A las seis y cuarenta de la mañana, Rafael camina hacia la entrada de la sala de hemodiálisis. Camina lento. Tiene cincuenta y ocho años. Las piernas se le hinchan desde hace meses. Los tobillos le duelen. Trae en la mano una bolsa de plástico con una toalla, una botella de agua y el carnet del sistema público. Es lunes. Le toca diálisis.
Adentro, la enfermera le pincha la fístula con la destreza de quien lleva años haciéndolo. La máquina arranca. Cerca de cuatro horas, contando ingreso y salida. Tres veces por semana. Lunes, miércoles, viernes. Hace catorce meses que ésta es su agenda.
Rafael fue jornalero en su infancia, en el campo de su padre, en el valle de Santiago Ixcuintla. Después aprendió a sembrar tabaco. A los treinta y dos años se mudó al embalse de Aguamilpa y empezó a pescar tilapia y lobina. Su trayectoria coincide con la de miles de hombres de su generación en el norte del estado.
En 2014, un grupo de médicos del propio Instituto Mexicano del Seguro Social, encabezados por Antonio Méndez-Durán, publicó en la revista Diálisis y Trasplante un panorama epidemiológico de la insuficiencia renal crónica en su segundo nivel de atención. Estudiaron a 56 mil 430 pacientes en 35 delegaciones del país. Identificaron a Tlaxcala, Morelos e Hidalgo como las delegaciones con mayor incidencia. En el mismo registro, Nayarit aparecía entre las tres delegaciones del país con mayor número de pacientes en hemodiálisis, junto con Aguascalientes y Sinaloa.
Dos años después, en 2016, el mismo equipo publicó en la Revista Médica del IMSS un seguimiento del registro. Lo firmaron Méndez-Durán, Manuel Humberto Ignorosa-Luna, Gilberto Pérez-Aguilar, Francisco Jesús Rivera-Rodríguez, José de Jesús González-Izquierdo y Javier Dávila-Torres. Allí escribieron una frase que sigue intacta nueve años después: “Debido a que las delegaciones Tlaxcala, Hidalgo, Morelos y Nayarit presentaron la mayor incidencia de IRC, merecen una investigación específica de los factores familiares y ambientales que pudieran estar relacionados con la ERC, ya que estas delegaciones no tienen condiciones sociodemográficas parecidas”.
Esa investigación específica continúa pendiente.
El patrón se confirmó. En 2022, un equipo del IMSS encabezado por Antonio Reyna-Sevilla, junto con Célida Duque-Molina, Carlos Quezada-Sánchez, Ricardo Avilés-Hernández y Marisol Torres-Toledano, publicó en la Revista Médica del IMSS el análisis espacial de la demanda de consultas por afección renal del periodo 2011-2020. Aplicando técnicas de estadística espacial sobre los datos de alrededor de mil 250 unidades médicas familiares del país, el estudio identificó once entidades con tasas de consulta significativamente más altas que el promedio nacional. La epidemiología las llama puntos calientes, hotspots.
Entre esas once entidades aparecen Baja California Sur, Colima, Michoacán, Tlaxcala, Puebla, Oaxaca, Chiapas, Jalisco, Veracruz Norte, Veracruz Sur. Y Nayarit.
Un punto caliente es un patrón geográfico persistente, demostrado con varias técnicas de estadística espacial. Significa que en ciertos territorios la enfermedad se concentra por razones que la diabetes y la hipertensión solas dejan sin explicar.
En Mesoamérica, los hotspots de enfermedad renal suelen corresponder a una entidad clínica de aparición reciente en la literatura médica: la nefropatía mesoamericana, también llamada enfermedad renal crónica de causas no tradicionales. Aparece en cinturones agrícolas de Centroamérica, del sur de Estados Unidos y del centro-occidente mexicano. Se asocia con calor extremo, trabajo físico intenso, deshidratación crónica y exposición acumulada a plaguicidas y metales pesados. En el occidente de México, esta condición clínica y ambiental encuentra su correlato geográfico en la cuenca del río Santiago, cuya persistente carga contaminante traza un mapa de riesgo que coincide con las zonas de mayor incidencia.
Diego Aguilar-Ramírez y un equipo de nefrólogos del Instituto Nacional de Cardiología, junto con investigadores de la Universidad de Oxford, de la Universidad Panamericana y de la Universidad de Colorado, publicaron en 2021, en Nephrology Dialysis Transplantation, un estudio sobre Tierra Blanca, Veracruz, otro de los hotspots mexicanos identificados. En una muestra de 616 adultos de entre 20 y 60 años, residentes de tres comunidades de la región, la prevalencia de probable enfermedad renal crónica alcanzó el 25 por ciento. Una proporción importante de los casos carecía de los factores de riesgo tradicionales como diabetes o hipertensión.
La conclusión fue cauta. El estudio describe una alta prevalencia de función renal disminuida en Tierra Blanca, particularmente entre los trabajadores agrícolas. Dos años antes, los mismos Aguilar-Ramírez y Magdalena Madero habían firmado en Seminars in Nephrology un texto explícito sobre los potenciales hotspots de enfermedad renal crónica en el mundo, dedicando un capítulo a México y a Estados Unidos.
Nayarit encaja con el patrón. Hace falta el estudio que lo demuestre aquí. Con muestras de sangre, orina y cabello, análisis de exposición a metales y plaguicidas y cohortes ribereñas comparadas. Esa investigación todavía no existe.
Cuando un médico le explica a un paciente nuevo por qué llegó a la sala de diálisis, suele recurrir a dos diagnósticos: diabetes mellitus tipo 2 e hipertensión arterial. Son las dos causas más frecuentes de daño renal crónico en México y en el mundo.
La actualización epidemiológica más reciente del IMSS, publicada en 2024 por Antonio Méndez-Durán y Ramón Ruiz-Mejía en la Revista de Nefrología Mexicana con datos a enero de 2023, registra a 76 mil 457 pacientes en terapias sustitutivas en el instituto. La diabetes explica el 33.5 por ciento de los ingresos a diálisis. La hipertensión, el 24.5 por ciento.
En ese mismo corte aparece otra cifra: el 34 por ciento de los ingresos a diálisis figura como “causas no determinadas”. Más de un tercio de los pacientes en diálisis del IMSS llegan a la sala con un daño renal sin causa diagnosticada. Ese tercio es el territorio donde la literatura internacional ubica a la nefropatía mesoamericana y a sus hotspots.
Rafael tiene diabetes desde hace doce años, controlada. La presión también. La nefropatía, según su expediente, avanzó más rápido de lo esperable. Esa frase está en su resumen clínico, sola, sin investigación detrás.
Esta ausencia de explicaciones médicas individuales obliga a mirar hacia el entorno, donde las señales de alerta acumuladas durante décadas cobran un nuevo sentido. Un informe de la Fundación Heinrich Böll publicado en febrero de 2025 ubica a Nayarit como uno de los siete estados que de manera constante encabezan en México las cifras de intoxicaciones agudas por plaguicidas. En tasa de mortalidad por la misma causa, durante el periodo 2012-2021, Nayarit aparece en el séptimo lugar nacional. Las muertes acumuladas en el país por intoxicación aguda con plaguicidas en ese decenio sumaron 7 mil 984. El informe está firmado por las investigadoras Aurora Elizabeth Rojas García y Yael I. Bernal, junto con José Francisco Herrera Moreno.
La señal viene de antes. En noviembre de 2002, los médicos Medina-Carrillo, Rivas-Solís y Fernández-Argüelles, del Instituto Mexicano del Seguro Social en Tepic, publicaron en Ginecología y Obstetricia de México un estudio sobre 279 recién nacidos de madres de zona rural de Nayarit. 93 de esos bebés habían nacido con malformaciones congénitas. 186 sirvieron como controles.
Las madres expuestas a plaguicidas tuvieron un riesgo tres veces y media mayor de tener un hijo con malformación congénita. El riesgo subía a más de seis veces en madres con exposición ocupacional, y a más de tres veces y media en madres que vivían cerca de áreas tratadas con agroquímicos. Concluyeron, textualmente, que se trataba de “un problema de salud pública en el estado de Nayarit y en otras áreas rurales con exposición similar a plaguicidas”.
Eso fue hace 23 años. La política pública con ese nombre todavía está por ocurrir.
A esa línea de evidencia se suma otra. Un grupo de investigación de la Universidad Autónoma de Nayarit trabaja sobre biomarcadores de exposición a plaguicidas y susceptibilidad genética en jornaleros indígenas wixárika de los campos agrícolas del estado, entre ellos el corredor tabacalero del norte.
Cada uno de esos hallazgos pertenece a una literatura distinta. Los tres apuntan al mismo lugar. Hay una huella ambiental sobre el cuerpo de los nayaritas que llevan dos generaciones cosechando, pescando, regando o sembrando en el norte del estado. Esa huella se mide en química detectable y se localiza sobre una geografía precisa que coincide con una cuenca.
Si Nayarit aparece entre los primeros lugares nacionales en intoxicación aguda por plaguicidas, en mortalidad asociada, en malformaciones congénitas vinculadas a exposición agrícola, y en consultas por enfermedad renal, queda en pie una pregunta. ¿Qué tiene en común el cuerpo de un pescador del embalse de Aguamilpa con el cuerpo de un jornalero wixárika de la Sierra del Nayar y con el cuerpo de un campesino de Ruiz?
La respuesta más probable está en el agua que los regó, en la tierra que los alimentó, en el pescado que comieron. Y en el río que cruza el estado y desemboca en el Pacífico.
El río se llama Santiago. Arrastra desde Jalisco un inventario amplio de sustancias químicas documentadas por estudios oficiales mexicanos. Lo que entró por La Yesca lleva décadas sedimentándose en las presas donde Nayarit pesca. El agua que riega el valle de Santiago Ixcuintla viene cargada de esa misma química.
La huella ambiental en el cuerpo de don Rafael, y en los cuerpos de muchos como él, tiene un mapa. El mapa coincide con la cuenca.
Rafael sale de la sala. Camina hasta la parada. Espera el camión que lo regrese a casa. Dos días después, volverá. La máquina lo estará esperando. El expediente médico también.
La pregunta entera, la que el IMSS planteó hace años, sigue afuera.
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Fuentes
Aguilar-Ramirez, D. J., & Madero, M. (2019). Other potential CKD hotspots in the world: The cases of Mexico and the United States. Seminars in Nephrology, 39(3), 300-307. https://doi.org/10.1016/j.semnephrol.2019.02.008
Aguilar-Ramirez, D., Raña-Custodio, A., Villa, A., Rubilar, X., Olvera, N., Escobar, A., Johnson, R. J., Sanchez-Lozada, L., Obrador, G. T., & Madero, M. (2021). Decreased kidney function and agricultural work: A cross-sectional study in middle-aged adults from Tierra Blanca, Mexico. Nephrology Dialysis Transplantation, 36(6), 1030-1038. https://doi.org/10.1093/ndt/gfaa041
Medina-Carrillo, L., Rivas-Solís, F., & Fernández-Argüelles, R. (2002). Risk for congenital malformations in pregnant women exposed to pesticides in the state of Nayarit, Mexico. Ginecología y Obstetricia de México, 70, 538-544. PMID: 12561703.
Méndez-Durán, A., Méndez-Bueno, J. F., Tapia-Yáñez, T., Muñoz-Montes, A., & Aguilar-Sánchez, L. (2014). Panorama epidemiológico de la insuficiencia renal crónica en el segundo nivel de atención del Instituto Mexicano del Seguro Social. Diálisis y Trasplante, 35(4), 148-156. https://doi.org/10.1016/j.dialis.2014.08.001
Méndez-Durán, A., Ignorosa-Luna, M. H., Pérez-Aguilar, G., Rivera-Rodríguez, F. J., González-Izquierdo, J. J., & Dávila-Torres, J. (2016). Estado actual de las terapias sustitutivas de la función renal en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Revista Médica del Instituto Mexicano del Seguro Social, 54(5), 588-593. https://www.redalyc.org/journal/4577/457746956007/html/
Méndez-Durán, A., & Ruíz-Mejía, R. (2024). Perspectiva epidemiológica de la insuficiencia renal crónica en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Revista de Nefrología Mexicana, 45(2), 51-57.
Reyna-Sevilla, A., Duque-Molina, C., Quezada-Sánchez, C., Avilés-Hernández, R., & Torres-Toledano, M. (2022). Comportamiento y patrones asociados a la demanda de consultas otorgadas por afección renal en el IMSS, 2011-2020. Revista Médica del Instituto Mexicano del Seguro Social, 60(6), 606-615. PMID: 36282775. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10395917/
Rojas García, A. E., Herrera Moreno, J. F., & Bernal, Y. I. (2025, 4 de febrero). Impactos en la población mexicana. Heinrich Böll Stiftung Ciudad de México. https://mx.boell.org/es/2025/02/04/impactos-en-la-poblacion-mexicana







