7.7 C
Tepic
miércoles, marzo 4, 2026
InicioNayaritMenchaca, más de un siglo tiznado Tepic

Menchaca, más de un siglo tiznado Tepic

Fecha:

spot_imgspot_img

**La quema agrícola y las emisiones industriales elevan la contaminación del aire en Tepic e incrementan las enfermedades respiratorias de la población durante la zafra ** El hollín de El Molino ensucia la ropa tendida durante la noche y se filtra por las rendijas de las ventanas hasta el interior de las habitaciones

La vida económica, social, estacional y ambiental de Tepic tiene como eje la caña de azúcar. Y con ello el tizne, la contaminación. Rezagado el país con las técnicas de corte de la caña y la omisión de los ingenios para modernizar sus superficies de abasto y procesos industriales está lejano el día que se cierre la brecha frente a países que se han adelantado. Se puede mejorar sin renunciar a que la caña siga siendo motor económico y generador de empleo.

Las madrugadas de zafra en colonias como la Mololoa, Ciudad del Valle o zonas comerciales exigen escoba, manguera y cubetas de agua antes antes del trajín cotidiano. El patio de las viviendas amanece cubierto por una capa de ceniza negra, frágil al tacto, que se deshace y mancha al menor roce. El hollín ensucia la ropa tendida durante la noche y se filtra por las rendijas de las ventanas hasta el interior de las habitaciones. Afuera, sobre las calles principales, los automóviles exhiben un velo oscuro sobre los cristales. El aire arrastra un olor constante a melaza quemada. Las clínicas y centros de salud locales registran la consecuencia inmediata de este paisaje urbano: las salas de espera agrupan a pacientes que tosen con insistencia, afectados por ataques de asma, irritación ocular y cuadros de bronquitis aguda. Respirar a pleno pulmón resulta poco rentable.

Horas antes, el fuego devora los cañaverales. Las llamas consumen el follaje seco y elevan columnas de humo denso visibles desde kilómetros de distancia. La práctica agrícola facilita la tarea de los cortadores al despejar los tallos, eliminar la hojarasca cortante y ahuyentar roedores y víboras de las parcelas. El costo de este atajo ahoga al Valle de Matatipac. Los monitoreos ambientales de la Secretaría de Desarrollo Rural y Medio Ambiente (SEDERMA) establecen que la quema en los campos y las chimeneas de molinos azucareros históricos, como el Ingenio de Puga o el de Menchaca, generan hasta el 40 por ciento de la polución atmosférica regional. Los medidores marcan niveles de monóxido de carbono superiores a las 8 partes por millón. La cifra empata los registros de metrópolis atestadas de vehículos automotores.

Los registros consultados establecen una comparativa directa con la zona metropolitana de Jalisco para dimensionar el problema. El texto precisa que Guadalajara, con millones de habitantes y un parque vehicular masivo, mantiene concentraciones de monóxido de carbono en una media de 10 partes por millón (ppm). Tepic, con una población significativamente menor, reporta picos superiores a las 8 ppm durante las mañanas. El contraste evidencia la severidad de las emisiones derivadas de la quema agrícola.

En el campo, el esfuerzo físico castiga a las cuadrillas de jornaleros. Los macheteros ingresan a los surcos calcinados cuando la tierra aún irradia calor. El sudor se mezcla con la ceniza, tiñendo la piel y la ropa de los trabajadores. Ellos inhalan el humo residual y el polvo levantado por sus propias botas durante jornadas que superan las diez horas bajo el sol. Especialistas del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) documentan que las concentraciones de carbono negro en la atmósfera se duplican durante estos meses. Los análisis de laboratorio ratifican que más del 88 por ciento de las partículas derivadas de la quema corresponden a material particulado PM2.5, fracciones minúsculas con la capacidad de penetrar el torrente sanguíneo a través de los alvéolos. La Universidad Autónoma de Nayarit tiene investigaciones que reportan incrementos del 100 por ciento en ingresos hospitalarios por neumonía en esta temporada.

Otras geografías cañeras erradicaron esta postal hace décadas. Brasil, líder indiscutible en la producción global de azúcar, transicionó hacia la cosecha en verde mediante una mecanización forzada por leyes ambientales y conveniencia económica. La Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab) del país sudamericano audita cosechas anuales de 637 millones de toneladas con tasas de productividad en ascenso constante. Los tractores y las cosechadoras operan sobre campos intactos por el fuego. La maquinaria corta los tallos a ras de suelo, utiliza ventiladores industriales para separar las hojas verdes de la caña útil y tritura el residuo orgánico para esparcirlo detrás de su paso. Este colchón vegetal resguarda la humedad de la tierra, bloquea el paso de luz para evitar la maleza y reduce a cero las emisiones de humo. La industria brasileña comprobó con números que la ecología protege los márgenes de ganancia.

Australia consolida esta evidencia con una logística impecable. El gobierno australiano impuso regulaciones severas que erradicaron las quemas a cielo abierto, obligando a los productores a adquirir equipos integrales de corte trozado. Los reportes agronómicos de la Universidad de Queensland exponen que la caña en verde ingresa a los molinos con mayor frescura y densidad. Los camiones de carga transportan más peso útil y menos basura, optimizando el gasto de diésel. En la etapa de molienda, la extracción de sacarosa mejora sin la interferencia de la ceniza. La recolección mecánica genera cerca de 18 toneladas de paja por hectárea. Los ingenios australianos embalan estos excedentes foliares, los secan y los introducen en sus calderas para generar electricidad, transformando un pasivo ambiental en una planta de energía renovable y autosuficiente.

El campo nayarita posee planicies aptas para replicar esta ingeniería agronómica. Los especialistas locales sugieren modificar el trazo tradicional de siembra, pasando del surco simple a camas de siembra más amplias, un requisito indispensable para que las llantas de las cosechadoras no aplasten las raíces de la planta y comprometan el rebrote del siguiente año. El cambio de paradigma exige dinero. Los líderes cañeros y los gobiernos tienen el reto de abrir líneas de crédito blando para importar maquinaria especializada, cuyo costo unitario supera los cientos de miles de dólares. La transformación tecnológica obliga a rediseñar el empleo rural. Los macheteros deben recibir capacitación técnica para convertirse en operadores de cabina, mecánicos de mantenimiento y gestores de logística.

Las escobas barriendo la ceniza en Tepic reflejan la inmovilidad de un sector anclado en el pasado. La modernización hacia el corte en verde incrementará los rendimientos agrícolas y limpiará el aire de los nayaritas. La tecnología garantiza la supervivencia del azúcar como actividad comercial, adaptándola a las exigencias de sustentabilidad del presente. El tizne debe desaparecer para dar paso a la rentabilidad limpia. Amén.

spot_img

Más artículos

spot_img