La construcción de entornos escolares seguros se fortalece mediante jornadas de sensibilización diseñadas para erradicar las conductas de riesgo en el ámbito educativo. Estas estrategias de prevención permiten que la comunidad universitaria identifique rutas de atención institucionales y mecanismos de denuncia efectivos ante cualquier manifestación de agresión. El enfoque primordial reside en generar una conciencia colectiva que garantice espacios de convivencia basados en el respeto mutuo y la integridad de sus integrantes.
Durante el periodo de junio, se realizaron intervenciones directas en diversas facultades y dependencias administrativas para difundir los protocolos vigentes en materia de género. Brigadas especializadas visitaron las unidades académicas de Economía, Química Farmacobiología, Salud Integral y Enfermería, acercando la información técnica a docentes y trabajadores. Este despliegue territorial asegura que el personal cuente con las herramientas necesarias para actuar como primer contacto ante situaciones que vulneren la armonía institucional.
Explicaron integrantes de la Ventanilla de Atención-Género y Violencias que la capacitación constante es el eje para transformar la cultura organizacional hacia la igualdad. A través de estas visitas, se detallaron los canales de comunicación disponibles, subrayando la importancia de la denuncia como un acto de responsabilidad social. La meta es consolidar una red de apoyo interna que sea capaz de responder con agilidad y sensibilidad ante las necesidades de quienes integran la máxima casa de estudios.
Iniciativas simbólicas como la denominada La sombrilla naranja complementaron el esquema formativo al incentivar la reflexión sobre la seguridad en las aulas y oficinas. De manera paralela, se impartieron talleres especializados en perspectivas contemporáneas para la labor docente, buscando que el profesorado integre valores de equidad en su práctica cotidiana. Estas dinámicas pedagógicas refuerzan el compromiso de las direcciones de vinculación y desarrollo profesional con la formación de una ciudadanía informada y crítica.
Dichos esfuerzos institucionales se mantienen de forma permanente para asegurar que la prevención de las violencias no sea un acto aislado, sino una política transversal y sostenida. Al involucrar a secretarías y direcciones administrativas en estos procesos de aprendizaje, se garantiza una respuesta uniforme en todo el campus. La consolidación de una comunidad universitaria sensible y participativa representa el cimiento para un desarrollo académico libre de obstáculos sociales y estructurales.







