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viernes, octubre 2, 2026

El acta y la maña

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Miren que regresar a estas líneas después de un receso no es por falta de ganas, sino por el pleito eterno con el papel sellado: resulta que la editorial olvidó poner en el contrato esa bendita cláusula que le permite a uno tomarse un mes de vacaciones cada quince días para orear las entendederas. Pero aquí estamos de vuelta, porque cuando el agua en el charco político se pudre y empieza a despedir ese tufo de pueblo chico con ínfulas de tribunal, a uno le da comezón en los dedos.

La comidilla de ayer y hoy, la que reventó las redes y terminó en la pantalla chica con eco en las planas de Meridiano, es la campaña que le armaron a Jasmin Bugarín. La traen de bajada los sabihondos de café porque la mujer vio la primera luz allá en Los Ángeles, California. “¡No es de aquí!”, chillan los puristas de huarache de charol. “¡No es elegible!”, vociferan los leguleyos de banqueta, frotándose las manos como si hubieran hallado el hilo negro para sacarla de la jugada rumbo al 2027.

Qué chulada de debate. Da entre risa y coraje ver a los guardianes del terruño pontificar sobre quién tiene derecho a aspirar a gobernar esta tierra, sobre todo en un estado como Nayarit, donde casi cada familia tiene un pedazo de su corazón y de su sustento cruzando la frontera. Los mismos que aplauden cuando llegan los dólares de las remesas para levantar la barda, pagar la fiesta patronal o mantener viva la economía de los pueblos, son los que ahora se persignan porque una hija de nayaritas nació al otro lado de la línea. Para mandar billetes sí son bienvenidos y bien paisanos; para competir por un cargo, les exigen que hayan nacido debajo de una higuera en el cerro de San Juan.

Hablemos al chile y con el texto en la mano, a ver si así le bajan dos rayitas a la estridencia. A los malquerientes se les olvida, o de plano se hacen de la vista gorda, lo que manda la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. El artículo 30 no tiene pierde ni necesita traducción al latín: son mexicanos por nacimiento quienes nazcan en el extranjero, hijos de madre o padre mexicanos nacidos en territorio nacional. Punto. No hay mexicanos de primera ni de segunda clase, ni ciudadanos a medias a los que haya que medirles el patriotismo con compás geográfico.

Descalificar a Bugarín por la geografía del paritorio no es un argumento legal; es un recurso de desesperados. Cuando a los contrincantes les faltan números en las encuestas, kilometraje en el lomo y saliva para convencer a la gente en los barrios, recurren a la trampa de la xenofobia aldeana. Pretenden ganar en la ventanilla del Registro Civil lo que son incapaces de construir en el territorio. Creen que el votante nayarita es menor de edad y que se va a tragar el cuento de que ser hijo de migrantes te quita el derecho a servir al lugar donde están tus raíces, tu trayectoria y tu gente.

En su entrevista, Jasmin hizo lo que correspondía: apechugar el tema de frente, poner la ley sobre la mesa y recordarles a sus malquerientes de qué lado masca la iguana jurídica. No se trata de echarle confeti gratis a la aspirante, que ya tendrá tiempo de demostrar con propuestas y con temple si le da el ancho para el paquete que viene. De lo que se trata es de atajar la mezquindad de quienes pretenden sembrar dudas artificiales para cerrarle el paso a la mala. La elegibilidad no se discute con pasaportes inventados en la imaginación de los derrotados. La neta viene en la Carta Magna.

El fondo de la maniobra: hay miedo al relevo, pavor al reacomodo y una flojera inmensa de competir con ideas. Si ese es el misil de mayor calibre que tienen guardado los adversarios para frenar a la que ya ven punteando, más vale que vayan comprando pólvora nueva, porque este tiro les salió con la culata por delante.

Ahí se las dejo. Para que la próxima vez que escuchen a un sesudo analista descalificar el origen de alguien con aires de patriotismo trasnochado, le pregunten si ya leyó la Constitución o si nomás la usa para calzar la mesa del billar. Póngale choya al asunto, que en una tierra forjada por el esfuerzo migrante, desconocer a los hijos de nuestra propia gente es escupir para arriba. Y ya sabemos a dónde cae la saliva.

Aclaro para que no me llamen barbero. Yo a la güerita de La Yesca ni la conozco ni quiero chayote. Nomás es pa poner las cosas en su lugar.

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