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Comer al hermano pájaro. Letras y comida en Amado Nervo

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…ninguna miss vendía mexican tamales,

ni americano alguno expendía

en The Queen Xóchitl

Amado Nervo

Amado Nervo se conduele de que los seres humanos comemos las maravillas de la creación, porque en su postura franciscana, los animales son seres excepcionales. Los debemos amar en su plenitud; en cambio los hemos convertido en comida. En el texto Ellos, publicado en París en 1909, se entristece por las terneras que van al matadero:

“Todos los días pasan frente a mi ventana dos terneras

Van al matadero, llevadas por sendos rapaces.

Tienen aún ese gracioso aturdimiento de las bestias jóvenes; se repegan la una la otra, saltan, miran a todas partes con sus grandes y apacibles ojos glaucos y curiosos.

Llegarán a su destino; les ligarán las piernas, y con una gran maza, les darán un certero y terrible golpe en el testuz.

Luego…la nada

La especie a que pertenece, al obedecer al poderoso instinto de perpetuarse, que es el más grande instinto de su alma colectiva, no hace sino dar al hombre individuos para que se los coma.

Todo su esfuerzo de siglos viene a parar en chuletas, solomillos y puchero.

La especie no vence, no ha vencido en los milenarios los obstáculos que se han opuesto a su vida, ¡sino para que nos la engullamos…!” (Nervo, 1909:1-2).

Para el escritor, el acto de comer es un acto salvaje y primitivo. Dice:

“Eso de invitar a comer a las gentes, bien visto, es un acto salvaje y primitivo. Se las invita a devorar cadáveres de animales, a nutrirse, a un acto elemental, a una función fisiológica…” (Nervo, 1952:978)

Amado Nervo, despliega su oposición al uso desalmado que se realiza sobre los animales al considerarlos solo comida. En el texto “Pájaros fritos”, incluido en Mis filosofías, publicado en 1912 en París por la Librería Paul Ollendorff, escribe:

En cuanto llega el invierno, el transeúnte advierte en muchos escaparates de pastelerías, tocinerías, tabernas y tiendas de comestibles de Madrid, rimeros enormes de pájaros fritos.

Son éstos, el manjar más suculento de la gente modesta, de la clase media y aún, de la pobre, pues el precio varía desde dos sueldos, hasta cuatro y cinco la pieza, según el lujo del escaparate, y, sobre todo, según la antigüedad de los pájaros.

Gracias a la temperatura, los míseros animalitos, ya de suyo se conservan frescos por tres y cuatro días.

Una vez fritos, su duración es ilimitada.

Ahí están, achicharrados, en actitudes trágicas, una semana o más, sin otra variación sensible que la del precio.

Cuando el vendedor advierte que la manteca se ha embebido…los fríe de nuevo y rebaja algunos céntimos a la pieza…

Os aseguro que una de las impresiones más indefinibles de mi vida fue la visión primera y desconsoladora de estos pájaros muertos (y además fritos) que el madrileño devora con deleite…

¿Y, por qué los fríe? ¿Y por qué se los come?

¡Muy pronto en los bosques ya no romperá el silencio pánico ningún gorjeo cristalino; ¡muy pronto no sonará en la altura ese crujir de seda de las bandadas de tordos negros, de gorriones castaños y de golondrinas azuladas!” (Nervo, 1912:106-107).

Tenemos que preguntarnos si AN no comía carne, como una praxis coherente con su pensamiento. Sospecho que Amado Nervo pudo ser vegetariano al final de su vida, pero es una hipótesis porque tendría que leer toda su obra a fin de encontrar claves de tal aseveración. Resalto algunas líneas que pueden apuntar a ello, ya que en el texto “Seamos alegres”, del mismo libro de Mis Filosofías, dice:

“…la alegría de la vida, el todo poderoso secreto de la¨ joi de vivre¨, está en la sobriedad y en el vegetarianismo…Vegetarianismo y agua clara: he aquí las fuentes supremas del equilibrio, de la ecuanimidad, del éxtasis mismo; sí, del éxtasis” (Nervo, 1912:223).

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Para Amado, los estados de ánimo provienen de la comida.

            “Hay pueblos tristes, se dice.

                        El pueblo de México es un pueblo triste, se afirma.

Es cierto; pero la tristeza de los pueblos no procede sino de la índole de su alimentación.

Cuando en México no se coma chile ni se beba con exceso nuestro pueblo será alegre, radicalmente alegre, aún en su pobreza” (Nervo, 1912:224).

La idea de que la comida influye en lo que se siente y se piensa, la expone en el texto “Dime lo que bebes y te diré lo que hablas”. Argumenta la existencia de tres tipos de locales donde se bebe en primavera y verano: las cremerías, los cafés y los bars.

“En las cremerías, se dijera que todo el mundo está contento con su suerte, con sus gobernantes, con las orientaciones de la política: se dijera que todo el mundo experimenta la¨ joie de vivre¨, se dijera, en fin, que todos los ojos expresan en su silencioso idioma de luz estas palabras:

-¨¡Et in Arcadia ego!¨

¡Oh poder sedante de la leche pasteurizada!

¡Oh singular influjo del castizo chocolate abacial! (Nervo, 1912:158).”

En cambio, en los cafés y, sobre todo, en los bars, todo es calamidad:

¡Qué caliginoso concepto de la vida se tiene en los ¨bars¨! ¡Qué descontento nervioso y exaltado de las actuales condiciones de la sociedad! ¡Qué espasmódicas protestas, qué azogadas aptitudes, qué airadas exclamaciones!

¡Allí se habla del amor como de una conflagración, de la política como de un cataclismo!

La opinión, el juicio, respecto de los demás, tienen la acidez de los limones más agrios…” (Nervo, 1912: 168-169)

Para retomar la aseveración con que inicié este texto, convertimos en comida al hermano pájaro, a la hermana ternera, a la hermana agua; quizá, como venganza de ello, Amado nos convierte en comida:

“-La muerte es una apariencia, tal como vosotros la concebís. No hay enfermedades; cuando creéis que enfermáis, es que Ellos empiezan a comeros, o bien que os preparan, que os adoban, que os maceran, para el diario festín. Hecho esto, os matan, a menos que no estéis aún a punto, en cuyo caso os dejarán para más tarde: ¡entonces sanaréis!

-La vejez no existe! Es otra engañifa, otra apariencia. Son ellos quienes os van poniendo así.

Se trata de una simple preparación culinaria…de un ¨civet¨; a algunos de esos seres les gustáis frescos; otros, más gourmets, os prefieren añejos… ¡como el queso!” (Nervo, 1909:9)

Referencias

Nervo, Amado (1909). Ellos, Ediciones Literarias 7 Rue de Lille, 7, París.

Nervo, Amado (1912). Mis filosofías, Librería Paul Ollendorff, París.

Nervo, Amado 1952. Obras Completas, Ediciones Aguilar, México.

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