El 25 de julio, la liturgia celebra a Santiago Apóstol, patrón de España. En su honor, hace casi quinientos años, en 1532 para ser exactos, se fundó una villa con el nombre de Santiago de Compostela. La pregunta incomoda: ¿de qué ciudad hablamos hoy, de Tepic o de Compostela?
La historia que nos contaron dice que aquella villa se levantó sobre la prehispánica Tepic, que perdió su nombre para tomar el del santo cristiano. Después, por razones geopolíticas, Tepic lo recuperó y, tiempo después, otra población heredó el de Compostela en el valle de Cactlán, al sur, donde hoy se asienta la cabecera municipal.
Terminamos por no entender del todo por qué ahora Tepic y Compostela reclaman el mismo 25 de julio de 1532 como su acto fundacional. En Compostela, con grandes fiestas; en Tepic, casi siempre, con olvido.
Para comprender ese desacuerdo entre historiadores conviene asomarse a una versión alterna: la llegada de los conquistadores a América trastocó la dinámica de los asentamientos humanos y empujó a poblaciones enteras a mudarse de un sitio a otro. Son las llamadas ciudades nómadas.
«Tepic es indígena y Compostela, española. Tepic se asentaba a un lado del río; Compostela, más arriba. Eran vecinas. Los primeros pobladores de Tepic se remontan a los años 650 a 1000. Compostela se funda el 25 de julio de 1532. Como otros asentamientos de la época, es una ciudad nómada, término estudiado por Alain Musset, que se fue moviendo hasta su ubicación actual. La migración concluye en 1540, sin nueva fundación de la ciudad ni de sus instituciones», explicó Meridiano hace tres años, a partir de una entrevista con el joven cronista municipal de Compostela, Rodolfo Medina Gutiérrez, hoy de 34 años y a punto de concluir un doctorado en historia.
Más allá de la solidez académica de esa postura, lo cierto es que Compostela, esa ciudad señorial e histórica, como la nombraba la radio, ha ganado la narrativa de los festejos fundacionales. Veámoslo. El viernes entregó la Presea Grandezas de Compostela a diez ciudadanos, el máximo honor que concede el ayuntamiento. Al cerrar el acto solemne, una tormenta monumental se sumó a la celebración y remató un encuentro de mariachis. El sábado siguieron las fiestas religiosas, la cabalgata y, por la noche, la música, el baile.
El domingo, día de Santa Ana, madre de María, abuela de Jesús, patrona de las mujeres trabajadoras y de los mineros, una cabalgata de mujeres puso el punto final.
En Tepic, nada de nada. Ni siquiera esa fiesta de redes sociales a la que todo se reduce hoy: las felicitaciones, las condolencias, las celebraciones.
Porque las conmemoraciones, como la tierra, son de quienes las trabajan.







