
Resulta que este fin de semana el aire en la capital se puso denso. No fue por el esmog, sino por la humareda de incienso que se quemaron los morenistas en su Consejo Nacional. Los señores del poder decidieron que es tiempo de repartir las 17 gubernaturas que se jugarán en 2027. Para ello se inventaron un calendario que parece diseñado por un relojero con mucha prisa y poca vergüenza. Dice la dirigencia, con esa seriedad de quien no ha roto un plato, que a mediados de este año deben estar listos los perfiles. Le llaman “coordinadores de defensa”, pero hasta el globero de la esquina sabe que ese es el nombre elegante para el candidato que va a ir por la grande.
Hablemos al chile sobre lo que pasó en esa sesión del sábado. Luisa María Alcalde y Alfonso Durazo pusieron sobre la mesa unas reglas que, de cumplirse, dejarían a los políticos sin nada que hacer. Prohíben los actos adelantados de campaña, el uso de dinero público y los ataques entre ellos en redes sociales. Qué chulada de pureza. El problema es que para cuando terminaron de leer el acuerdo, las bardas de medio país tenían nombre y apellido. Los “suspirantes” llevan meses regalando cobijas y pagando pautas en Facebook con dinero que nadie sabe de dónde sale.
La simulación es el deporte nacional, pero en Morena ya es disciplina olímpica. El calendario marca que el 22 de junio empieza el registro de los que quieran ser gobernadores. Para el 8 de noviembre deben estar listas las coordinaciones locales. En estados como nuestro Nayarit, la rebatiña está en el asfalto. Los que hoy despachan en ayuntamientos o en curules federales juran que no están en campaña, pero no sueltan el micrófono ni para ir al baño. Dicen que van a “informar”, pero lo que hacen es pasar lista para ver quién se cuadra. La prohibición de atacar al contrincante es la parte más cómica: se están sacando los ojos por debajo de la mesa. Usan granjas de bots y filtraciones anónimas para que el vecino no llegue a la encuesta final.
Porque esa es la otra: el método de la encuesta. Nos venden la idea de que el pueblo decide, pero el Consejo Nacional ya avisó que habrá un “filtro” para quedarse solo con seis finalistas: tres hombres y tres mujeres, por aquello de la paridad que les gusta presumir. Decide quién pasa el filtro la Comisión Nacional de Elecciones, ese órgano que tiene más misterios que la receta de la Coca-Cola. En Zacatecas, el senador Saúl Monreal olió el guiso y se salió a medio discurso de la presidenta del partido. Gritó que el proceso es una farsa porque tienen el dado cargado para que la familia no suelte el bocado.
El susto de la dirigencia no es por la oposición. La derecha sigue buscando su propia sombra en el sótano de las encuestas donde Morena saca ventajas de dos a uno. El miedo es al canibalismo interno. Saben que cuando un partido concentra tanto poder territorial, la verdadera guerra es contra el que se sienta en la oficina de al lado. Por eso sacaron el látigo de la “honestidad y cercanía”. Tratan de atemperar a unos cuadros que traen las espuelas puestas y el colmillo retorcido.
Resulta indispensable preguntarse para qué sirve tanta regla si la disciplina se rompe con un espectacular en la carretera. La prohibición de la promoción personalizada es letra muerta en un país donde los servidores públicos aparecen en portadas de revistas fantasma que nadie lee, pero todos ven en los parabuses. En Morena los principios no se negocian, dicen los boletines. Pero la realidad terca nos dice que el poder es un imán que atrae a los vicios de siempre. Ahora se visten de guinda para que el pueblo bueno no se espante.
Incluso la reforma electoral que se cocina en el Congreso sirve de telón de fondo para esta comedia. Mientras nos dicen que quieren abaratar los comicios, el partido oficialista pone en marcha una maquinaria que gastará fortunas en sondeos preliminares y trabajo territorial durante los próximos quince meses. Es la “campaña permanente” que Jesús Ramírez y compañía traen aceitada para no dejar margen a la sorpresa. La soberanía reside en el pueblo, reza la Constitución; en la práctica, reside en el que tiene la llave de la encuesta.
Ahí se las dejo. Para que la próxima vez que vean a un político nayarita jurar que él no está en campaña, sino “defendiendo la transformación”, se acuerden de las fechas de junio y noviembre. Póngale choya al asunto, que la política es el arte de hacer creer que nada pasa mientras todo se está decidiendo en lo oscuro. El Consejo Nacional terminó con aplausos y abrazos, pero los platos rotos se están acumulando y la cuenta nos va a tocar pagarla a nosotros con otro sexenio de lo mismo, pero revolcado.







