En febrero de 2002, el santiaguense Sergio Porras —entonces presidente del Comité de la Feria Nacional de Primavera—, el escritor Héctor Gamboa y yo, que en aquel entonces era rector de la universidad, nos entrevistamos con el poeta acaponetense Alí Chumacero en un bar de la colonia Condesa al que asistía asiduamente. Ya nos esperaba sentado en una mesa en el rincón del lugar, con un vaso medio lleno de lo que después supimos, por un indiscreto mesero, que era agua mineral pintadita con Coca-Cola, pero que Alí presumía como un escocés en las rocas.
Locuaz e irónico, nos bromeaba una y otra vez sobre su edad y sobre la vida de los personajes de Acaponeta que él había conocido. Se sorprendió y alegró con la propuesta de la que éramos portadores: ser el mantenedor de los Juegos Florales de la feria de Santiago. Se comprometió con nosotros a asistir a la ceremonia de coronación de la reina del cincuentenario de los Juegos Florales para darnos un mensaje sobre la importancia de la palabra poética en las festividades locales, la cual se celebraría el 28 de abril en el casino de la feria.
Al final no pudo asistir; un inesperado galardón literario en el Estado de México evitó que nos acompañara en Santiago y, en descargo, filmó un mensaje en video que proyectamos en la ceremonia, donde dio un pequeño discurso desde la biblioteca de su casa en la Ciudad de México. Fue obvio el sentimiento de desaliento que vivieron los santiaguenses al no contar con la presencia del gran escritor mexicano.
Tres semanas después, el 24 de mayo, el gobierno de Toño Echeverría y el CECAN, que dirigía América Hernández, organizaron un enorme festejo para conmemorar el nacimiento de Amado Nervo, con una presentación del libro Yo te bendigo, vida, donde estuvieron Carlos Monsiváis, Guadalupe Loaeza, el propio Alí Chumacero y algunos otros escritores más, al que por supuesto fui invitado como rector.
El evento fue por la tarde en Bellavista, en el local del sindicato que parece templo masón, y la mayoría llegamos caminando. Los invitados especiales arribaron en una Suburban en compañía del gobernador y caminaron unos metros sobre el empedrado, con tanta suerte que Alí y yo nos encontramos de frente.
—¡Rector! —exclamó el poeta al verme, llevándose las manos a la cabeza—. Dígale a los santiaguenses que iré a pedirles perdón de rodillas, desde el Rebaje hasta los pies del Señor de la Ascensión. Le juro que yo quería ir, pero los choriceros de Toluca me dieron un premio al cual no podía negarme —me tomó de los hombros, mirándome directamente a los ojos—. Lléveles mi mensaje, por favor.

Yo solo acerté a decirle que se había perdido una bonita ceremonia, que habían asistido todas las reinas anteriores, que el gobernador había presidido el evento y le informé que habíamos proyectado su video.
—Ya iremos a Santiago y nos comeremos unas lisas tatemadas —me dijo al despedirse—. Voy a alcanzar al Monsi y a Lupita. ¡Nos vemos, rector! Y desapareció entre la multitud, vestido con una vistosa guayabera blanca. Alí siempre fue Alí. Por alguna razón, justo donde nos saludamos en la calle, un prolífico hormiguero salía de las banquetas de la plazoleta; quizá por eso, cuando lo vi alejarse, se me vino a la mente la última estrofa de su poema “Amorosa raíz”:
Cuando aún no había flores en las sendas
porque las sendas no eran ni las flores estaban;
cuando azul no era el cielo ni rojas las hormigas,
ya éramos tú y yo.
“Así como es sarcástico e irónico, es un escritor y poeta fuera de serie, un monstruo de las letras”, pensé. Hoy conmemoramos el nacimiento de nuestro Alí, el mantenedor de los quincuagésimos Juegos Florales de la Feria Nacional de Primavera que sin duda, el día menos pensado, cumplirá, desde donde se encuentre, su promesa de subir el Rebaje y caer de hinojos al pie del Señor de la Ascensión. No lo duden.







