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lunes, agosto 24, 2026
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¿Qué hace a una persona ser intelectual?

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Gabriel Zaid publicó en agosto de 1998 una columna para la revista Letras Libres en la que revisa las atribuciones y contraindicaciones de lo que se entiende por «Intelectual». Menciona que intelectual es quien opina sobre temas de relevancia social, con autoridad moral y entre las élites, sin importar oficio ni profesión. Hasta aquí, aunque de manera apretada, los maestros pudieran ser considerados intelectuales. Pero las chances se estrechan a medida que Gabriel Zaid desmenuza la figura según la función social que desempeñan.

Explica que primero se usó esta palabra como adjetivo, y luego como sustantivo; primero se decía que tal o cual persona tiene comportamientos intelectuales, y después las cualidades comenzaron a tener una entidad propia. Las personas no sólo se comportan intelectualmente, si no que se vuelven una encarnación propia de la intelectualidad.

Un intelectual, según Zaid, no son los que evitan opinar sobre la vida pública, aquellos que opinan sin soltar la especialidad de su disciplina, esos que opinan para defender intereses personales, las gentes que ponen en su opinión la voz de terceros, esos que opinan desde el discurso oficial, quienes imponen su opinión por autoridad o poder, tampoco los que no generan interés ni captan la atención de los públicos.

El intelectual tiene la función de ser la conciencia de la sociedad, de tener que defender la verdad social frente a la verdad oficial, de ser un tipo de tribunal en el que se defiendan los hechos de tergiversaciones políticas o de cualquier tipo de autoridad, argumenta el ensayista mexicano.

Ser intelectual no es hablar de inteligencia simplemente, subraya. Hay intelectuales menos inteligentes que otros, pero resultan desempeñar su función social mucho mejor que éstos. La distinción no es cognitiva, si no comunitaria. Su vía predilecta es la escritura, aunque también se hagan escuchar al hablar en un aula, auditorio, por la radio, redes o televisión.

La figura del intelectual cada vez posa más lejos hacia el horizonte. Hoy en día, cuando el éxito lo determinan constancias entregadas por el propio gobierno, y la poca certeza laboral depende de afiliarse a un movimiento político, desafiar la verdad oficial se vuelve un imposible.

Para ser intelectual primero hay que tener segura la comida. Ese elemento olvidó contemplar Gabriel Zaid en su nomenclatura para clasificar a los intelectuales de los simples mortales. No importa si tienes las facultades para refutar la verdad oficial, el talento para escribir, la aceptación del público, la madurez necesaria y mucha valentía. Según la ciencia, una persona sin comer dura entre cuatro y ocho semanas. Eso dura un intelectual.

Referencias

Zaid, G. (1 de agosto de 1998). Intelectuales. Letras Libres.

illarrealpaz.jo@gmail.com

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