Un tráiler se incendia en Acaponeta. El hombre que sobrevive arrastra quemaduras en más del 80 por ciento de la superficie corporal. No es derechohabiente del IMSS y la clínica más cercana es del Seguro Social. Lo atienden ahí. Lo estabilizan. Lo trasladan al Hospital General de Zona 1, en Tepic. De ahí, vía el Centro Regulador de Urgencias Médicas, se pide ambulancia aérea a Jalisco. El paciente termina en la unidad de quemados de Guadalajara.
La secuencia, relatada por el delegado del IMSS en Nayarit, José de Jesús Chávez, sirve al funcionario para describir lo que en el discurso oficial se llama universalización de los servicios de salud y que en la práctica apenas se construye. En charla con Julieta Moreno en La Entrevista con Antonio Tello, de 8NTV, sostuvo que la política de cero rechazo ante urgencias reales ya opera entre las tres instituciones públicas del estado (IMSS-Ordinario, IMSS-Bienestar e ISSSTE) y anticipa lo que vendrá cuando se ejecuten las reglas de operación de la credencialización única que hoy coordina la Secretaría del Bienestar.

El caso de Acaponeta ilustra el protocolo: primero se estabiliza al paciente en la institución donde llega, sea o no derechohabiente, y después se resuelve la pertenencia administrativa. “Luego averiguamos”, dijo el delegado para graficar la política. Cuando el paciente ya está fuera de peligro, la familia decide si continúa el tratamiento ahí o lo traslada a la institución que le corresponde.
Aguascalentense, designado por Zoé Robledo tras concurso de oposición, Chávez cumple dos años al frente de la delegación estatal el próximo 16 de mayo. Su primer movimiento, dijo, fue un diagnóstico situacional de la operación médica, la incorporación, la recaudación y las prestaciones. De ahí salió el plan de trabajo que se actualiza cada año y se alinea con el Plan Nacional de Desarrollo. El segundo movimiento, añadió, fue sentarse con el gobernador Miguel Ángel Navarro para acordar la coordinación sectorial que el país apenas discute.
Buena parte de la conversación pública sobre el sector salud se resuelve aclarando una confusión persistente: IMSS no es IMSS-Bienestar. El primero es el instituto de siempre, el de las aportaciones tripartitas. El segundo es una institución creada en 2022 que absorbió la infraestructura de los servicios estatales de salud en las entidades que firmaron el convenio de federalización, Nayarit entre ellas.
Lo que sí pasó al IMSS-Ordinario fue el extinto programa IMSS-Coplamar, conocido en su última etapa como IMSS-Bienestar en su variante de programa. El decreto presidencial del año pasado cerró la figura y traspasó sus unidades al instituto. Ese movimiento administrativo es el que explica el salto en cobertura que el delegado exhibió con la mayor precisión de la entrevista.
Antes de la adhesión, el IMSS-Ordinario operaba en 13 de los 20 municipios nayaritas con 21 unidades de medicina familiar, seis hospitales (tres de zona, tres de subzona) y una unidad médica de atención ambulatoria. La incorporación del extinto Coplamar sumó 82 unidades médicas rurales y el hospital rural de San Cayetano. La cobertura estatal es hoy, según cifras del delegado, del 100 por ciento del territorio.
Chávez describió el esquema de atención por niveles. El primero cubre entre el 80 y el 90 por ciento de las patologías habituales, control de diabetes e hipertensión, infecciones respiratorias y gastrointestinales, sobrepeso, y opera en las unidades familiares y rurales. El segundo son los hospitales, donde Nayarit tiene siete, más la unidad de atención ambulatoria. El tercero, reservado para subespecialidades, se concentra en el Hospital Civil, adscrito a IMSS-Bienestar. Por la vía del IMSS-Ordinario, el referente es la Unidad Médica de Alta Especialidad en Guadalajara, a donde se envían los casos de trasplante renal, cardíaco, pulmonar y hepático, además de cirugías de corazón abierto.
El Hospital General de Zona 1 en Tepic y el Hospital 33 en Bahía de Banderas concentran las 44 especialidades con que cuenta la delegación. Algunos de los servicios que ahí se ofrecen, comentó, están clasificados como de tercer nivel pese a operar en hospitales de segundo.
La coordinación con IMSS-Bienestar y el ISSSTE opera en dos direcciones. Las especialidades que el Ordinario no cubre las atiende Bienestar, y al revés. Chávez mencionó también al general Juan Guerrero, al frente de la 13ª Zona Militar, como aliado en traslados que requieren aeronave y en operativos conjuntos. La del paciente quemado de Acaponeta no es la única historia de ese estilo, dijo; es la que se hizo pública.
El déficit histórico de personal, presente en cualquier diagnóstico del servicio, se ha querido cerrar con dos rondas anuales de contratación de médicas y médicos recién egresados de cursos de especialización. En 2025 llegaron 103 a Nayarit. En la convocatoria de este año, 154. Se suman otros 103 que ingresaron por el programa 230-100, un esquema de productividad que se incorporó a la operación ordinaria del instituto en todo el país. La lógica del programa, dijo, es poner más especialistas y subespecialistas en la infraestructura que el instituto ya tenía ociosa, en turnos adicionales, para que los tiempos de espera bajen sin requerir obra nueva. Con becarios y pasantes, la plantilla estatal ronda los 8 mil trabajadores.
Parte de esa contratación, explicó el delegado, se destina a plazas de base; otra, a cubrir interinatos; y una tercera categoría, la 08 o de suplencia, atiende las ausencias por maternidad, incapacidad o riesgo de trabajo. La lógica es evitar que una unidad quede sin médico cuando falta uno. Antes, las clínicas rurales llegaban a cerrar a las tres de la tarde con candado. Hoy ya no, aseguró. La zona serrana sigue siendo el reto: buena parte de los médicos no quiere ir a hacer su residencia allá, y el esquema de suplencias con Bienestar y el ISSSTE ayuda a cubrir los vacíos cuando aparecen.
La inversión física reciente del instituto en el estado se concentró en el Hospital General de Zona 1 de Tepic. En el último año se intervinieron las áreas de hemodiálisis, también las de la unidad de atención ambulatoria, terapia intensiva, salud mental y las residencias médicas. Están en proceso de cambio los tres elevadores del inmueble, uno de los reclamos recurrentes de los usuarios. Para este ejercicio se programó la sustitución de dos lavadoras y dos secadoras de la lavandería.
De los recorridos que hace por las unidades, la instrucción federal que resumió como “menos escritorio y más territorio”, el delegado dice haber extraído tres frentes donde se juega la credibilidad del servicio.
El primero es el tiempo. Las contrataciones y la apertura de turnos en sábados, domingos y horario nocturno, hace dos años había una sola unidad en el estado con atención continua, buscan reducir los tiempos de espera y las filas. El segundo es el abasto de medicamentos. “Diario me levanto y lo primero que reviso es el nivel de surtimiento de recetas”, dice. Recibe a diario el corte de recetas individuales y colectivas.
El tercero es el trato digno. Es el más complejo, admitió, porque toca formas de ser, clima organizacional y cultura institucional. El instituto intenta reforzarlo con cursos obligatorios para el 100 por ciento de la plantilla y con la política interna de buen trato. La entrevista se interrumpió antes de profundizar en ese punto, el más sensible de todos si se atiende a la queja recurrente de la derechohabiencia: maltrato en ventanilla, citas que se dilatan ocho horas, gesticulaciones de cansancio detrás del mostrador. Lo reconoció como “talón de Aquiles” del servicio, no en Nayarit sino en todo el país, y dijo que su delegación atiende el tema “con delicadeza, pero también con firmeza”.
Al preguntársele por la carga que supone para el IMSS-Ordinario la credencialización y la futura atención cruzada, comentó que el volumen puede incluso bajar. Si una especialidad está saturada en una institución, el paciente podrá agendar en otra. “La idea es aliviar filas, no mudarlas”, resumió.
Dos años después de la adhesión del Coplamar y con los mapas de cobertura estatal completos en papel, la medida útil de la gestión de Chávez no será la geografía. Será si los tiempos de espera se acortan, si las recetas salen surtidas y si la derechohabiencia encuentra, en la ventanilla, a alguien dispuesto a ayudarla. Ese es el tramo que, por desgracia, no se cierra por decreto.







