Cuatro años tocando el violín, dos practicando taekwondo y un expediente académico que la convirtió en abanderada de su escuela: Maritza Sofía Montoya Robledo, niña nayarita, acumula disciplinas y reconocimientos a una edad en que muchos apenas eligen una actividad.
Estudiante, violinista y taekwondoín, combina el rigor del arte, la exigencia del deporte de contacto y la constancia del salón de clases, tres frentes que sostiene de forma simultánea.
El violín llegó primero, hace cuatro años, con reconocimientos que se fueron sumando conforme avanzaba en el instrumento. Dos años después incorporó el taekwondo, disciplina olímpica que exige concentración mental y condición física, sin desplazar ninguno de los compromisos anteriores.
La distinción de abanderada escolar requiere calificaciones sostenidas, conducta y presencia. Que una misma alumna cargue esa responsabilidad mientras mantiene actividades artísticas y deportivas de competencia refleja el entorno familiar que la sostiene.







