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¿Y si Harfuch fuera candidato de la oposición?

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Tiene todo para ser el ariete de la oposición. Aunque no me refiero al opositor de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, sino opositor del morenismo rancio, al que señalan de excesos, de medias verdades que son medias mentiras, de poca preparación, de doble cara: Omar García Harfuch tiene todo para ser la oposición de esa parte de Morena.

La misma que no le permitió ser candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad de México en 2024 pese a ser el ganador de la encuesta. Un truco sacado de la manga de un saco tabasqueño que hizo que la cuota de género favoreciera a Clara Brugada, y hoy la capital y sus habitantes viven las consecuencias.

Pero los números no mintieron. Clara Brugada ganó la Jefatura de Gobierno con 51.9% de los votos —casi 2.9 millones de sufragios—, frente al 38.85% de Santiago Taboada. García Harfuch, en esa misma boleta y en el mismo territorio, se llevó la senaduría por la Ciudad de México con 54.3% de los votos: 3 millones 15 mil 630 sufragios, según la constancia que le entregó el INE. Dicho en corto, más capitalinos votaron por Harfuch para el Senado que por Brugada para gobernarlos, un dato que no es menor cuando se habla de quién tiene más músculo político real en la ciudad.

Harfuch es, si no querido, sí respetado por Estados Unidos y por las autoridades comandadas por el volátil Donald Trump. A quien también le dicen “Batman” le aplauden y reconocen en muchos foros y lugares, le contesta el teléfono toda la clase gobernante, y en una visita a elementos heridos en un hospital del IMSS en Cuernavaca, Morelos, hicieron fila las enfermeras para tomarse la clásica selfie con el galán, hijo de la actriz María Sorté.

Omar García Harfuch tiene todo para ser la oposición a ese morenismo que es señalado y descalificado, del que les quitan la visa, la estridencia les gana, les obligan a pedir licencia de sus cargos, añoran el aroma de Palenque, o los retiran de sus puestos administrativos pese a sentirse próceres de la patria.

La paradoja es evidente: mientras más lo abrazan desde Washington, más munición le regalan a quienes dentro de Morena buscan pretextos para descalificarlo con la bandera de la soberanía, esa que ondean contra cualquiera que huela a cercanía con el vecino del norte. Ese doble filo —querido afuera, sospechoso adentro— puede ser tanto su mayor activo como su condena política de cara al relevo de 2027, dependiendo de quién cuente la historia y desde qué trinchera de la Cuarta Transformación se narre.

Y ahí está la pregunta incómoda para el propio Harfuch: ¿le conviene más seguir siendo el hijo disciplinado de un movimiento que lo mira de reojo, o capitalizar ese respeto ganado a pulso —con resultados, no con discursos— fuera de las siglas que lo llevaron al Senado y hoy lo mantienen en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana? La oposición formal, la de toda la vida, lleva años buscando un rostro que combine mano dura, cercanía con Washington y un mínimo de simpatía ciudadana; a lo mejor no necesita inventarlo, solo esperar a que Morena termine de empujarlo hacia la puerta.

Pese a haber ganado la elección de senador en la Ciudad de México en 2024 bajo las siglas de la alianza morenista, pareciera por momentos que Harfuch tiene más posibilidades de ser candidato presidencial de México por siglas diferentes, y eso pasa por la frontera del 2027 que desde hace mucho comenzó.

@rvargaspasaye

www.consentidocomun.mx

Rafael G. Vargas Pasaye
Rafael G. Vargas Pasaye
Académico mexicano, consultor político, escritor y periodista. Maestro en Comunicación Política y Corporativa de l a Universidad Navarra de España. Ha sido catedrático en la Universidad Nacional Autónoma de México y en el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Múltiple ganador del Premio Estatal de Periodismo en Nayarit. Actualmente dirige el portal de Sentido Común.
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