Ante el avistamiento de ballenas atrapadas en artes de pesca, el instinto inmediato de muchos navegantes es intentar ayudarlas. Sin embargo, especialistas en conservación marina han lanzado una alerta contundente: intervenir sin capacitación es ineficaz y potencialmente mortal. Astrid Frisch Jordán, presidenta de Ecología y Conservación de Ballenas A.C., enfatizó que la “regla número uno” es jamás ingresar al agua con el animal.
La advertencia responde a una realidad física peligrosa. Una ballena enmallada es un animal bajo estrés extremo, que con sus 16 metros de largo y 40 toneladas de peso puede reaccionar de forma impredecible. “Meterse al agua es arriesgar la vida de manera innecesaria; la están pasando muy mal y pueden golpear”, explicó la experta, urgiendo a la población a limitar su actuación a reportar el hecho a la Red de Asistencia a Ballenas Enmalladas (RABEN).
Además del riesgo humano, existe una razón técnica para no actuar por cuenta propia. Los especialistas piden no cortar las cuerdas, redes o boyas que el cetáceo lleve arrastrando. Estos elementos, lejos de ser “basura”, funcionan como marcadores visuales que permiten ubicar al ejemplar en la inmensidad del océano y sirven como herramientas de sujeción para que los equipos de rescate realicen las maniobras de liberación controlada.
Actualmente, este protocolo es vital para el seguimiento de un caso activo. Frisch Jordán señaló que se monitorea a una ballena en la zona de Baja California Sur que no pudo ser liberada por completo en un primer intento; gracias a que mantiene parte del material visible, ha sido posible rastrearla para planear una nueva intervención, algo que habría sido imposible si alguien hubiera cortado los rastros.



