
A este hombre lo mataron una sola vez, pero la historia lo mató dos veces distintas. Un acta lo llama “General”. La otra lo llama “criminal”. Y las dos actas se firmaron en la misma ciudad de Tepic
Su nombre: Manuel Lozada, El Tigre de Álica, quien acababa de perder la Batalla de La Mojonera. El gobierno de Lerdo de Tejada lo quería muerto, a como diera lugar. Así que se escondió en la sierra durante meses. Hasta que el 14 de julio lo atraparon en el Cerro de los Arrayanes.
¿Y quién lo entrega? Andrés Rosales, su propio compañero de armas, que decidió que el bando ganador se veía mejor en su currículum. Se dice, se cuenta, se rumora que todo esto fue de ¡rapidito!
Lo llevan a Tepic y ahí el gobierno decidió demostrar que, cuando quiere, sí puede ser eficiente. El 16 de julio fue juzgado. El 17 le tomaron una fotografía como prisionero. El 18 recibió sentencia de muerte. Y el 19 de julio de 1873, a las seis de la mañana, fue fusilado en la Loma de los Metates.
Todo ocurrió en apenas cuatro días. Para ponerlo en perspectiva, hay personas que tardan más tiempo en ponerse de acuerdo para una reunión del reencuentro de generación.

¡Perooo! Hay un dato curioso: existen DOS actas de su muerte.
La de la Catedral, escrita por el padre Ignacio Ayala, dice: “fue pasado por las armas por delitos políticos y recibió todos los Sacramentos”, y lo registra como “General Don Manuel Lozada”… de 48 años de edad.
Se le reconoce con honor, con rango militar y con dos calaveras dibujadas en las esquinas. ¿Por qué están ahí? ¿Tienen algún significado? ¿O es sólo un adorno?
De acuerdo con el libro Calaveras y Catrinas. Un paseo por la gráfica mexicana, del Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (2022), en el siglo XIX era común que los escribanos o párrocos colocaran al margen dibujos de calaveras para identificar visualmente las partidas de defunción y facilitar la localización de los registros mortuorios dentro de los libros sacramentales.
La otra acta se encuentra en el archivo del Ayuntamiento de Tepic. La civil. Y el gobierno decia que dice que su único fin era “cometer crímenes contra los habitantes pacíficos”. Textual: “murió ejecutado por la justicia nacional por salteador y plagiario”… murió a los 45 años de edad.
Mismo hombre, mismo día, dos historias completamente opuestas, escritas por la misma ciudad. Para el poder fue un bandolero, pero para las comunidades indígenas del Séptimo Cantón era el hombre que defendía sus tierras comunales cuando nadie más lo hacía.
¿Tú de qué lado de la historia crees que estaba?
Fuente: Archivo Histórico de la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción (Tepic, Nayarit) y Archivo del H. Ayuntamiento de Tepic (1873).







