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Estoy listo, asegura Santana

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El presidente de Bahía de Banderas pidió licencia este martes para competir por la coordinación estatal de su partido, la antesala de la candidatura al gobierno en 2027. Llega con números altos. Su tarea ahora es demostrar la fuerza de la costa en el resto del estado

Cinco morenistas se anotaron en Nayarit para disputar la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, ese cargo de nombre interminable que en los hechos opera como sala de espera de la candidatura al gobierno en 2027. Entre ellos está Héctor Santana, presidente municipal de Bahía de Banderas, que este martes solicitó licencia para cumplir con una regla que el propio partido se impuso, la de separarse del cargo antes del registro. La inscripción de los aspirantes nayaritas está prevista para este jueves, de modo que el alcalde dejó resuelto el requisito un par de días antes.

El paso no sorprendió a nadie en el ambiente político. Lo que conviene mirar con calma son las cartas que Santana lleva a la mesa, porque no todas valen lo mismo en el juego que viene.

La coordinación que está en disputa no es un cargo de organización, aunque así se presente en el papel. Quien la gane queda instalado como la figura más visible del movimiento en el estado durante todo 2026 y arranca la carrera de 2027 con ventaja, con estructura partidista detrás y con la etiqueta, no escrita pero entendida por todos, de favorito. Por eso el registro juntó a cinco perfiles morenistas y no a uno. En un estado donde el partido llegó al gobierno y la oposición no ha terminado de rehacerse, esta definición interna pesa tanto o más que la elección constitucional que viene después. No es un trámite estatutario, es el primer corte de caja rumbo a la sucesión.

La más sólida tiene fecha. En 2024, cuando casi todos daban por hecho que el desgaste no alcanzaría para mover a la alcaldesa en funciones y que la reelección iba encaminada, Santana ganó la presidencia de Bahía con holgura. Dos a uno, sesenta por ciento de la votación. Fue la sorpresa de aquel proceso, y conviene no olvidarla, porque Bahía de Banderas no es un municipio cualquiera. Es el motor turístico del estado, el que más crece, el que concentra inversión, empleo y población flotante. Quien gana ahí gana en un territorio que pesa.

Esa victoria es el piso desde el que Santana negocia ahora su lugar en la baraja. La votación relativa más alta de 2024 lo respalda, y a ella suma lo que las casas encuestadoras citadas por su entorno describen como la mayor distancia entre opinión positiva y negativa entre los aspirantes, junto con un rechazo ciudadano bajo. Son datos que provienen de mediciones que no identifican al cliente, y conviene leerlos con esa advertencia, pero apuntan todos hacia lo mismo, que el alcalde sale de su administración con la imagen en alto y sin el costo que suelen dejar tres años de gobierno.

Aquí entra la obra pública, la otra mitad del relato con que Santana se presenta. Su gobierno acaba de poner en circulación un promocional donde resume la gestión en una cifra redonda, doscientas obras en año y medio. «Este gobierno iba a ser un gobierno constructor», dice el mensaje, que insiste en el ahorro, en los recursos propios y en una idea que repite como estribillo, la de que la gente «ya estaba cansada de promesas» y quería hechos. El material que manejan sus regidores, sin embargo, habla de más de doscientas cincuenta. Cincuenta obras de diferencia entre documentos de la misma administración es un buen recordatorio de que estas cuentas nacen de la mensajería oficial y todavía esperan una contabilidad externa que las confirme.

Más allá del número, hay obras concretas que sostienen el discurso. La ampliación a ocho carriles de la carretera Mezcales-San Vicente, una vialidad que la población llevaba años pidiendo, arrancó con cuarenta y tres millones de pesos y la promesa de no endeudar al municipio. Hay también una apuesta turística que se sale del molde local, la de un Bahía que ocupa la vicepresidencia de la World Surf Cities Network y se prepara para tomar la presidencia de esa red en Ericeira, Portugal, con la intención de traer su asamblea mundial a la costa nayarita en 2027. Y está la aprobación en cabildo, por unanimidad, del primer panteón municipal con servicio de cremación, un asunto poco lucidor que resuelve un rezago real en un municipio que crece más rápido que sus servicios.

Vale la pena detenerse en el tono del promocional, porque ahí se asoma la estrategia. La pieza no habla de Bahía como quien rinde cuentas de un trienio, habla como quien ya se prepara para una elección más grande. El gobierno constructor, el ahorro, los resultados «a la vista de todos y no puestos en un espectacular», el cierre con esa fórmula de campaña, «hechos para cumplir y hechos para servir». Es la gramática del precandidato que todavía no puede decirlo en voz alta. Quien arma esos mensajes sabe que el destinatario ya no es sólo el vecino de San Vicente, sino el militante de Acaponeta o el operador de Tepic que en unas semanas responderá una encuesta. La proyección internacional del surf juega en esa misma cuerda. Un alcalde que viaja a Portugal a recibir la presidencia de una red global construye una imagen que rebasa los baches y las banquetas, y esa imagen es moneda corriente en una contienda que se gana por nombre conocido.

La coordinación la define una encuesta estatal que, según la convocatoria conjunta de Morena, el PT y el Verde, se levantará una vez terminado el Mundial, ya entrado julio, con resultado a publicarse a más tardar el 31 de diciembre. La obra entregada en Bahía pesa menos en ese instrumento que el nombre que la gente reconoce en Tepic, en Acaponeta, en los pueblos de la sierra. Ahí asoma el viejo problema de los presidentes municipales fuertes, el de ser muy conocido en casa sin serlo en el resto del estado. Bahía vota distinto, vive distinto, mira hacia Vallarta tanto como hacia la capital. Convertir esa fuerza costera en una marca estatal es la tarea de las próximas semanas, y no depende sólo de su voluntad.

Hay además factores que el aspirante no controla. Son cinco en la disputa interna de Morena, y la convocatoria abre la puerta a contendientes del PT y del Verde dentro de una misma medición. La paridad de género, garantizada en la base décima primera del documento, puede inclinar la balanza si la dirigencia nacional decide que la coordinación de Nayarit corresponda a una mujer, escenario que ninguno de los varones en la lista puede dar por descartado. A eso se suma la letra que el propio movimiento presume, con su prohibición expresa de campañas dispendiosas, de uso de recursos públicos, de nepotismo y de influyentismo. Son reglas que se enuncian fácil y se vigilan con dificultad, más todavía cuando uno de los aspirantes viene de administrar una presidencia municipal con presupuesto y estructura.

Conviene poner el proceso en su escala real. Lo que se juega en Nayarit es una pieza de un tablero mayor. La coalición confirmó que competirá unida por diecisiete gubernaturas en 2027, y cada definición estatal se lee desde el centro, desde el Comité Ejecutivo Nacional que conduce políticamente el armado. El propio calendario del registro dice algo del ánimo del momento, pues la coalición suspendió las inscripciones el 24 de junio para no competir con el México-Chequia del Mundial. La narrativa oficial habla de democracia interna y de un método «desde abajo», con etiquetas de alegría y transparencia que el documento repite con insistencia. La experiencia reciente del partido, con designaciones que llegaron más desde la cúpula que desde las urnas, invita a tomar ese discurso con reservas. La encuesta medirá, de acuerdo, pero quién la levanta, cómo se redactan las preguntas y qué universo se considera son decisiones que no pasan por las manos del alcalde de Bahía.

¿Con qué se queda, entonces, quien observa desde fuera? Con un aspirante que llega bien parado. La elección más contundente de 2024, una gestión que exhibe obra y cuida no endeudarse, encuestas propias que lo ubican arriba, un rechazo bajo. Todo eso es real y cuenta en la mesa. Pero la contienda apenas arranca, el instrumento que la resuelve favorece la notoriedad por encima del expediente, y la última palabra no se firma en Bahía ni en Tepic. Se decide en la mesa nacional que ordena el método.

Santana ya puso sus mejores números sobre la mesa. Lo que sigue, el registro del jueves, la encuesta de julio y la decisión que venga con ella, ya no está del todo en sus manos. Queda por ver si la plaza más grande del estado le alcanza para algo más que llegar primero a la fila.

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