Un muchacho de Tepic, que quedó huérfano a los 18 años, hijo de un pintor de rótulos y retablos, soñaba con mezclar químicos y sentía una fascinación casi infantil por la electrónica. Lo que nunca imaginó era que terminaría siendo la voz más famosa del futbol mexicano. Y todo empezó por andar de curioso o, como diría mi tía, por andar de metiche.

Su nombre era Melquiades Sánchez Orozco, aunque casi todo mundo lo conocía como “Perraco”. Nació en Tepic en 1928, y durante más de medio siglo fue la voz oficial del Estadio Azteca. Desde la inauguración del coloso, en 1966, anunció alineaciones, goles, avisos y emociones que escucharon millones de personas, incluidas las Copas del Mundo de 1970 y 1986.
Su primer encuentro con un micrófono ocurrió en 1945, cuando trabajaba en el Ayuntamiento de Tepic.

Se dice, se cuenta, se rumora que un día estaba completamente embobado observando los equipos de la estación XERK. No porque soñara con ser locutor, sino porque le fascinaban aquellos aparatos electrónicos que, para la época, parecían auténticas maravillas.
De pronto, el señor Félix Fonseca le soltó la pregunta que le cambiaría la vida:
—Muchacho… ¿tú eres el que viene a probar su voz?
Melquiades ni lo pensó. Con tal de seguir viendo aquellas maravillas electrónicas respondió:
—Sí.
Le pusieron unos anuncios enfrente, comenzó a leerlos y, al terminar, el ingeniero simplemente le dijo:
—¿Quieres empezar a trabajar mañana?
Así de simple consiguió su primer trabajo en la radio.
En 1946 se mudó a Guadalajara, donde dividía sus días entre los micrófonos y los pinceles. Incluso tomó clases con el reconocido retratista Juan Eugenio Mingorance, quien alentó su talento y hasta le regalaba materiales para que siguiera pintando.
En 1956 llegó a la Ciudad de México. Pero, ojo, no llegó buscando un micrófono; llegó buscando vender sus pinturas. Exponía sus cuadros en el Jardín del Arte del Parque Sullivan cuando un paisano le dijo:
—Acompáñame a hacer una prueba en la XEW.

Y aquí viene una de esas vueltas que sólo da la vida. El amigo fue a buscar trabajo y no lo contrataron. Melquiades sólo fue de acompañante y salió con empleo, como decían las abuelas: “Cuando es pa’ ti… aunque te quites. Y cuando no… aunque te pongas.”
En 1966, con la inauguración del Estadio Azteca, fue nombrado su voz oficial. Pero su carrera no se quedó en el futbol.
También brilló en la radio nacional, trabajando en la XEW y la XEQ en programas de noticias y deportes. Y millones de niños crecieron escuchándolo en Canal 5 de Televisa, presentando caricaturas como Los Picapiedra y La Pantera Rosa.

Además, prestó su voz al famoso “Servicio a la Comunidad”, ese espacio donde más de una mamá respiró tranquila cuando aparecía el anuncio de un familiar extraviado.
Aquel joven nayarita que un día sólo quería ver una consola de radio por dentro terminó convirtiéndose en la voz que acompañó, durante más de cincuenta años, algunos de los momentos más inolvidables del deporte mexicano.
Al final, la curiosidad de “Perraco” no mató al gato… le regaló un micrófono.
Fuente: Conversando con Cristina Pacheco de Canal Catorce, transmitido el 1 de mayo de 2024.







