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Sucesión gubernamental y las condiciones de gobernabilidad

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«¿Adónde vas?» pregunta uno de ellos. «A Cracovia», responde el otro. «¿Ves lo mentiroso que eres? -salta indignado el primero-. Si dices que vas a Cracovia, es para hacerme creer que vas a Lemberg. Pero ahora sé que de verdad vas a Cracovia. Entonces, ¿para qué mientes?»*

Sigmund Freud

El Gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero ha declarado que al concluir su encargo al frente del Poder Ejecutivo estatal, cambiará de lugar de residencia. Ha manifestado que lo hace para no intervenir de ninguna manera en la siguiente administración. Por tanto, lo hace para permitir que quien lo suceda en el cargo gobierne con absoluta libertad, como lo manda el marco jurídico del estado. Auto excluirse como variable política hace más sencilla la ecuación de la gobernabilidad. Esa declaración ya ha provocado que algunos supongan que el mandatario engaña con la verdad, o que esas palabras pueden interpretarse de mil formas. No obstante, creo que podemos confiar en que el gobernante sencillamente dijo la verdad y ya, sin segundas intenciones.

En alguna de las inolvidables conversaciones con Oscar Herrera, me compartía su punto de vista en torno al lenguaje. Sostenía que hay tres formas de lenguaje: el coloquial, el político y el de la diplomacia. El lenguaje coloquial, decía Don Oscar, es el lenguaje la linealidad, sencillo, donde blanco es blanco y el negro es negro. El lenguaje político es el de la duplicidad, donde el blanco puede ser negro y el negro, puede ser blanco. Finalmente, Don Oscar se refería al lenguaje de la diplomacia, donde el blanco puede ser cualquier color “y el blanco, puede ser hasta blanco”. Desde esa perspectiva, procedería analizar las palabras del mandatario nayarita.

Tal declaración ha provocado especulaciones y reflexiones diversas. Aunque ha dejado en claro que su decisión es movida por su voluntad de no convertirse en un referente que complique gobernar a quien lo suceda en el cargo, hay quienes se entregan febrilmente a las especulaciones y a sus ejercicios intelectualmente onanistas.

Una de esas especulaciones tiene que ver con posibles amenazas del crimen organizado, que ha sido afectado durante estos años. Los que proponen esta “teoría”, evacúan como diarrea verbal, miles de palabras que ni se refieren a indicios posibles, ni a pruebas convincentes, pero que abruman a quienes los escuchan. Basándose en absolutamente nada, aseguran que las bandas criminales habrían amenazado al gobernante nayarita. No obstante, en lo personal descarto absolutamente esa posibilidad porque el gobernador no ha emprendido ninguna acción con intenciones personales contra nadie. Todo lo que se ha hecho en materia de seguridad, se ha realizado en coordinación con las instituciones del gabinete que se encarga de esas tareas. Nop es extraño que los funcionarios de seguridad resulten amenazados por criminales que se sienten afectados. En todo caso, si ese fuese el caso, sencillamente esa sería una decisión comprensible y defendible en cualquier otro caso.

Otra de las posibles interpretaciones de las palabras del Gobernador Navarro, se relaciona con los temores de algunos servidores públicos que podrían empezar a ser traicionados por su conciencia o empiezan a dar señales de paranoia. Esta vertiente especulativa supone que algunos servidores públicos eventualmente piensan atenerse a su fuerza o presencia para cubrirse ante posibles procedimientos legales por irregularidades que se les hayan encontrado en el desempeño de sus funciones como servidores públicos. Esa idea es equivocada, pues cada servidor público, al final de la presente administración, deberá atenerse a su conciencia y a su proceder actual. En el pasado ya vimos como algunos funcionarios que se desempeñaron como choferes de sus patrones, acabaron tras las rejas luego de asumir funciones de movilidad. Empezaron como choferes, luego siguieron como jefes de tránsito y acabaron en la cárcel. Hasta la fecha.

Una tercera interpretación supone pensar que el mandatario habría manifestado salirse del escenario público para que se entienda que no intervendrá en el proceso electoral, ni el interno de las siglas que lo postularon, ni en el proceso ordinario constitucional. Dicho de otra manera, el mandatario no meterá mano para nada en el proceso de sucesión que prácticamente inicia este año y concluye el próximo año 2017 luego de que se conozcan y formalicen los resultados expresados en las urnas el domingo 6 de julio.

Esta última “traducción” de la declaración del Gobernador Navarro Quintero, me la han propuesto algunos amigos que conocieron de lo dicho por el titular del Ejecutivo estatal. Les le respondido que el gobernante nayarita no necesita de esos “puentes hermenéuticos”. Quienes conocen al mandatario estatal desde hace varias décadas, saben que él sabe respetar los procesos electorales, los procedimientos formales, tanto en forma como en tiempo. En ese sentido, ya se ha referido el Gobernador: ni meterá las manos ni permitirá que sus funcionarios metan mano en el proceso cívico que solamente les corresponde a los nayaritas, con universalidad y en secrecía.

Suponer que cada cabeza es un mundo, nos llevaría a suponer que vivimos en los tiempos de la torre de Babel. Solamente que vivimos los tiempos de un lenguaje qué, aunque se ha degradado, sigue siendo el puente por el que transita la democracia, la posibilidad de entendimiento.

Si nos atenemos a la forma de pensar y actuar del Gobernador Navarro Quintero, nos vamos a dar cuenta de que no necesitamos de interpretaciones o de ejercicios exegéticos onanistas. Lo que procede en este caso, es interpretar de manera directa y clara las palabras del mandatario estatal., Lo que dice es claro y directo. No se hagan bolas: quien lo suceda en el cargo asumirá su mandato como lo dispone el marco constitucional y en línea con la naturaleza plural de una sociedad como la de Nayarit. No hay lugar a las especulaciones.

(*) La anécdota, originalmente es publicada por Sigmund Freud en su ensayo “El chiste y su relación con lo inconsciente” (1905). En 1949, Antonio Gramsci publica, en “La política y el Estado moderno”, otra versión de la historia freudiana.

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