María Ramos Navidad nació con la convicción de que su paso por el mundo debía estar marcado por el alivio al dolor ajeno. Tras dedicar más de treinta y cinco años de servicio al Instituto Mexicano del Seguro Social, esta enfermera jubilada sostiene que su labor nunca fue un simple empleo, sino una respuesta directa a una vocación de servicio que la acompañó desde su juventud hasta su retiro definitivo de las salas hospitalarias.
Con una templanza forjada entre pasillos de urgencias y quirófanos, Ramos Navidad relata que su prioridad absoluta siempre fue velar por la integridad de quienes llegaban en estados críticos. Aunque reconoce que la medicina tiene límites, se queda con la satisfacción de haber entregado un cuidado humano y cálido, pues para ella, la mayoría lograba salir con vida de los hospitales, mientras que a otros los atendió con amor y esmero hasta sus últimos momentos.
Evocó con nitidez una experiencia que marcó su trayectoria hace más de treinta años, cuando el sistema de salud carecía de los soportes tecnológicos actuales para la movilización de pacientes. Recordó que en aquel entonces tenían a un adulto mayor con obesidad que casi no podía moverse y no contaban con asistencia externa para los traslados de cama; ante tal reto, las enfermeras aplicaban viejas técnicas aprendidas en las aulas y, aunque batallaban mucho, lograban mover a los pacientes por su propia cuenta.
Los ciclos de la existencia humana transcurrieron frente a sus ojos, desde el recibimiento de miles de recién nacidos hasta el acompañamiento en el duelo de familias enteras. Para la especialista nayarita, ser testigo de cómo gente de todas las edades enfermaba y moría se convirtió en parte de su diario vivir, una realidad que le permitió comprender profundamente las causas que arrebatan la vida a los ciudadanos de forma prematura.
Frecuentemente, la hipertensión silenciosa se manifiesta como la principal causa de decesos súbitos entre hombres y mujeres que desconocen su condición clínica. Según su experiencia en el área de urgencias, los infartos ocurren de manera fulminante porque los pacientes ignoran que tienen la presión alta y, de pronto, sólo se desvanecen y mueren, dejando poco margen de maniobra para la intervención médica si no existe un control previo.
Otra de las causas de muertes trágicas que Ramos Navidad observó con alarma fueron los accidentes viales, particularmente los que involucran a motociclistas que omiten el uso de equipo de protección. Lamentó que desde hace décadas muchos de ellos pierden la vida por no traer el casco protector, llegando a los hospitales con el cráneo destrozado; algunos fallecían mientras recibían atención médica y otros perdían la batalla poco tiempo después de su ingreso.
Ella, originaria de Estación Yago, contempla hoy el legado de su carrera al encontrarse con antiguos pacientes que conservan el agradecimiento por la atención recibida. Aquellos niños que alguna vez sostuvo entre sus manos al nacer son ahora hombres hechos y derechos que reconoce en las calles, recordándole que, a pesar de los que ya se adelantaron en el camino, su esfuerzo dejó una huella imborrable en la salud pública de la entidad.







