempre te he admirado, recuerdo muy bien cuando conducías aquel programa de…”
Rocha me interrumpió abruptamente: “Heriberto, no mames, cuál honor, ni me digas, voy con mucho gusto, ¿a qué hora y dónde será la presentación?”
Mi formalidad se estrelló con su desparpajo. Me sorprendió su respuesta tan ubicada, de cuates, sin ningún atisbo de vanidad. Dicho y hecho: fue el presentador de mi libro Los Cronistas en la Galería Landucci de la colonia Roma en diciembre de 1999. Me llenó de elogios hasta sofocarme.
Al año siguiente empecé a trabajar con él en su programa de radio Detrás de la Noticia, que se transmitía desde un enorme edificio de la avenida Insurgentes Sur. Ahí se empezaba a desarrollar Carlos Loret de Mola, con quien trabé amistad, a tal grado que me invitó a su boda, a la que desafortunadamente no pude asistir. Era Carlos un reportero algo pasado de peso. Tiempo después, adelgazó el físico y robusteció la postura periodística.
Me gustaba la forma primigenia de conducir y la forma articulada de hablar en la pantalla de Ricardo. Conversaba con personajes diversos. Preparaba muy bien sus entrevistas. Las hacía coloquiales. En You Tube hay varias, deliciosas todas.
Abría espacios para la cultura y daba tribuna a políticos ajenos al sistema en la Televisa de los ochenta. Había en él algo de rebelde, de valiente subversivo. Hasta donde entiendo, tenía una magnífica relación con nuestro jefe Emilio Azcárraga Milmo. ¿Será que funcionaba como un velado y obligado contrapeso?, ¿era Rocha el alfil del estratégico ajedrez de la televisora de Avenida Chapultepec?
Para Gente Grande dejó huella por su profundidad y sus conceptos. Aún recuerdo la música de la cortinilla de entrada. Y el logotipo, que evocaba al Hombre de Vitruvio de Leonardo Da Vinci, con sus rasgos anatómicos y los brazos despegados del tronco.
En Vivo se llamaba el programa que transmitía en Canal 2 los sábados en la madrugada. El periodista tepiteño presentaba números musicales para un público insomne que empezaba el fin de semana como piltrafa, por la desvelada. Ecléctica era la noctámbula emisión: lo mismo tocaba una orquesta sinfónica que una charanga o un trío. Trabajé a su lado en el noticiero 24 Horas, donde sustituyó un par de semanas a Jacobo Zabludosvky, allá por 1997.
Hace dos días nos sorprendió la muerte de Ricardo Rocha, un periodista en toda la extensión de la palabra.



