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domingo, julio 5, 2026
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Bebe tú también. El amor entre mujeres

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Sabia señora,

Sherezada,

inspírame:

 he de contarle

cada noche

un cuento diferente

de sí misma.

Nancy Cárdenas

Basta con que visitemos cualquier museo para entender que las sexualidades alternas a la heterosexualidad se encuentran ya en restos arqueológicos, en cerámica, en relieves. Es claro que a tales evidencias arqueológicas no se les pueden aplicar las categorías con que hoy nombramos la homosexualidad, el lesbianismo, lo queer, pero lo que sí se puede es reconocer los matices del pasado con que se mencionaron el amor y atracción entre personas del mismo sexo o del sexo diferente; la complejidad de las expresiones de la eroticidad.

Existe una nueva mirada sobre los vestigios arqueológicos, aunado a las técnicas actuales de identificación de lo antiguo, lo que permite formular nuevos cuestionamientos de la experiencia humana de la sexualidad en la historia.

Tradicionalmente, la arqueología utiliza ciertas técnicas para adscribir restos óseos a uno u otro sexo. En ello tiene una importancia creciente el contexto en que se encuentran los restos óseos. Por ejemplo, si en la excavación se encuentran armas, se adscribe al sexo masculino o si se encuentran adornos atribuidos a mujeres, como collares, se adscribe al sexo femenino. Sin embargo, la aplicación de la técnica del ADN en huesos de miles de años de antigüedad, ha arrojado nueva información que contradice lo que estaba clasificado. Son métodos de “sexar” los vestigios del pasado como una manera básica de organizar la mirada a través de los huesos.

En esa clasificación arqueológica se han encontrado marcadores de ambos sexos, en una minoría de casos, pero justamente de eso se trata, de documentar las múltiples posibilidades del desarrollo humano.

Ejemplo de ello son las cerámicas de dioses, llamados dioses oculados porque lo que destaca de esas cerámicas es que tienen grandes ojos, pelo y nariz, pero carecen de señalen de sexualización. Por ello, se piensa que eran deidades para que todos y todas pudieran identificarse con ellas. Estamos hablando del periodo de la Edad del Cobre.

Las huellas arqueológicas de diversas sexualidades las podemos seguir en las siguientes épocas. Las prácticas eróticas privilegiadas son las masculinas, porque cuando se ha hablado de “el deseo” se supone que es el de los hombres. Se ha pretendido que las mujeres sean las carentes de deseo, sean pasivas en su vida y su sexualidad; reproductoras físicas y sociales y que su deseo erótico estuviera encaminado al deseo de los varones. Se ha pretendido que las mujeres amaran como los hombres han querido que amen. Sin embargo, ello no se ha conseguido en ninguna sociedad, puesto que las mujeres que se aman entre sí, han sido documentadas en distintos formatos.

Particularmente me quiero detener en una vasija referida a sexualidad entre mujeres. Se trata de una vasija atribuida a Oltos, pintor griego del año 520 a. C. En ella, se representa a dos mujeres desnudas, recostadas, en la cual una ofrece a la otra una copa de vino, como diciendo bebe tú también. La postura en que están las mujeres, con las piernas entrelazadas, se ha interpretado como postura erótica. Otra representación es la del Pintor Phintias, cerca del año 510 a. C. En esta copa, que se conserva en el Museo de Munich, el Staatliche Antikensammlungen, se representan dos mujeres desnudas de la cintura para arriba, en una especie de juego.

En el siglo II de nuestra era, Ptolomeo astrónomo y astrólogo muy importante, en el libro III, 15 trata el homoerotismo femenino. Para él, los astros que deben tomarse en cuenta son Venus y Marte, así como el Sol y la Luna, a quienes llama luminarias. Dice:

Si las luminarias transitan solas en los signos zodiacales masculinos, los hombres exceden de virilidad, mientras que las mujeres desviarán su naturaleza y conseguirán comportamientos masculinos y más enérgicos…tendrán relaciones con mujeres asumiendo la parte del hombre” (Ptolomeo, Tetrabiblos)

Independientemente de que sean los astros los que determinen el comportamiento erótico de las mujeres entre sí, lo importante, tanto de los vestigios arqueológicos como de los documentos escritos, es la mención sobre el amor entre mujeres como una relación que ocurre en la sociedad. Desde luego, las representaciones a las que me he referido, fueron hechas por hombres.

En el campo de la poesía, distintos poetas se refieren al amor entre mujeres, de manera irónica, pero lo que importa, es que lo mencionan, por lo que suponemos que era importante.

La única voz de mujer que se distingue en ese periodo, es la de Safo de Lesbos, lo que señala la importancia de su poesía y su presencia.

Muchos siglos después tenemos las voces de mujeres que se abren paso no sin dificultades. Finalmente, termino con una poesía de Nancy Cárdenas, del libro Cuaderno de amor y desamor de 1973.

La noche,

La luna, nuestras cuerpas

en la cama

en la frescura

de la oscuridad

y la dulzura

de la silencia

Contigo,

 la compañía resulta un viaje deslumbrante

 alrededor de ti,

 de mí, de los otros:

pájaras hambrientas,

 íntimas,

de vuelo acordado y terso.

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