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miércoles, junio 3, 2026
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“Magnifica Humanitas” II. De León XIII a León XIV

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En medio de una amplia difusión de la primera encíclica del Papa León XIV en la que se pueden encontrar resúmenes, comentarios generales y específicos, una enumeración de las referencias presentes en el documento, su carácter humanista frente al posthumanismo y el transhumanismo deshumanizantes, he considerado pertinente dedicar más de un artículo a ese mensaje programático no solo de un pontificado sino para la humanidad en su conjunto…

En mi primer asomo a este documento ―que quizás con el tiempo pueda ser visto como un llamado que fue atendido o que, como muchos otros, habrá quedado como un mensaje interesante y retador, pero imposible de hacer realidad desde un escenario en que la Torre de Babel digital seguirá su senda hegemónica, mientras la reconstrucción de la Nueva Jerusalén en la era digital apenas habrá logrado algunos islotes por aquí y por allá― me limité a explorar el contenido de la introducción descubriendo en ella el esbozo de la Ciudad de Dios de León XIV en perspectiva contemporánea a la luz de dos pasajes bíblicos que ilustran los procesos de construcción de la Jerusalén celeste y de la Babilonia terrestre agustinianas: la construcción de la Torre de Babel y la reconstrucción de la ciudad de Jerusalén en tiempos de Nehemías.

En este segundo asomo, intento explorar ―desde la perspectiva de un camino que inicia en el papado de León XIII [1878-1903] y culmina en el de León XIV [2025-?] y, más específicamente, del 15 de mayo de 1891 en que se publicó la encíclica “Rerum Novarum” y el 15 de mayo de 2026 en que se firmó “Magnifica Humanitas”― el capítulo I de la encíclica “sobre la revolución digital” en el que, en una primera sección, expone lo que se podría denominar el ser en devenir de la Doctrina Social de la Iglesia y, en la segunda, pasa revista a su desarrollo a través del tiempo…

Al inicio del capítulo, con una diáfana claridad, León XIV expresa su intención de “recorrer, de manera sintética, el camino a través del cual la Doctrina social de la Iglesia ha ido tomando forma” y, al mismo tiempo, la necesidad de exponer “algunas convicciones fundamentales sobre la forma en que la Iglesia habita la historia y se relaciona con el mundo”, ya que “sin esta aclaración la Doctrina Social correría el riesgo de parecer una injerencia indebida en cuestiones temporales o un código ético externo que se aplica arbitrariamente”.

En realidad, apunta el Papa, la Doctrina Social “surge de una Iglesia que camina con la humanidad, reconoce la autonomía de las realidades terrenas y la distinción entre comunidad eclesial y comunidad política”; “reconoce en los interrogantes y los desafíos de la época actual el ámbito en el cual ejercer su vocación a la escucha, al diálogo y al servicio, dejándose interpelar por todo lo que concierne a la existencia de los hombres y las mujeres de hoy”.

Es más, prosigue León XIV, “este entrelazamiento de vida con los pueblos le hace comprender cada vez más que su misión tiene un alcance histórico e implica una responsabilidad respecto a la forma en que se tejen las relaciones sociales”.

Desde el punto de vista teórico-doctrinal, destaca dos elementos clave: la autonomía de las realidades terrenas y la consiguiente distinción de competencias entre la comunidad eclesial y la política.

De ahí que sea “propio del Pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los teólogos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la Palabra de Dios”, lo que le permite reconocer “en las transformaciones culturales y sociales tanto los signos de la presencia de Cristo, que viene y guía la historia hacia su plenitud, como aquellas desviaciones que ocultan su rostro. [De nuevo aquí, las dos ciudades agustinianas guiadas por el amor a sí y por el amor a Dios].

En síntesis, se lee en “Magnifica Humanitas”, “la Doctrina Social de la Iglesia “nace del encuentro entre la verdad eterna del Evangelio y las preguntas de la historia, se deja interpelar por los signos de los tiempos; se nutre de la contribución de las ciencias, las culturas y las experiencias humanas. Por eso, cuando la dignidad de los hermanos se ve desfigurada, cuando la política no responde a los dramas de la humanidad, cuando la economía se vuelve contra la persona o la ciencia traspasa los límites de su método, la Iglesia ―junto con las demás denominaciones cristianas y los creyentes de otras religiones― debe hacer oír su voz, no para dominar, sino para servir a la comunión”.

La exploración del camino de la Doctrina Social que va de la “Rerum Novarum” de León XIII a “Magnifica Humanitas” de León XIV se puede iniciar a partir del final del capítulo, en donde el Papa norteamericano-peruano escribe lo siguiente:

“Al contemplar este recorrido en su conjunto, se comprende que la Doctrina Social de la Iglesia [es] el resultado de un proceso paciente, en el que cada Pontífice ―junto con el Concilio Vaticano II― ha aportado una contribución original a la luz de los ‘nuevos asuntos’ de su tiempo”.

El breve resumen del desarrollo de la Doctrina Social de la Iglesia que ofrece la encíclica remite, en primer término, a la “Rerum Novarum” con la que inicia su camino situando en el centro de su reflexión la dignidad del trabajo y del trabajador y reconociendo, entre otras cosas, el derecho a un salario justo y el valor esencial de las personas que prevalece sobre el capital y el beneficio…

Y culmina con la referencia a dos encíclicas del Papa Francisco: “Laudato si’” que “ofrece el primer gran análisis de la crisis medioambiental” y que “aúna el cuidado de la Casa común y la opción preferencial por los pobres” y “Fratelli tutti”, un documento que “ante la desintegración del tejido social, la ‘guerra mundial a pedazos’, la globalización individualista y las consecuencias de la pandemia sobre los lazos comunitarios, relanza […] el sueño de una humanidad capaz de optar por la amistad social y la fraternidad universal”.

En el interín, explora el magisterio social de sus predecesores en documentos escritos en coyunturas históricas como la crisis económica de 1929 [Quadragesimo anno], la Segunda Guerra Mundial [en los mensajes radiofónicos de Pío XII], la brecha creciente entre países ricos y países pobres [Populorum progessio], el surgimiento de la sociedad posindustrial [Octogesima adveniens], la crisis de las ideologías del siglo XX y el inicio de la globalización económica [Laborem exercens] y el colapso del sistema soviético y el afianzamiento de la democracia y la economía de mercado [Centessimus Annus]…

Tres de esos documentos, como se puede apreciar, evidencian la centralidad de la “Rerum novarum” de León XIII.

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