Se cumple un año, de aquel lunes 21 de abril en que el mundo recibió la noticia de la muerte de un hombre sin precedentes, un hombre que, en palabras suyas: “lo habían ido a buscar hasta el fin del mundo”.
Era el conocido lunes del ángel en Roma, el lunes después de Pascua, cuando en una transmisión en vivo, desde los canales oficiales del Vaticano, la Santa Sede anunciaba que a las 7:35 de la mañana, el Obispo de Roma, Francisco, había regresado a la casa del Padre.
Su muerte llegó casi un mes después de haber pasado treinta y ocho días en el Hospital Gemelli, a causa de una neumonía bilateral. Tenía ochenta y ocho años, y las complicaciones de salud fueron cada vez más evidentes. Pero, aunque católicos y no creyentes eran conscientes que el momento último se acercaba, el final de su pontificado pesó, y caló en el mundo entero.
Fueron doce años intensos al frente de la Iglesia Católica. Visitó más de sesenta y cinco países en cuarenta y siete viajes apostólicos, donde tuvo un fuerte enfoque por las periferias del mundo: África, Asia, y países en conflicto.
En su magisterio: publicó cuatro encíclicas y siete exhortaciones apostólicas; convocó siete sínodos… todo centrado en una Iglesia que está en salida, y tocando temas con un fuerte enfoque social. Además, emprendió una reforma profunda de la Curia Romana, y realizó diez consistorios donde creo más de ciento cuarenta cardenales.
Sus funerales se extendieron durante seis días en el Vaticano. La Basílica de San Pedro durante tres días no cerró sus puertas, recibiendo a más de 250 mil personas
que acudieron a despedirse de él.
En la Misa Exequial, entre los más de 300 mil asistentes, estuvo un grupo de nayaritas, que en una coincidencia que se les quedará grabada en el corazón, habían logrado ver al Papa el último día en que salió a la Plaza, y en menos de una semana lo despidieron en su funeral.
Hasta el Vaticano llegaron jefes de Estado de los cinco continentes, reyes, y Delegaciones Oficiales. Y más de cinco mil periodistas internacionales transmitiendo en directo para todo el mundo el último adiós de Francisco.
Y aunque estos números son grandes, no son las cifras las que pesan, fueron sus gestos, su personalidad, su sencillez y su calidez humana, los que le dieron una autoridad moral que lo hizo un referente en el mundo, siendo al mismo tiempo uno más en la familia de todos:
- Katia / Italia: “Para mí, el papa Francisco es como si fuera mi abuelo, por así decirlo, una persona querida, cariñosa, familiar”.
- Frey / Etiopía: “Es una persona cercana. Pienso en él y no es un Papa lejano, sino cercano, como parte de nosotros. Estoy contenta con él”.
- Francesca / Italia: “En estos tiempos de guerras y de falta de fe, que se ven un poco por todas partes, el papa Francisco nos agrada mucho y nos hace muchísima falta”.
- Leticia / España: “Y al ver su ejemplo, me ha ayudado a abrir más los ojos ante realidades que tenía delante de mí, y a ir a aquellas periferias existenciales y geográficas, que quizás pasaban más desapercibidas”.
Un hombre así, se gana fácil el corazón de muchos, y la incomodidad de otros. Pero aún hoy después de su muerte, él sigue siendo visitado por tantos para agradecerle por sus enseñanzas, para pedirle su intercesión, y para recordarle que su legado sigue vivo y que ahora es tarea de todos nosotros: de su Iglesia, que seguirá buscando oler más a oveja, y de la Casa Común donde todos somos hermanos.







