La curiosidad por el entorno natural durante la infancia definió la trayectoria profesional de Karina Pérez Robles. Su camino hacia la investigación científica requirió el traslado desde su comunidad de origen en la región mazateca de Oaxaca hacia centros urbanos para completar su formación académica bajo el respaldo de su núcleo familiar.
El primer financiamiento internacional para sus proyectos ocurrió en 2004 mediante un fondo de Naciones Unidas por 18 millones. Esta iniciativa, explicó la investigadora de la Universidad Autónoma de Nayarit, se centró en la promoción del desarrollo sustentable para pueblos originarios y comunidades rurales en el Valle de México.
La labor científica en campo implicó superar prejuicios sobre las capacidades de las mujeres en entornos agrícolas. El origen rural de la doctora facilitó su integración con campesinos y grupos indígenas, transformando su identidad nativa en una herramienta técnica para la ejecución de protocolos de observación y recolección de datos.
La consolidación de liderazgos femeninos en la academia es ahora el objetivo central de la Red de Mujeres Científicas Nayaritas. Esta organización, bajo la coordinación de Pérez Robles, establece mecanismos de acompañamiento para que investigadoras con trayectoria y estudiantes logren sus metas dentro del sistema científico nacional.
La participación de las mujeres en la ciencia fortalece la soberanía tecnológica del estado en el marco de las conmemoraciones de marzo. El impulso a las nuevas generaciones de niñas interesadas en disciplinas experimentales constituye la prioridad para cerrar las brechas de género en los laboratorios y estaciones de campo locales.







