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Lecheras, el crack que rechazó a los grandes del futbol mexicano

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Atlas, Tampico y otros equipos quisieron ficharlo, pero el máximo ídolo del Deportivo Tepic eligió quedarse donde nació su historia. ¿Por qué?

En Tepic hubo un goleador tan grande que hasta Salvador Reyes, ídolo de las Chivas, soñaba con jugar a su lado. Sí, así de bravo era Juan Casillas Sánchez, Lecheras, para muchos, el primer gran ídolo del futbol nayarita, nacido un 4 de noviembre del 1935.

“Tu papá y yo pudimos haber sido los mejores goleadores de México juntos, pero él no quiso… Así me dijo Salvador Reyes un día en el Estadio Jalisco, después de un partido de las Chivas”, recordó Juan Casillas Sánchez, hijo de Lecheras.

El estadio Nicolás Álvarez Ortega se llenaba para verlo jugar. Era la estrella de una época en la que los ídolos caminaban por las mismas calles que sus aficionados, no como hoy, que los jugadores llegan a entrenar en sus carros de lujo sin saludar a los aficionados y después de hacer un par de TikToks.

Su apodo viene de la infancia, ya que diariamente cargaba todos los días un cántaro de leche para llevarlo a unos familiares. Durante el camino se encontraba con otro repartidor que, con esa noble tradición mexicana de poner apodos sin pedir permiso, le cantaba popular canción: “Tengo una vaca lechera…”. Y así nació primero La Lechera; después quedó simplemente Lecheras.

En 1957, participó en un Campeonato Nacional en Morelia. El equipo logró un honroso tercer lugar, pero el que se robó los reflectores fue Lecheras, pues quedó campeón goleador. Y claro, luego llegaron los cazatalentos, como zopilotes elegantes, a querer llevárselo.

“Se nos acercó gente de Poza Rica para ficharlo, junto a Ramón y a mí… pero no nos fuimos”, contó su excompañero de equipo, Candelario Martínez, El Chichis.

Según las malas lenguas de las buenas gentes, El Chichis fue uno de los mejores pasadores de la época. Es más, se dice, se cuenta, se rumora que muchos de los goles de Lecheras fueron pases de este extraordinario mediocampista.

En marzo de 1959, contra San Luis, en la Copa México, Juan Casillas hizo algo de locos: metió los cuatro goles del Tepic en un empate 4 a 4.

Ese día, según recordaba el cronista Jesús Ceja Valadez, Lecheras salió por la parte de atrás del estadio y una bola de chamacos lo siguió hasta su casa por la avenida Allende. “Ya se reflejaba que era el ídolo, la chamacada detrás de Juan”, recordó el cronista.

Sin embargo, Lecheras tenía un pequeñito detallote dentro de la cancha: era muy corajudo. En términos futbolísticos, según su excompañero de equipo Carlos Rodríguez: “Era muy lángaro, quería todas las pelotas para él… no le gustaba perder”.

Equipos de Primera División quisieron ficharlo. El Tampico lo invitó y sólo jugó con ellos cuatro partidos, pero no firmó. El Atlas hasta le llevó un cheque a su casa. ¿Y qué dijo él? Simplemente dijo que no… así, con toda la calma del mundo. Imagínese la cara de los directivos.

Perooo… ¿y por qué no se fue? Hay varias versiones, pero de acuerdo con su hijo, Juan Casillas Flores, Lecheras tenía algo que hoy vale oro: trabajo estable, familia cerca y raíces firmes. Para otros, el éxito estaba en irse lejos.

Sin embargo, para Juan Casillas Sánchez, el popular Lecheras, el éxito ya estaba en Tepic: vivir con dignidad, ganar bien y quedarse donde estaba lo que más amaba.

Fuente: Documental La Vida de Lecheras, 2019, Canal 22 Internacional, SRTN, 8NTV

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