Jornadas de animación lectora reunieron a decenas de infantes en los espacios públicos de Ahuacatlán como parte del programa cultural Los Jolgorios de la Palabra. El despliegue, promovido por las Salas de Lectura en Nayarit bajo la tutela de las instancias culturales estatales, tuvo el propósito de sembrar el gusto por la literatura a temprana edad mediante dinámicas lúdicas y formativas.
Mediante talleres de creación plástica, escritura elemental y dibujo infantil, las sesiones ofrecieron a los asistentes una vía de libre expresión alejada de las pantallas digitales. Los ejercicios prácticos permitieron a los menores elaborar textos propios e ilustraciones que reflejaron su visión del entorno cotidiano y las memorias de sus familias.
Las actividades estuvieron guiadas por las mediadoras voluntarias Guadalupe Miranda, Concepción Gómez, Rosa Salazar, Silvia Ruelas, Gabriela Alvarado y Corina Enríquez, quienes facilitaron el acercamiento a los libros a través de la calidez comunitaria, resolviendo dudas y acompañando cada ejercicio artístico de las niñas y niños participantes.
Destacaron las lecturas en atril y los círculos de narración oral alusivos a las tradiciones de Día de Muertos, temática que funcionó como punto de partida para que la niñez conociera leyendas locales, altares ancestrales y versos populares vinculados con las raíces culturales de la zona sur.
Paulatinamente, estas intervenciones buscan descentralizar la oferta formativa del estado, logrando que los municipios del interior accedan a los mismos acervos y metodologías didácticas que habitualmente se concentran en las ciudades de mayor población.
Aquellas dinámicas colectivas fomentan la convivencia pacífica y el desarrollo cognitivo temprano, pues la lectura compartida estimula la concentración, amplía el vocabulario y afianza los vínculos afectivos entre vecinos dentro de los barrios donde se instalan estos círculos.
Próximas brigadas del esquema estatal trasladarán este modelo educativo a la localidad serrana de Mesa del Nayar, garantizando que los habitantes de los pueblos originarios también disfruten del derecho a la cultura y a la literatura en sus propias comunidades.







