Una encíclica es una carta escrita por el Papa dirigida principalmente a los obispos, pero que tiene la intención de circular por todas las comunidades posibles con el fin de orientar, enseñar y reflexionar sobre situaciones de relevancia social. La primera encíclica del Papa León XIV se titula Magnifica Humanitas, aborda aspectos de la Inteligencia Artificial (IA) y fue publicada el pasado 15 de mayo.
Como profesional de la enseñanza que soy, me dispuse a analizar el tema educativo en ella. León XIV problematiza el interés por descubrir, conocer y estudiar la «verdad». Desarrolla diciendo que las estrategias comunicativas, así como la monetización de la atención y del tiempo, generan apatía al buscar la verdad. Porque llegar a ella es un camino largo y de esfuerzos. Contrario a las gratificantes apariencias de la realidad que ofrecen los medios modernos. Apatía por la verdad no es el único efecto producto de estas experiencias. El obispo de Roma asegura que la exposición a contenidos crueles vuelve insensible a las personas en futuras ocasiones en las que tienen que volver a percibir la misma clase de contenido. Por lo anterior invita a gobiernos, legislaturas y escuelas a proponer formas de control que eviten la gratificación inmediata de los medios y las largas exposiciones a contenidos poco adecuados. Para el pontífice, la educación tiene de frente tres retos: 1) lo sociopolítico, 2) lo pedagógico y 3) lo intelectual. Como primer punto, considera que el Estado todavía no ha garantizado el acceso a la educación de calidad para todos, ni ha apoyado a instituciones privadas en conseguirlo. Luego, estima que la formación continua de los docentes debe ser un punto importante ante los constantes cambios, y que debe ésta centrarse en atender al alumno en cómo usar las tecnologías y sus informaciones. Finalmente, propone un término interesante, que es «higiene de la atención». Con esto quiere decir que los sistemas educativos deben de cuidar aquello que los alumnos estudian, cuánto estudian, cómo estudian y para qué lo estudian. Que los contenidos deben ser justificados por un amor a la verdad y no ser vistos sólo como un flujo de información fragmentada. El jefe de la iglesia católica no es académico ni pedagogo, pero sus críticas a la educación moderna pudieran tener sentido desde el análisis de la conducta. La maquinaria de la comunicación moderna ha sabido recompensar a sus usuarios mejor que lo que las escuelas a los suyos. La comunicación moderna gratifica muchos de los comportamientos que permiten que los usuarios se mantengan dentro de las plataformas. Aun cuando estos carezcan de verdad y sean ridículos. Los usuarios se mantienen dentro no por la búsqueda de verdad, sino por las gratificaciones que obtienen a partir de la interacción con otros.







