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martes, septiembre 1, 2026
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El poder de lo bizarro

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Bizarro, rra. Adj. Raro, extravagante o fuera de lo común

Diccionario de la Real Academia Española

“Wey ya viste los TikTok de la Casa Blanca”, me escribió un amigo hace unos meses. Yo, que me rehúso a usar esa aplicación, mostré desconcierto ante lo que me decía, pero no tardó en enviarme una serie de enlaces con videos que me dejaban sorprendido.

Audiovisuales cortos con tintes cómicos que utilizaban música pop, videojuegos y la famosa cultura del meme para ilustrar una de las acciones más cruentas y grotescas que el ser humano ha llegado a inventar: la guerra.

Pero esto no era exclusivo del Gobierno de Estados Unidos, Israel también hacía lo propio combinando trends populares con su personal bélico e imágenes reales de sus ataques. Irán, por su parte, respondía con videos ridiculizando a Donald Trump o Benjamín Netanyahu, en lo que parece ser otra guerra que se juega en el terreno de lo intangible.

Este espectáculo absurdo y surrealista tiene una razón de ser. Desde principios de la década, los especialistas en moda y tendencias advertían sobre la nueva oleada de contenidos dirigida para los públicos menores de la generación Z: la nueva moda no busca lucir bien, busca lucir interesante.

Y partían de la idea de que en un mundo que ha visto de todo, lo grotesco, irrespetuoso e incluso lo tabú serían las nuevas tendencias.

De ahí que en los últimos años en este mundo de tendencias veamos colecciones muy extravagantes, o en contraste tan uniformes que luzcan como vestimenta militar, además de campañas controversiales, como la de Balenciaga en 2022, que provocó una fuerte polémica por presentar imágenes consideradas sexualmente inapropiadas en la que se presentaba menores de edad. Hecho que llevó a la marca a estar en boca de todos los medios y obligó a la empresa a ofrecer disculpas públicas.

Todo este espectáculo que raya en lo sublime puede entenderse desde un concepto que, pese a estar presente desde hace años en la cultura del consumo, ha sido poco explorado: el poder de lo bizarro.

Actualmente, tanto los Estados como los mercados mantienen una lucha constante por tener el principal activo del capital tardío: la atención. Esta herramienta es simplemente fundamental para lograr lo que hemos calificado como un monopolio de persuasión, en que los poderes puedan controlar las narrativas para garantizar su ejercicio durante un tiempo prolongado.

Sin embargo, en esta lucha por la monopolización de la persuasión, la industria tecnológica ha resultado triunfadora, principalmente con las herramientas que presentan cientos de videos en minutos a través de un algoritmo que comparte con las máquinas tragamonedas. El cual hoy popularmente se conoce como: scrolleo.

Millones de personas se encuentran sumergidas en el deslizamiento infinito de contenido buscando una escena que le genere emoción. Cada movimiento del dedo abre una posibilidad distinta, una recompensa inmediata o la expectativa de encontrarla en el siguiente video.

Esta sobreexposición a la avalancha de información gráfica, que las nuevas generaciones viven desde edad temprana, ha modificado todo aquello capaz de capturar nuestra atención, desplazando incluso aquellos estándares occidentales que considerábamos bellos.

Así surge la necesidad de que los nuevos contenidos se alejen de la contemplación de la belleza y se acerquen más a la impresión de lo sublime. Encontrando en lo bizarro una nueva manera de interpretar el mundo a través de la irrupción, capaz de captar la atención durante los primeros tres segundos y extenderla hacia los ansiados 30 segundos que suelen considerarse métricas de éxito en las plataformas que alojan estos videos.

Ante esta situación, a diario observamos nuevos bailes, movimientos, palabras u otros códigos nacidos en el mundo digital que para muchas de nuestras generaciones resultan inentendibles.

Esto se ejemplifica perfectamente con las llamadas batallas de farmear aura. Surgidas como un trend de redes sociales, representan en el campo tangible esta lucha por la atención de los espectadores. Es decir, llevan el TikTok a las calles, a través de una cultura que cumple con todos los criterios para considerarse bizarra.

Este movimiento quizá nació de la imposibilidad de captar la atención en el ágora digital y hoy es llevado a los espacios públicos para dar la oportunidad a la juventud de compartir esa sensación de poder que produce la atención. Una forma de capital simbólico que persiguen insaciablemente las personas a las que admiran y los gobiernos a los que obedecen.

Quienes han entendido este juego, comprenden también lo efímero que resulta el contenido en la era digital.

Muchas instituciones han normalizado el uso de campañas controversiales que irrumpen de manera negativa en la opinión pública para imponer narrativas convenientes a sus fines. Dando pie a la construcción de una nueva manera de comunicación política que hoy impera en muchos gobierno del mundo: el cinismo.

Generando así contenidos como los memes de guerra, o la propaganda con la que el Gobierno de Estados Unidos disfraza su narrativa antimigrante al ridiculizar esta movilidad convirtiendo a sus protagonistas en criaturas de Pokémon o villanos de Spider-man.

Sin embargo, dentro de esta oscuridad emerge una luz que brinda destellos de libertad a las nuevas generaciones. La condición de lo bizarro como narrativa predominante les otorga a los jóvenes el permiso de hacer el ridículo por unos segundos y les hace olvidar por unos instantes la era de vigilancia permanente a la que han sido sometidos.

EN DEFINITIVA… La atención se ha convertido en el principal campo de disputa del poder. De ahí que lo bizarro tenga una gran ventaja: irrumpir. No solo en la estética, sino como una forma de vender, liberar, persuadir o convertir cualquier cosa en espectáculo, incluso la muerte. Quizá ese sea el verdadero peligro: que el poder haya aprendido a detener el scroll.

Pablo Hernández Avendaño
Pablo Hernández Avendaño
Periodista. Formado en la Ciencia Política. Premio Estatal de Periodismo 2022 en Crónica. Con más de 13 años de experiencia en medios de comunicación locales. Editor web de Meridiano de Nayarit.
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