No quisiste olvido, no quisiste perdón
Una de las obras de la pintora Artemisia Gentileschi muestra la situación de las mujeres en el siglo XVII. En efecto, el cuadro Judith decapitando a Holofernes, se ha convertido en la tarjeta de presentación de la pintora ya que con esta obra se instala entre las grandes pintoras de Occidente.
¿Qué muestra la pintura? Recrea el mito bíblico del Antiguo Testamento, el Libro de Judit, precisamente, en el que Judit, seduce al general asirio Holofernes y lo decapita cuando está embriagado. Con esta acción, Judit salva a su ciudad, además de que la cabeza de Holofernes se exhibe como victoria para derrocar al ejército que pretendía invadir la ciudad de Betulia.
El cuadro hubiera pasado a la historia del arte como un cuadro más de motivos religiosos, si no fuera porque la representación de Judit es el autorretrato de Artemisia y el general Holofernes corresponde al pintor Agostino Tassi, quien, siendo su maestro de pintura, la violó cuando tenía 18 años. Entonces, la pintura se convierte en una denuncia; la manera como Artemisia muestra la venganza sobre el violador.
Se llevó a cabo un juicio en contra del pintor, donde ella, lejos de ser escuchada fue torturada puesto que, como se sabe, las palabras de las mujeres son sospechosas de no ser verdaderas. Dicen las crónicas que aún, sometida a tortura, ella sostuvo la versión de la violación. Por eso, debemos desconfiar de las películas donde muestran a una Artemisia que acude voluntariamente a la seducción; es un intento de restar importancia a los abusos que los maestros cometen contra sus estudiantes y, sobre todo, niega las declaraciones de ella en el juicio contra el pintor, donde narra explícitamente cómo se cometió la violación.
En esa época las mujeres tenían que formarse con maestros particulares, lo que las colocaba en una situación de desventaja, puesto que, prácticamente, estaban a su merced.
La pintura también muestra el conocimiento de Artemisia de principios científicos a partir de la observación y de la convivencia con la comunidad de intelectuales de la época. En la primera versión de la pintura, elaborada entre 1612 y 1613, del cuello degollado gotea la sangre y se derrama por la cama; en cambio, en la segunda versión de la obra, fechada en 1620-21, la sangre sale disparada desde la herida, lo que evoca la trayectoria parabólica de proyectiles propuesta por Galileo en 1608. De acuerdo a historiadores de la ciencia, Galileo Galilei y Artemisia Gentileschi se conocieron en la Accademia del Disegno, en la cual, a Galileo se le nombró Astrónomo (Galech, 2015, Revista Situaciones no. 5. Barcelona) y Artemisia fue la primera mujer en ser admitida.
Artemisia es autora de otras pinturas como Susana y los viejos, relacionada con otro relato bíblico de acoso. En este caso, de acuerdo al Libro de Daniel, son dos jueces viejos quienes la espían mientras se baña. Ella no accede a sus requerimientos, por lo que la acusan de adulterio, por lo que la condenan a ser lapidada. No ocurre esto último ya que la intervención de Daniel lo impide. Son los viejos los que fueron condenados por impiedad y lujuria.
Artemisia, lejos de tomar el relato para hacer un cuadro erótico, de acuerdo a la mirada masculina, le da centralidad a la angustia de la mujer, a la vulnerabilidad en que se encuentra ante los viejos. Susana rechaza a los viejos, -no se deja mirar-. Su rostro muestra la repulsión que siente ante el asedio, el ultraje.
Es claro, que su propia situación la proveyó de narrativas que fue encontrando en la Biblia y en historias antiguas, donde las mujeres, lejos de quedarse como víctimas se convirtieron en protagonistas.
No fueron los únicos cuadros que pintó, pero en todos muestra a mujeres fuertes, decididas. A través de la pintura les otorga una fuerza central. A mí me emociona esa fortaleza que logra transmitir. Ejemplo de ello es su autorretrato donde la vemos pintando sobre un lienzo que la sobrepasa. La luz le ilumina la cara, el pecho y la mano que pinta, en tanto que el resto del cuerpo está entrando en la sombra. En el enfoque seleccionado por la pintora la vemos desde un ángulo que nos permite contemplarla como si nosotras estuviéramos en un plano inferior. Quizá lo que más me sorprende es la poca complacencia femenina que muestra su rostro, ya que no sonríe para agradar como se supone que las mujeres deben ser. Por el contrario, expresa la concentración de la pintora en el acto de creación, y vemos la dureza del trazo, la decisión.
Artemisia Gentileschi es retomada por el movimiento feminista como ejemplo de una mujer que toma conciencia de la situación de abusos en que viven las mujeres para llevarla a la pintura. Selecciona a mujeres bíblicas que lejos de ser víctimas, se convierten en mujeres capaces de entablar acciones contra sus opresores: Susana, Judit, Yael o Ester; capaces de hacer justicia por su propia mano.
También da cuenta de las dificultades de las mujeres para acceder al poder como fue el caso de haber sido la primera mujer admitida en la Academia de Dibujo de Florencia.
Actualmente se le considera una pintora feminista o más bien dicho, la primera pintora feminista
Ante Judith decapitando a Holofernes
No quisiste olvido, no quisiste perdón.
El ímpetu de la sangre sofoca el grito.
Con esta demencia miro el día, el nudo que fuiste,
la perla preciosa sin miedo
la luz que salvaje habita en tu cuerpo.
Ojalá los garfios no hubieran caído en tus hombros,
la fuerza no ciñera el ultraje,
los colmillos no marcaran tus dedos.
Te miro alucinada arrojada al fuego,
embellecido tu rostro en la venganza.
No hay lágrimas, no hay pavor
solo la secreta seguridad del odio.







