Mientras paramédicos de la Cruz Roja trataban de reanimar el cuerpo inerte de un hombre de aproximadamente 38 años de edad, que se desvaneció mientras caminaba por la calle Puebla casi esquina con calle Lerdo de Tejada, en el Centro Histórico de Tepic, a paso lento el señor Ignacio Montes Arias, se acercó para apreciar la escena sin imaginar que el hombre que estaba tirado sobre la banqueta era su hijo.

Al reconocer a su hijo, don Nacho les hizo saber a los paramédicos de la Cruz Roja que el hombre inconsciente era su vástago, fue en ese momento cuando el socorrista dejó de aplicar la reanimación cardio pulmonar y le hizo saber que el joven ya había muerto a causa de un infarto. Acto seguido los paramédicos bajaron de la ambulancia una manta en color azul y cubrieron el rostro del fallecido, hasta la llegada del personal del Servicio Médico Forense.

Ante esta devastadora y sorpresiva noticia, el señor Montes Arias sólo atinó a realizar una llamada telefónica y le avisó a otro de sus hijos que su hermano había fallecido. A los pocos minutos llegó otro joven y fue él quien proporcionó a la autoridad correspondiente los generales de su hermano fallecido.

Por su parte los agentes de la policía estatal que arribaron al lugar optaron por acordonar la zona donde se encontraba el cadáver del joven que en vida llevó por nombre Víctor Fernando Montes Rodriguez.

Mientras peritos de la Fiscalía General del Estado realizaron su labor, el señor Ignacio Montes Arias recordó que un día antes del deceso de su hijo, había dialogado con él y le pidió que se fuera a vivir a su casa: “Porque mi hijo tenía tiempo viviendo solo en una casita que rentaba, tenía poco que se había separado de su mujer, fue por ello que le pedí que se fuera a vivir a mi casa porque yo también vivo solo, pero mi hijo me respondió que no, y  me dijo; papá quiero vivir solo, quiero estar en paz”.

Con lágrimas en los ojos y con la voz entrecortada, el señor Montes Arias aclaró que su hijo no consumía ningún tipo de drogas y dijo desconocer si el joven padecía alguna enfermedad, sólo refirió que su vástago trabajaba como agente de seguridad privada y se desvelaba.

La tristeza y nostalgia atrapó a nuestro entrevistado cuando recordó que de niño Víctor Manuel lo acompañaba a vender tostadas, cuando él se colocaba por la calle Laureles y Góngora esquina con Insurgentes: “Mi hijo siempre anduvo trabajando conmigo, mi hijo siempre estuvo conmigo, pero ahora ya está como él quería; descansando”. 

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