Te mueves. Te levantas temprano, tomas el camión, manejas durante horas pese a vivir en una ciudad pequeña, incluso hasta otro municipio. Cambias de trabajo, buscas una vacante, vendes algo por tu cuenta, combinas dos actividades o completas como puedes el ingreso de la casa. El movimiento está ahí, todos los días. Lo curioso es que, cuando se miran las cifras del ingreso, ese movimiento parece no haber ocurrido.
Nayarit tiene una de las tasas de participación laboral más altas del país, lo he dicho ya en varios de mis textos. De acuerdo con los Indicadores Laborales para los Municipios de México 2025 del INEGI, 66.5 por ciento de la población de 15 años y más forma parte de la población económicamente activa. Es la segunda proporción más alta entre las entidades. Además, 97.6 por ciento de esa población está ocupada. Aquí trabaja mucha gente. El dato no deja demasiado espacio para discutirlo.
La pregunta empieza después, ¿qué clase de trabajo es ese y qué deja en la casa?
El 58.9 por ciento de la población ocupada en Nayarit trabaja en la informalidad. Pero el promedio estatal apenas alcanza para contar una parte de la historia. En Tepic, la informalidad es de 45.1 por ciento. En Bahía de Banderas llega a 50.2 por ciento. En Del Nayar alcanza 94 por ciento y en La Yesca 90.2 por ciento.
Hay lugares donde prácticamente todo el mundo trabaja y, al mismo tiempo, casi todo ese trabajo ocurre en la informalidad. La imagen resulta extraña si uno se queda solamente con la tasa de ocupación. Casi todos tienen trabajo, pero eso no significa que casi todos tengan un empleo formal, estable o con las mismas posibilidades de mejorar sus ingresos.
Después viene el dato que termina de acomodar las piezas.
De acuerdo con el Índice de Caracterización de los Municipios de México (ICMM) 2024, elaborado por el INEGI, seis de cada diez municipios de Nayarit están en los estratos muy bajo y bajo de ingreso corriente promedio trimestral por hogar. Son 12 de los 20 municipios. En el país, la proporción es de 44.7 por ciento.
La distribución tampoco deja mucho margen para interpretaciones optimistas, 15 por ciento de los municipios está en el estrato muy bajo, 45 por ciento en el bajo, 30 por ciento en el medio y apenas 10 por ciento en el alto. Ninguno llega al estrato muy alto.
No estamos hablando de que todos los nayaritas tengan el mismo ingreso ni de que todos los hogares estén en una situación precaria. El dato habla de los municipios y de la concentración de sus hogares en determinados niveles de ingreso. Pero precisamente ahí está lo interesante, Nayarit no aparece por tener municipios que estén en los extremos nacionales. Su particularidad está en algo menos espectacular y quizá por eso más fácil de pasar por alto, muchos municipios se quedan abajo.
Y luego está el tiempo.
Desde el 2022, 90 por ciento de los municipios nayaritas no registró cambios estadísticamente significativos en su ingreso. Sólo uno de cada diez presentó algún cambio significativo, 5 por ciento aumentó y otro 5 por ciento disminuyó.
Dicho de otra manera, mientras las personas se mueven todos los días para trabajar, el ingreso promedio de los hogares en nueve de cada diez municipios permaneció dentro del mismo comportamiento estadístico.
Ahí empieza a aparecer una diferencia importante entre trabajar y avanzar.
Una persona puede cambiar de empleo y ganar prácticamente lo mismo. Puede dejar una empresa y entrar a otra. Puede trabajar por su cuenta después de haber tenido un empleo formal. Puede sumar una segunda actividad para completar el gasto. Puede recorrer más distancia para encontrar una vacante. El movimiento existe, pero no necesariamente produce movilidad económica.
Y quizá ahí haya una pregunta más interesante que la discusión habitual sobre si hay suficientes empleos.
¿Qué tan lejos puede llegar un trabajador cuando su empleo cambia, pero su capacidad de ingreso permanece prácticamente en el mismo lugar?
La discusión reciente sobre los jóvenes ofrece otro ejemplo. La presidenta del Consejo Empresarial de Nayarit, Cruzita Robles, señaló que existen vacantes para personas de entre 18 y 35 años y sostuvo que parte de los jóvenes prefiere la informalidad y abandona empleos formales después de periodos cortos. También mencionó la rotación y los cambios de turno como factores que dificultan la permanencia.
Es una lectura empresarial que puede discutirse, pero sería demasiado sencillo convertirla en explicación de todo el mercado laboral. Si un joven deja un empleo, habría que mirar también qué salario recibe, qué horario tiene, qué prestaciones encuentra y qué posibilidades tiene de crecer. La permanencia no depende únicamente de que alguien quiera o no trabajar.
Además, la informalidad no pertenece a una sola generación. Está distribuida de manera muy desigual por el territorio y alcanza niveles extremos en municipios donde las condiciones económicas son muy distintas a las de Tepic o Bahía de Banderas.
Hay otro dato que ayuda a entender la relación de los hogares con el trabajo. La Encuesta Intercensal 2025 del INEGI registró que 41.1 por ciento de los hogares nayaritas recibe ingresos provenientes de programas de gobierno, pensiones o familiares que viven en otra parte del país o en el extranjero. En el conjunto nacional la proporción es de 50.1 por ciento.
Nayarit está por debajo de ese promedio. Para una buena parte de los hogares, entonces, el trabajo sigue siendo la fuente principal para construir el ingreso familiar. No estamos frente a una economía donde las transferencias hayan desplazado al trabajo como sustento cotidiano.
Y justamente por eso importa tanto lo que sucede con el ingreso que produce ese trabajo.
Porque una cosa es tener una tasa de ocupación de 97.6 por ciento y otra muy distinta saber cuánto puede comprar ese ingreso, cuánto puede ahorrar una familia, si permite acceder a una vivienda, si alcanza para enfrentar una enfermedad, si deja margen para estudiar o si permite que los hijos tengan mejores oportunidades que sus padres.
Las estadísticas no responden todas esas preguntas. Pero sí dejan una señal difícil de ignorar, Nayarit tiene mucha gente trabajando, una informalidad superior a la nacional y una mayoría de municipios concentrados en los estratos bajos de ingreso. Y nueve de cada diez municipios muestran cambios estadísticamente significativos en ese ingreso.
El nayarita se mueve. El salario, medido desde los hogares y los municipios, se mueve mucho menos.
Quizá por eso hay algo engañoso en decir simplemente que en Nayarit hay trabajo. Sí lo hay. Lo que todavía falta saber es cuánto permite avanzar.
Porque también se puede pasar años trabajando, cambiar de empleo varias veces, aprender nuevos oficios, recorrer media ciudad o medio estado para conseguir una oportunidad y terminar exactamente en el mismo lugar, pagando las mismas cosas, haciendo cuentas con el mismo dinero y esperando que el siguiente empleo sea el que finalmente haga la diferencia.
Tal vez ese sea el dato que más debería preocuparnos. No que el nayarita no se mueva. Se mueve demasiado.
Lo que parece haberse quedado quieto es aquello que debería moverse con él, su ingreso.



