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El loco de Dios en el fin del mundo | Pacto improbable entre el ateo y Roma (1/6)

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Un encuentro en una feria de Turín detona la invitación oficial. El escritor acepta el trayecto bajo la condición de obtener una charla privada con el pontífice para resolver una duda familiar sobre la vida eterna


El 21 de mayo de 2023 marca el arranque de esta persecución. Javier Cercas firma ejemplares de sus obras en los pasillos de una feria en Turín cuando un individuo se le aproxima. Se llama Lorenzo Fazzini. Ejerce funciones de dirección en la editorial de la Santa Sede y trae un mensaje desde la curia de Roma. Le ofrece viajar a Mongolia a finales de agosto acompañando al papa Francisco para relatar la crónica de este trayecto internacional. El escritor advierte de inmediato sobre sus credenciales de escepticismo. Considera un error de cálculo que el Vaticano invite a un crítico de la religión a sumarse a la comitiva de Su Santidad. El autor recuerda haber preguntado ante el emisario católico si no sabían que él es un error de cálculo para los intereses de la institución. Fazzini descarta la preocupación con una sonrisa. Confirma que la jerarquía busca los ojos de un profano para documentar una visita de Estado a un país de Asia. La Iglesia requiere una voz externa para traducir el viaje a un público alejado de los ritos del clero.

Una oferta de esta magnitud resulta imposible de rechazar para un narrador de oficio, apunta el propio Cercas en las páginas de inicio. El novelista guarda además una motivación de sangre para embarcarse en la expedición. Perdió la fe en la época de la adolescencia tras leer los textos de Miguel de Unamuno sobre el cura de Valverde de Lucena. Ese vacío de certezas lo empujó a buscar cobijo en la literatura, utilizando la ficción como un mecanismo de anclaje a la realidad. Décadas después arrastra una sed de respuestas frente a la amenaza de la muerte. Siente envidia por la seguridad de quienes creen en una existencia después del final. La dueña de esas convicciones de hierro resulta ser su propia madre. Esta mujer padece los estragos de una enfermedad de neuronas y retiene apenas escenas aisladas de su juventud. A pesar del deterioro de su salud, ella conserva la certeza de que, tras fallecer, volverá a reunirse con el marido que enterró tiempo atrás. Esta esperanza empuja al hijo a plantear un ultimátum a los burócratas del Vaticano.

Cercas acepta el encargo de trabajo bajo una sola condición de acceso. Exige disponer de cinco minutos a solas con el pontífice. Su proyecto descarta el análisis de la diplomacia de las naciones y esquiva la revisión de las pugnas de poder dentro de Roma. Él anhela plantearle a Jorge Mario Bergoglio la pregunta sobre el centro del dogma de la doctrina cristiana. Quiere interrogar al líder de la Iglesia sobre la promesa de la resurrección de los cuerpos. Necesita que el pastor espiritual le responda frente a frente si su madre verá a su padre de nuevo. Su plan de viaje consiste en obtener esa respuesta de los labios del papa para entregársela a su progenitora a modo de consuelo antes del adiós definitivo. Así arranca la cacería de un agnóstico de izquierda tras el obispo de Roma. 

El terreno para este pacto de caballeros se fraguó semanas antes mediante una llamada de teléfono desde un número de Italia sin registro. Un oficial de la Santa Sede contactó al escritor para invitarlo a un evento de creadores. Cercas acudió el 23 de junio a las galerías de la Capilla Sixtina en compañía de colegas de profesión de diversas partes de Europa. Allí presenció el discurso de un pontífice que vinculó el impulso de creación de los artistas con la pasión del propio creador del universo. Francisco alabó la ironía de los presentes y la catalogó como una virtud maravillosa de la mente humana. Esas palabras encendieron un resorte de curiosidad en la cabeza del invitado. En ese instante decidió diseñar un texto de cruce de géneros, mezclando la crónica de viajes, el ensayo de ideas y los apuntes de memorias de familia. La semilla del libro germinó bajo los frescos de Miguel Ángel.

La obra de este viaje dinamita las reglas de la literatura de devoción. Cercas asume el control del encargo institucional para reconvertirlo en una investigación existencial. Los directores de comunicación del Vaticano, Paolo Ruffini y Andrea Tornielli, aprueban el esquema de ruta unas semanas más tarde en los despachos de Roma. Ambos ejecutivos reconocen la rareza de la petición de entrevista del escritor. Este asombro coincide con el dictamen del reportero veterano Aldo Cazzullo. Ningún analista de política de la prensa de Roma acostumbra preguntar al papa por el destino del alma. Los periódicos priorizan los recuentos de fronteras o las controversias morales, esquivando la médula del mensaje de trascendencia de la Iglesia. Cercas decide nadar en contra de esa marea de los noticieros diarios. Convierte la travesía aérea en el teatro de operaciones de una pesquisa para aplacar el terror a la muerte.

El viaje a Mongolia adquiere una separación de enfoques de narrativa. Representa una inmersión en un país de las estepas donde la comunidad de católicos cuenta apenas con mil quinientos creyentes. Este rebaño resiste pastoreado por un puñado de misioneros que trabajan en condiciones de aislamiento extremo. Al mismo tiempo funciona como el pretexto para un ajuste de cuentas del relator con sus raíces de provincia. La figura de Bergoglio asoma en estas páginas como un centro de poder de la burocracia mundial. El primer papa de América asume el nombre de Francisco para mandar un recado a favor de una Iglesia de los pobres. Rechaza los protocolos de protección de la guardia de Roma y viaja a los países olvidados de los mapas. Cercas examina a este anciano de salud precaria con una mezcla de reticencia de periodista y compasión de prójimo. El lector entra de inmediato en una expedición dispuesta a interrogar los lindes de la razón.

Cercas, J. (2025). El loco de Dios en el fin del mundo. Random House.

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