El Salón Tertulia de Tepic atestiguó este martes una disección técnica sobre la región más dinámica y, bajo la lupa del análisis histórico, la menos comprendida en su dimensión humana de todo Nayarit. La sesión, enmarcada en el ciclo Martes de Tertulia que hace posible la Fundación Nayarit con Visión de Futuro (NAVIFU), sirvió para desarticular la narrativa del éxito inmobiliario y sustituirla por la historia de una lucha social que precede a la llegada de los grandes consorcios hoteleros. La presencia de Eduardo Gómez Encarnación, cronista de Bahía de Banderas, permitió que los asistentes comprendieran que la autonomía del municipio número veinte fue el resultado de un proceso de maduración política frente a la indiferencia del centro y la voracidad de intereses externos que pretendían privatizar el litoral.

Gómez Encarnación situó al espectador en el paisaje de 1975, año de su llegada a una zona descrita entonces como una frontera salvaje. “En aquel entonces, Bahía de Banderas era un territorio de selva, de palmares y de caminos que se cerraban con las lluvias; la presencia del Estado era mínima y la vida se regía por los ciclos de la agricultura y el mar”, recordó el cronista, cuya voz pausada contrastaba con la magnitud de los cambios atestiguados en medio siglo. El autor explicó que su labor se aleja de una guía turística para ser un registro de los nombres y procesos que dieron forma a las comunidades originarias. “El cronista debe ser un buscador de silencios, alguien que rastrea lo que la historia oficial decidió ignorar en favor de la propaganda del progreso”, sentenció ante una audiencia que escuchaba la disección de un territorio que hoy genera gran parte del Producto Interno Bruto estatal pero que padece crisis de identidad profundas derivadas de su rápido crecimiento.
La construcción de la identidad en la zona sur de Nayarit representa un proceso de resistencia frente a la influencia histórica de Jalisco. Gómez Encarnación detalló que, durante gran parte del siglo XX, los habitantes de la región se sentían más vinculados a Puerto Vallarta que a Tepic debido a la geografía y a las redes comerciales. “La identidad del pata salada se forjó en esa frontera difusa, donde la pertenencia administrativa a Nayarit parecía una formalidad lejana mientras la vida cotidiana ocurría en la bahía”, puntualizó el autor al analizar la idiosincrasia local. Su obra documenta cómo la creación del Fideicomiso Puerto Vallarta en 1970 inició una expropiación masiva de tierras ejidales que alteró definitivamente el orden social, convirtiendo a campesinos ejidatarios en testigos de un desarrollo turístico global que no siempre los incluyó en sus beneficios.
Vladimir Valenzuela Barrutia, presidente de NAVIFU, subrayó la relevancia de documentar la etapa previa a la municipalización de 1989. En ese periodo, la región dependía de Compostela, una cabecera situada a cien kilómetros de distancia por caminos precarios, lo que obligaba a los habitantes a gestiones extenuantes para asuntos básicos como la matanza de un animal o trámites civiles. “La lucha por el municipio libre fue una gesta de dignidad de un pueblo que se sentía olvidado por su centro político y que veía en la autonomía la vía para garantizar su supervivencia”, afirmó Valenzuela durante la entrega del reconocimiento de la labor de Gómez Encarnación como el cartógrafo de una transición que evitó que la historia de la región fuera borrada por la inmediatez del capital inmobiliario.

La voz del cronista se volvió técnica al explicar los mecanismos de su investigación, la cual se nutrió de archivos parroquiales y testimonios orales recolectados a lo largo de décadas. Confesó que su motivación nació de preguntas personales sobre los restos de una bonanza que sucumbió antes de su nacimiento. Relató con precisión quirúrgica la infraestructura de una compañía en Ixtapa, empresa bananera norteamericana que operó entre 1923 y 1936. Describió una colonia de casas de madera estufada traídas de Canadá, equipadas con agua corriente, luz y teléfono en una época donde el resto de la entidad carecía de tales servicios. “Nací entre los escombros recientes de la bonanza platanera que sucumbió al petróleo”, recordó, mencionando a un cocinero de los administradores extranjeros que terminó vendiendo pan en las calles, y al último gerente de la compañía.
Un aspecto medular de la tertulia fue el rescate del lenguaje regional, tarea que Gómez Encarnación ha sistematizado en su obra Al trochi mochi. El autor compartió una anécdota en la cantina de Doña Irene, donde escuchó el término “escorrofio” para definir a alguien cuya fealdad superaba cualquier límite definible. “En los ritmos del lenguaje del pueblo bajo es donde la palabra se genera, se gasta o se atesora como moneda de uso; no es la academia la que dicta el habla, sino el pueblo vago”, afirmó el autor al defender el valor de los modismos locales frente a la homogeneización cultural. Este esfuerzo lingüístico fue apoyado por el programa PACMYC gracias a la gestión de Sergio Sartiaguín, quien comprendió que la división del río Ameca era irrelevante para una región culturalmente integrada.
El análisis de la tenencia de la tierra ocupó un espacio central en la discusión. El cronista detalló la importancia de la hacienda El Colomo, propiedad de la familia Maisterrena, a la que calificó como la “hacienda clásica” de la región antes de la Revolución. Los Maisterrena, inversionistas influyentes provenientes de Agualulco, desarrollaron sistemas de riego avanzados solicitando concesiones del río Ameca desde 1903. “El Colomo fue el centro de una actividad agrícola que prefiguró el desarrollo del valle; ahí se encontraba desde el asentamiento de trabajadores hasta proyectos de ferrocarril que buscaban unir a Guadalajara con el mar”, explicó. Sin embargo, esta estructura agraria fue desplazada por el modelo turístico que “nos quitó el paraíso” al cerrar las ventanas tradicionales de acceso al mar y privatizar espacios públicos ejidales.
El impacto ambiental y social del turismo se analizó con cifras que evidencian la presión sobre los recursos naturales. Gómez Encarnación contrastó el consumo de agua de un habitante local, estimado en 250 litros diarios, con los 2 mil 500 litros que consume un turista en desarrollos que requieren mantenimiento de campos de golf y albercas. “Se nos está acabando el agua y se nos está acabando la tierra; el crecimiento poblacional flotante ejerce una presión que el municipio aún lucha por resolver”, advirtió. Incluso los servicios funerarios enfrentan crisis, con cementerios ejidales y municipales que han agotado su capacidad, obligando a las familias a peregrinar entre comunidades para sepultar a sus difuntos.
La jornada reconoció también la labor de los maestros rurales en la formación de la sociedad costeña. Un asistente compartió el testimonio de su madre, maestra en Bahía de Banderas, quien trabajaba jornadas extenuantes por ochenta pesos mensuales enseñando a leer a los adultos por las noches con la ayuda de botes de luz. “El maestro rural merece el reconocimiento pleno del país porque mediante él se logró abolir la ignorancia en las zonas más aisladas”, se escuchó en el salón. Esta labor educativa es la que Gómez Encarnación busca continuar a través de su obra, la cual ha digitalizado íntegramente para que el conocimiento sea, como él dice citando al doctor Abel Ortiz Prado, el único patrimonio que crece si se comparte.
La sesión se enriqueció con la presencia del maestro Nacho Millán y su familia, quienes aportaron la dimensión sonora de la identidad regional. Millán, director de la orquesta Nacho Millán y sus Vagos, recibió una distinción por su trayectoria de 250 grabaciones y su capacidad para mantener viva la tradición musical en la era digital. “La música ha sido el hilo que ha unido a los pueblos de la costa con la capital; nosotros tocamos la historia que otros escriben con la pluma”, afirmó el músico, quien recordó sus inicios en Escuinapa y su consolidación en Tecuala. La interacción entre el historiador y el músico evidenció que la cultura nayarita se construye en la intersección entre el rigor de la investigación y la espontaneidad del arte popular, transmitida de generación en generación en los bailes de pueblo.

En su intervención final, Eduardo Gómez Encarnación defendió la vigencia de la crónica frente a la inmediatez de las redes sociales. Criticó la pérdida de los accesos a las playas en Punta de Mita y la presión inmobiliaria que desplaza a los habitantes originales hacia las periferias. “El crecimiento económico de Bahía de Banderas ha sido vertiginoso, pero el desarrollo humano aún tiene deudas históricas que no se saldan con la construcción de más hoteles”, advirtió. El libro Valle de Banderas, Perspectiva Histórica funciona como un manual de soberanía intelectual, instando a los jóvenes a no conformarse con ser empleados de una industria que ignora sus raíces y a defender su patrimonio histórico como la última línea de defensa frente a la manipulación.
El cierre de la tertulia dejó un consenso sobre la necesidad de proteger los archivos municipales y fomentar la lectura crítica del pasado. Vladimir Valenzuela clausuró la sesión reafirmando el compromiso de la Fundación Navifu de seguir abriendo espacios para el pensamiento crítico a través de estos encuentros semanales. El libro de Gómez Encarnación se establece como el mapa de regreso a casa para un pueblo que se siente extranjero en sus propias playas. Entender Bahía de Banderas hoy requiere pasar por el filtro analítico de su cronista, quien desde la costa sur sigue recordándonos que un pueblo que olvida su origen está destinado a habitar una tierra que ya no le pertenece.
La investigación de Gómez Encarnación revela que el nombre original de la región, Valle de Banderas, fue sustituido administrativamente para enfatizar su vocación marítima, un cambio semántico que prefiguró el destino de sus tierras hacia el turismo. El cronista detalló que los primeros contactos españoles en 1525 bautizaron la zona debido a los miles de indígenas que portaban banderas de plumas para defender su territorio, un vínculo prehispánico que el autor busca rescatar para dotar al municipio de un orgullo que trascienda la marca comercial. Este esfuerzo por documentar cinco siglos de resistencia es lo que otorga a la obra su valor excepcional en el panorama historiográfico de Nayarit
El éxito de los Martes de Tertulia radica en su capacidad para descentralizar la cultura y traer voces de la periferia a la capital. La historia de Bahía de Banderas es la historia de la modernidad en el occidente mexicano: un choque entre la tradición agraria y la integración acelerada a la economía global. Eduardo Gómez Encarnación ha cumplido con la tarea de documentar ese choque, dejando un legado que servirá para que las futuras generaciones reclamen su derecho a la permanencia y a la identidad en el municipio más joven del estado.







