La tranquilidad cotidiana en la colonia Jardines del Valle se quiebra cada vez que los camiones repartidores dejan cilindros de gas LP con evidentes marcas de deterioro. Entre óxido, válvulas flojas y bases carcomidas, familias enteras conviven con el riesgo inminente de una deflagración dentro de sus propios hogares.
A sus 64 años, la señora Juana Pérez vivió momentos de tensión cuando un chofer de la empresa Global Gas pretendía rechazar el contenedor usado de su vivienda en la calle Nayarit, para luego entregarle un reemplazo en peores condiciones. “Después de diez minutos de discusión se hizo el cambio, pero me dejó uno igual o peor que el que se llevó”, atestigua sobre la indiferencia operacional.
Madrugar para preparar la venta de atole y tamales en el bulevar Bellavista representa el sustento diario de Bertha López, cuya jornada laboral se vio amenazada por una fuga en la base de su recipiente. “Desde que lo dejaron mi casa olía a gas; mi hijo mayor lo revisó y detectó la fuga en la parte de abajo. Hablamos a la empresa y nunca vinieron”, relata al recordar que debieron trasladar el contenedor a un descampado para salvaguardar la integridad de la familia.
Integrantes del cuerpo de bomberos acudieron a la misma zona para sofocar una emanación masiva que amenazaba con provocar un percance de mayor escala. Sobre el incidente, María Rosario Gutiérrez advirtió que la pronta intervención de los cuerpos de rescate evitó daños materiales fatales en las viviendas colindantes.
Con la urgencia que demanda la seguridad vecinal, los pobladores solicitaron la intervención de la Profeco y de las autoridades de Protección Civil para auditar los depósitos de las compañías gaseras. La comunidad exige inspecciones periódicas a los camiones repartidores, convencidos de que sólo con revisiones rigurosas se prevendrán percances en las viviendas de la capital.
Familias y comerciantes de Jardines del Valle exigen revisión urgente a las empresas distribuidoras







