Alguien dijo que ciertas canciones son «novelas de tres minutos». No exageraba. Basta con que suene una para comprobarlo. Las hay que son poemas. Otras, crónicas. Unas, cuentos. Ensayos, unas pocas. Cartas que nunca se enviaron. Oraciones de quien ya no reza. Remedio casero, también. Psicoanálisis sin diván. Terapia breve. Desahogo. Confesión. Noticia de ocho columnas. Infierno y gloria en el mismo verso. Quienes las componen y las arreglan son artistas mayores. Retratistas. Pintores figurativos, y hasta hiperrealistas, que nos pintan por dentro con cuatro acordes y nos dejan temblando. Benditos sean, que tanto nos han dado y tan poco nos cobran. ¿Tendrán santo patrono, santa patrona que los ampare? Ojalá nos hereden siquiera un poco de esa sabiduría suya, la que cabe en tres minutos, para ir llevando el día a día.







