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viernes, agosto 7, 2026
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Queremos que el próximo gobernador sepa leer y escribir // La semblanza político literaria de Julián Gascón

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Cuando realizas la búsqueda de personajes de nuestra vida política y social en los archivos documentales del Archivo General de la Nación, es posible encontrar adjetivos que distan mucho de los fríos y vacíos reportes gubernamentales.

Por supuesto, uno de esos personajes multifacéticos y únicos es, sin duda, el doctor Julián Gascón Mercado. En diversos ficheros sobre Nayarit aparece su nombre y lo curioso es la manera como lo clasifican: en un reporte sobre una publicación de 1963 lo definían como «gobernador del estado de Nayarit y destacó como doctor, escritor y poeta», mientras que en un archivo fotográfico de los Hermanos Mayo se refieren a él como «doctor del Hospital de Jesús, cardenista de hueso colorado».

Lo cierto es que todas esas etiquetas eran ciertas y habían cumplido con creces las peticiones del trío de dirigentes socialistas (Alejandro Gascón, Salvador Castañeda y Manuel Stephens) al presidente López Mateos en su gira presidencial por Nayarit, previa a la toma de la decisión de quién sería el candidato del PRI y sus aliados PPS y PARM.

Los dirigentes “pepinos” lo habían alcanzado en el Hotel Plaza de Acaponeta después de una extenuante gira por automóvil que había iniciado ese día en Ixtlán del Río.

Al estar frente a López Mateos, Alejandro habló por los tres y fue contundente y breve:

—¿Qué quieren? —les dijo el presidente.

—Algo muy sencillo, señor presidente: queremos que el próximo gobernador sepa leer y escribir.

La respuesta de López Mateos permaneció secreta durante  meses, solo hasta que el partido del gobierno nominó a Julián Gascón como su candidato, lo que trajo serias protestas de los sectores cercanos al floresmuñocismo que habían gobernado Nayarit durante más de 20 años.

Julián no defraudó a sus seguidores y a López Mateos tampoco; el nuevo gobernador sabía leer y escribir muy bien, y lo hizo hasta el final de sus días.

Julián gobernador dejó una profunda huella al promover y fundar la Universidad, repartió tierras ociosas y libró una importante batalla contra el monopolio tabaquero al buscar mercados en Europa del Este para los productores nayaritas.

Conoció profundamente el Nayarit rural en el que creció y lo dejó plasmado en 4 libros de relatos: El manojo de recuerdos, que le prologó el poeta oaxaqueño Andrés Henestrosa, al cual le siguieron Recordando caminos, Acuarelas sociales y El minutero de antaño, donde describe magistralmente la dinámica de vida de las comunidades nayaritas de la época.

A partir de cumplir 50 años de edad, en 1977, no dejó de publicar año con año hasta sumar 71 libros. Además de la narrativa, hizo poesía, ensayos históricos y sociológicos, y dejó un libro testimonial sobre la que él consideró la más trascendente de sus luchas políticas; su libro Tabaco: un testimonio de lucha campesina, considerado como un legado histórico-político de su conflicto contra el bloque político-económico encabezado por el exgobernador Gilberto Flores Muñoz.

Al salir del Archivo General de la Nación en su anillo central, me encontré con la foto icónica de David Alfaro Siqueiros preso en Lecumberri. Recordé la anécdota platicada por Héctor Gamboa Quintero y que la esencia cultural llevó al doctor Gascón a cometer una osadía impensable en esa época: en un momento de inspiración para darle a Nayarit un mayor sentido artístico, le solicitó al presidente Díaz Ordaz que le permitiera llevarse al muralista mexicano (preso por comunista y agitador) a la Penitenciaría de Tepic, cuya sede era el actual Palacio de Gobierno en Tepic, que en ese momento estaba en rehabilitación.

Don Héctor contaba que Díaz Ordaz se paró indignado y, fuera de sí ante la insólita petición, le dio un manotazo a la mesa donde se encontraban acordando y gritó: «¡Usted y Alfaro Siqueiros pueden irse a chingar a su madre!». Acto seguido, se retiró rumbo a su oficina privada en Palacio Nacional, dejando al gobernador nayarita sorprendido por la respuesta.

Al preguntarle, muchos años después, en un evento de entrega del Premio Trapichillo, si la versión que me había confiado Gamboa era cierta, el fundador de la UAN solo acertó a contestar con una sonrisa y una expresión, «A que Héctor…», lo que tomé como una respuesta afirmativa de que el hecho mencionado sí había sucedido.

La imagen de Alfaro Siqueiros me había recordado ese episodio: que si hubiera resultado exitoso, el anillo central del Palacio de Gobierno de nuestra ciudad ostentaría como uno de sus atractivos una muestra de la obra del gran muralista mexicano

La importancia de que un gobernador sepa leer y escribir.

Francisco Javier Castellón Fonseca
Francisco Javier Castellón Fonseca
Académico y político. Presidente Municipal de Tepic 2017-2021. Rector de la Universidad Autónoma de Nayarit 1998-2004. Senador por Nayarit 2017-2021.
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