Inicié a escribir estas líneas pensando en por qué somos tan flojos para leer. Y el título: «¿Y usted, por qué no lee?», de pronto me pareció un contrasentido, algo así como preguntar en la escuela de sordos (personas con discapacidad auditiva, dirían ahora) si prefieren a Peso Pluma o a José José.
Sin embargo, en este país lo más sencillo es echar la culpa al vecino o al compadre, pero por esta vez señalaré al vecino de enfrente y aclaro que frente a mi casa existe una subestación eléctrica, por lo que no hay persona contigua que pudiera sentirse ofendida.
La semana pasada, los señalamientos relativos a la desaparición, suspensión, quiebra o lo que haya sucedido con la editorial Era apuntaron a dos causas: la ineficiencia administrativa y comercial de los directivos de la empresa y la falta de lectores. Y, entre algunas otras, estas dos razones pueden estar en lo cierto.
La ineficiencia o la falta de visión de unos empresarios es un problema particular, pero la falta de lectores, pues, es algo que atañe a la sociedad. Así que preguntamos, no al santísimo Google, sino al INEGI, las causas por las que su vecino no lee.
Primero diremos que este ente maravilloso no lee: libros, revistas, periódicos, historietas, cómics o mangas, y tampoco se asoma a páginas de internet, blogs o foros.
Sí, aunque pudiéramos dudarlo, 8.2 millones de personas son no lectoras y, si a esto sumamos 13.1 millones que solamente leyeron en redes sociales, tendremos 21.3 millones de vecinos que llamaremos papirofóbicos.
Preguntados por las causas de su desapego a la letra impresa, estos papirofóbicos dieron sus razones: un poco más de ocho millones de personas dijeron no estar interesados en la lectura; 7.5 millones carecen de tiempo para dedicar a la lectura, mientras que poco más de dos millones culparon a alguna enfermedad y, finalmente, cerca de tres millones de mexicanos explicaron que no tienen dinero o prefieren otras actividades.
Pero si en México más de cien millones de personas estamos alfabetizados —103.9 millones mayores de 12 años para 2025, aclara el INEGI entre fanfarrias—, logro de los gobiernos emanados de la Revolución, estos millones de vecinos enemigos de las letras no son muchos: nos queda un ejército de reserva de 82.6 millones de aguerridos lectores que no tienen miedo de libros, revistas, periódicos, historietas, cómics o mangas.
Sin embargo, siempre de acuerdo con los datos oficiales, los mexicanos leemos en promedio 4.2 libros por año y dedicamos una hora cada día a esta actividad. Si hablamos de periódicos, dedicamos en promedio 30 minutos al día quienes todavía miramos el diario. Y tratándose de cómics, el promedio se eleva hasta 44 minutos por día.
El panorama, entonces, para los impresores no es halagador y será necesario rescatar de esos 21 millones de vecinos papirofóbicos a lectores que, en formato físico o digital, renueven el mercado editorial del país.
Colofón: en 2015, el 48.5 por ciento de la población lectora lo hacía en libros; después de un mínimo de 40.8 en 2023, ha alcanzado el 45.4. Lamentablemente, en el caso de los periódicos, ha caído del 48.8 al 20 por ciento.
Así que pongamos a leer a los vecinos.
Y los dejo con una frase de mi autor más estimado: Mark Twain
“El hombre que no lee libros no tiene ninguna ventaja sobre el hombre que no sabe leerlos.”







