La Biblioteca Marx-Lenin es un recinto universitario situado en el corazón de Tepic, a unos pasos de la Alameda Central, en uno de los barrios tradicionales de nuestra capital. La fundamos en junio de 2004, en el marco del programa de fortalecimiento bibliotecario de la Universidad Autónoma de Nayarit y como respuesta a la generosidad de Alejandro Gascón Mercado, quien entregó en comodato a la institución el inmueble de su propiedad.
El acuerdo con Alejandro Gascón
En 2002, ya afectado por la enfermedad, Alejandro me compartió su intención de ceder el inmueble a la universidad para habilitar una galería, una biblioteca o incluso una cafetería cultural en la terraza.
—No quiero donárselo al Ayuntamiento —me advirtió con su habitual franqueza—. A cualquier presidente municipal se le puede ocurrir convertirlo en bodega o rematarlo para saldar deudas públicas. Por eso prefiero entregarlo a la universidad: ahí toda una comunidad sabrá cuidarlo y darle un uso mas provechoso.
Fue entonces cuando le propuse fundar una biblioteca especializada que no solo resguardara sus fondos bibliográficos, archivos documentales y testimonios fotográficos, sino que acogiera las obras fundamentales del pensamiento crítico, marxista y socialista que muchos de nosotros, formados en esa tradición, conservábamos.
—Aquí pondría todos mis volúmenes de Editorial Progreso —la emblemática casa soviética que tradujo a los clásicos del materialismo histórico— y de los teóricos del pensamiento posmarxista —le dije con entusiasmo.
El proyecto cobró forma con rapidez. El santoral laico que Alejandro exhibía en su espacio de trabajo, bajo un tejabán rústico de vigas y tejas en Aután, reunía los retratos de Marx, Lenin, Stalin y Vicente Lombardo Toledano, en una galeria impensable para los izquierdistas más ortodoxos.
—Estarían las obras completas de estos grandes hombres, menos las de los trotskistas, que traicionaron los postulados del socialismo —sentenció.
—Alejandro —le atajé de inmediato—, no podemos vetar ningún libro que sea entregado a la biblioteca, provenga de corrientes trotskistas, maoístas, guevaristas o de cualquier otra vertiente. Será un espacio universitario, y el sello de la universidad es la pluralidad y el rigor crítico frente a la diversidad de ideas.
Alejandro guardó silencio y reflexionó unos segundos:
—Tienes razón. Para debatir y combatir a los adversarios ideológicos hay que estudiarlos a fondo; de lo contrario, se termina cayendo en puros mitotes. Todos los libros que se rescaten deben estar ahí.
—Podríamos nombrarla Biblioteca Universitaria del Pensamiento Socialista, le sugerí.
—De acuerdo, pero debe llevar el nombre de los fundadores: Marx, Engels y Lenin —reafirmó Alejandro.
Solo restaba formalizar el convenio institucional de comodato. Con sobria determinación, remató:
—Es el patrimonio que reuní en mi vida y se lo entrego a la universidad. No quiero conservar nada material.
El edificio, el vitral y la inauguración
—Solo te pediré un detalle constructivo —agregó—: será un inmueble de doble altura y, al frente en el segundo nivel, colocaremos un vitral con las figuras de los padres del socialismo, tal como aparecen en los presídiums de los congresos del Partido Comunista de la Unión Soviética: siluetas solemnes en negro sobre un fondo rojo encendido. Yo me encargo de conseguir al maestro vitralista.
Aquel imponente vitral constituye hoy una de las piezas visuales más singulares que un dirigente social haya legado a Tepic para la memoria cívica de las seguidores del socialismo.

Para concretar la obra contamos con el respaldo del gobierno municipal encabezado por María Eugenia Jiménez, apoyada técnicamente por Jaime Irigoyen, notable arquitecto que supo traducir en trazos y volúmenes la concepción espacial de Alejandro. La biblioteca contó así con el acompañamiento de una de las administraciones de izquierda más representativas que ha tenido la capital nayarita.
La apertura formal se celebró en junio de 2004, en la víspera del término de mi gestión rectoral. A la ceremonia acudieron la propia María Eugenia Jiménez; Ney González Sánchez, entonces alcalde en funciones; Omar Wicab Gutiérrez, en su calidad de rector entrante; Alejandro Gascón Mercado y su familia, así como quien esto escribe, como rector saliente.
La biblioteca en el presente
En la actualidad, la Biblioteca Marx-Lenin continúa prestando servicio en un horario continuo de 10:00 a 18:00 horas, sostenida por el esfuerzo de personal administrativo y de servicios de la UAN. No obstante, resiente el mismo abandono y desolación que aqueja a otros recintos de lectura pública en nuestra ciudad. Aunque esporádicamente alberga eventos académicos, conferencias y círculos de estudio, sus salas suelen permanecer desiertas, ajenas al interés de una ciudadanía que desconoce el patrimonio documental que allí aguarda.
El acervo no se limita a la literatura socialista: en sus estantes reposan ediciones de colección de la Enciclopedia de México, el estudio biográfico sobre Hidalgo de don Luis Castillo Ledón, obras nodales de los clásicos griegos y de la filosofía occidental, una cuidada edición de Don Quijote de la Mancha Y , por supuesto, los libros que Alejandro publicó en su trayectoria como legislador y político, entre muchas otras cosas.

—Es difícil competir contra las pantallas y la inteligencia artificial; hoy los estudiantes resuelven todo desde el celular —comenta con resignación la bibliotecaria en turno.
Es una realidad innegable, pero la lectura reflexiva e impresa ofrece senderos cognitivos y horizontes críticos que los dispositivos difícilmente logran replicar en la mente de adolescentes y jóvenes.
Un llamado a rescatar el espacio
El mayor riesgo que afronta este recinto radica en la insensibilidad burocrática: No falta alguna instancia administrativa, bajo el argumento de la contención del gasto universitario, considere innecesario sostener espacios cuyo valor no se mide en criterios de rentabilidad. Ya cerraron una librería, no cuesta nada cerrar una biblioteca perdida en el centro de la ciudad.

Aquel inmueble, conferido con desprendimiento por Alejandro Gascón Mercado, demanda únicamente visión, voluntad y creatividad por parte de la comunidad universitaria y los creadores culturales de Nayarit para consolidarse como un foro permanente de debate, pensamiento crítico y animación lectora. Es tiempo de que alguien en la universidad y en el mundo cultural de nuestra ciudad, vuelva a poner la mirada en este histórico patrimonio colectivo.







