En 1998, más de 300 futbolistas de Primera División se reunieron para elegir al mejor jugador de futbol de México. ¿Cuauhtémoc Blanco? No, señor. ¿Luis Hernández? Tampoco. ¿Un extranjero con nombre de perfume caro? ¡Por favor! El elegido fue un zurdo nayarita que parecía haber salido de un cuento de hadas… ¡pero con botines!

Según la malas lenguas de las buenas gentes, Jesús Ramón Ramírez Ceceña nació el 5 de diciembre de 1969, en la clínica de Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Tepic, pero fue registrado en Ixtlán del Río.
Desde chiquito ya traía la zurda bendecida. Por la banda izquierda jugaba con una elegancia que parecía truco de magia: flotaba, regateaba y parecía convencer a los defensas de hacerse a un lado.
Con las Chivas regaló noches que todavía se platican en cafés, botaneros y cantinas, ahí donde la historia se hace cada vez más grande caundo alguien pide la otra ronda. El inolvidable 5-0 al América en 1996 y el campeonato del Verano 1997, cuando el Rebaño levantó su décima estrella después de despachar a Toros Neza con un contundente 7-2 global.
¡Peeero! Se dice, se cuenta, se rumora que la primera persona en darse cuenta de que Ramón tenía un talento fuera de lo normal, no fue un entrenador profesional, ni un visor de un gran club, fue una maestra de jardín de niños.

La educadora Estefanía Castañeda lo vio jugar en la Alameda de Tepic y le dijo a su mamá, doña Socorro Ceceña, con la sabiduría de quien ha aguantado a 30 niños hiperactivos: “Siga impulsándolo, ese niño tiene muchas aptitudes para el deporte”.
Su papá, don Ramón Ramírez Gutiérrez, lo llevó a su primer equipo: Tabamex, donde comenzó bajo la guía de Andrés Murillo, quien entrenaba a los jugadores de la categoría Dientes de Leche.

Después pasó por el equipo San Juan, con el cronista deportivo Miguel Soto Cebreros, en el tradicional Torneo al Agua Patos, donde ya empezaba a hacer lo que mejor sabía: meter goles.
Más tarde llegó a la escuela de futbol de Víctor “Rorro” Luna, jugó con el IMSS, defendió los colores del Alameda… y en cada cancha dejaba claro que Nayarit tenía un diamante que todavía estaba puliéndose.

A los 17 años dio un salto enorme: fue convocado al prestigioso Torneo de Toulon en Francia con la Selección Mexicana de Cadetes y regresó como campeón.
Poco después llegó al Deportivo Tepic y, en 1990, dio el brinco al Santos Laguna. Bastó una temporada para ser nombrado Novato del Año. El muchacho ya no prometía… cumplía.
Con la Selección Mexicana disputó 121 partidos, anotó 15 goles y representó al país en los Mundiales de Estados Unidos 1994 y Francia 1998. Ganó tres Copas Oro y fue parte del equipo que escribió una de las páginas más gloriosas del futbol mexicano: la Copa Confederaciones de 1999, cuando México venció 4-3 a Brasil.

Porque hay días en que la historia se escribe con tinta… y otros, con la zurda de un nayarita que un día, en una alameda cualquiera, una maestra de kínder miró jugar y dijo: “Este niño llegará lejos”. Y vaya que llegó.
Fuente: Nayaritas de Primera, 65 figuras del futbol de ayer y hoy. Francisco Flores Soria. (1999)







