
Mantenerse en una idea pese a todo y contra todo se volvió virtud; rectificar, cosa de traidores, abdicación de las convicciones. Tal vez eso haya hecho más daño del que imaginamos. Repetir la frase de La Chimoltrufia, «así como digo una cosa, digo otra», sirve para burlarse de quienes rectifican, sobre todo desde el poder. El cuestionadísimo recorte de cinco semanas al calendario escolar tuvo en la presidenta Sheinbaum una respuesta rápida: rectificar. Lejos de debilidad, debe leerse como sabiduría para enmendar, más allá del error de cálculo en el anuncio. El calor de esas fechas y el evento deportivo en puerta tendrán otras soluciones sin costos enormes en la educación. Quiero pensar que eso pesó más que el rechazo de los padres de familia enviados al infierno con sus hijos en casa.







