7.7 C
Tepic
jueves, mayo 21, 2026
InicioOpiniónEl segundo piso, si Sheinbaum se lo cree

El segundo piso, si Sheinbaum se lo cree

Fecha:

spot_imgspot_img

Reflexión a partir de la columna “Pensándolo bien: Atrincherarse en el primer piso o abrirse al segundo", de Jorge Zepeda Patterson, publicada este miércoles 20 de mayo en El País México*.*

Jorge Zepeda Patterson, biógrafo autorizado de Claudia Sheinbaum, publicó este miércoles en El País una columna que apunta directo a la contradicción central del momento político de la 4T: el gobierno tiene margen suficiente para avanzar hacia el proyecto que prometió, y con demasiada frecuencia elige retroceder hacia los reflejos del primero.

El diagnóstico de apertura es descarnado. La economía se contrae, los escándalos se acumulan y Washington presiona con una agresividad que no amaina. Zepeda Patterson concede que este cuadro desborda a cualquier gobierno y que México estaría en una posición parecida con cualquier partido en el poder. Pero el hecho es que Sheinbaum es quien debe resolverlo, y lo que hace con él define su sexenio.

El eje conceptual del texto es la distinción entre primer y segundo piso. El primero corresponde al proyecto de López Obrador: un giro al timón “a tirones y jalones”, con una polarización que fue funcional para conquistar el poder, pero que generó divisiones y obligó a alianzas que el propio movimiento prometía superar. Reconoce los logros de ese período, especialmente la reversión tendencial de la desigualdad y la salida de la pobreza de trece millones de personas, pero también sus costos. El segundo piso, el que Sheinbaum prometió al asumir, implica otra lógica: ordenar, modernizar, crecer y generar empleo además de distribuir, convocar al resto de la sociedad en lugar de confrontarla. “Pasar de la obra negra a la edificación de paredes, jardines y ventanas”, escribe.

El problema que identifica es que ante cada dificultad hay en el gobierno “una inercia para regresar a la polarización, al atrincheramiento ideológico y al ejercicio del poder con sesgos partisanos.” Lo llama “una pulsión al enganche” que habita en la presidenta y tiende a exacerbarse en la mañanera. Reconoce que las decisiones de fondo se han tomado mirando hacia el segundo piso, pero advierte que la actitud defensiva frente a las adversidades sigue postergando las banderas que ese segundo piso prometió.

La sección más incómoda del texto es la que enumera conductas concretas. El columnista señala que reservar información de proyectos oficiales es incompatible con un gobierno que dice emanar del pueblo; que resulta contradictorio aceptar que un funcionario ignoraba lo que hacían sus colaboradores en Segalmex, Tabasco o Sinaloa, y al mismo tiempo exigir el desafuero de una gobernadora de oposición con ese mismo argumento; que exculpar antes de investigar cuando se trata de figuras propias erosiona la credibilidad del proyecto entero. Cada ejemplo tiene nombre propio en el debate público aunque el autor prefiera el caso genérico. El efecto es más potente así: el lector completa los espacios.

La lógica que articula la columna es que la 4T termina apropiándose de los problemas que evade. La corrupción que prometió combatir y postergó en el primer piso para consolidar el poder se convierte, al evadirla en el segundo, en un problema propio. Los escándalos que podrían leerse como herencia del pasado se transforman en marca del presente cada vez que el gobierno los minimiza o los atribuye a la mala voluntad de la oposición. “Al evadirlos o minimizarlos, como si fueran esencialmente producto de la mala leche de la oposición, termina haciéndolos suyos”, escribe Zepeda Patterson.

Ofrece también un argumento electoral que merece atención. La popularidad de Sheinbaum ronda el 70 por ciento, mientras la preferencia por Morena se ubica cerca del 40 por ciento. Atrincherarse en ese 40 por ciento significa renunciar voluntariamente a una franja de apoyo ciudadano que confía en la presidenta pero mantiene distancia del partido. Y significa, sobre todo, prescindir de las fuerzas productivas que pueden generar el empleo para resolver la pobreza, buena parte de las cuales forman parte de ese 70 por ciento que aprueba a Sheinbaum pero que el discurso de confrontación tiende a ubicar en el campo del adversario.

La conclusión de Zepeda Patterson es que una posición defensiva conduce a un camino conocido y terminal: endurecer el poder para proteger lo conquistado, refugiarse en el núcleo duro, arroparse en la denuncia de la perversidad conservadora. Esa ruta, escribe, “sería el final del proyecto.” La alternativa pasa por algo que suena más simple de lo que resulta en la práctica: que Sheinbaum confíe en su propio segundo piso y lo ejecute. “Empeñarse en salvaguardar la unidad de Morena a costa de tolerar sus malas yerbas terminará por mutilar la capacidad de este movimiento para transformar al país.”

El cierre del texto es el más personal y también el que revela por qué la columna pesa más que un análisis político convencional. Zepeda Patterson dice estar convencido de que Sheinbaum tiene “la integridad, la capacidad y la voluntad” para construir ese segundo piso mejorado. La condición que agrega es reveladora: “a condición de que la presidenta no pierda la confianza en sí misma y su proyecto.” Para alguien que la conoce desde cerca, esa reserva dice algo sobre lo que observa desde adentro, aunque prefiera decirlo en los términos más generosos posibles.

La columna de hoy es la segunda que Zepeda Patterson dedica en semanas al momento político de Sheinbaum, y las dos apuntan en la misma dirección: el gobierno tiene los recursos para avanzar y la tentación recurrente de retroceder. La diferencia entre ambas es de tono. La de hace dos semanas describía una oportunidad en la crisis de Sinaloa. La de hoy describe una elección de fondo sobre qué clase de gobierno quiere ser el segundo piso de la 4T. Para el biógrafo de la presidenta, esa pregunta todavía tiene respuesta posible.

spot_img

Más artículos

spot_img
spot_img
spot_img