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¿Farmear aura?: La broma que exhibió al otro Tepic

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Hace unos días en Tepic, pero no en la ciudad que sonríe, sino en otro Tepic que pocos conocen, ocurrió un encuentro inesperado. Cientos de niños, niñas, jóvenes y padres de familia se reunieron para presenciar una nueva pasión: farmear aura.

La historia que atestigüé no comenzó ese domingo en la Concha Acústica del Parque La Loma, sino unos días atrás, cuando me llegó el mensaje a mi celular de un amigo cercano.

“Oye wey, ya ves que publiqué una broma de que iba a haber un torneo de farmear aura para burlarme de este wey. El pedo es que ya me contactaron interesados en participar, patrocinadores y hasta políticos, creo que lo voy a tener que hacer”.

A partir de ahí este “movimiento” comenzó a llamar mi atención. Mi amistad con el organizador me permitió darme cuenta de la evolución del evento. Poco a poco se sumaron empresas locales para ofrecer premios a los participantes, así como influencers con gran arraigo en la ciudad. A pesar del apoyo, el nerviosismo de la organización era evidente. No había antecedentes en la ciudad que permitieran saber si el evento sería un éxito.

¿Qué significa farmear aura? 

Farmear aura es una expresión nacida en el mundo digital. Surge del inglés to farm (ligado a la agricultura), un término adoptado por el mundo de los videojuegos para referirse a la acción de cultivar, acumular o conseguir recursos mediante acciones repetitivas. Aura, por su parte, proviene del latín aura, que significa brisa o soplo. Con el paso del tiempo el concepto comenzó a utilizarse para nombrar una cualidad intangible que parece emanar de una persona. Actualmente suele asociarse con la presencia, carisma o magnetismo de algún ser.

Llegó el domingo y la cita estaba hecha. Se instalaba el escenario, pero antes de levantar el telón, algunas cosas que podrían salir mal comenzaron a salir mal. Una confusión derivó en un momento de tensión entre la organización y la institución que resguarda el Parque La Loma. La amenaza de la intervención policial se hizo latente, pero al final el sentido común se impuso.

No era la primera vez. A lo largo de la historia, las instituciones han mirado con recelo las aglomeraciones que no controlan o simplemente no comprenden. Esa tarde, al menos una decena de policías llegó a custodiar el evento.

De camino al Parque La Loma recordé pasajes de mi vida de hace más de una década en que acompañaba a un familiar a presenciar batallas de electrodance o tecktonik en ese mismo parque, que también refugió a quienes se enfrentaban con las líricas en las batallas de rap.

Recuerdo a los llamados emos reunirse cerca de plazas comerciales, a los skaters patinar en las plazas del barrio, mientras uno jugaba futbol en espacios improvisados o incluso cuando acompañaba a los cholos a plasmar su arte en las paredes.  

Memorias que fueron interrumpidas por una llamada que le llegó al organizador. “Wey no hay nadie”, decía uno de los invitados a ser jurado a mi compañero que mostraba un rostro desencajado mientras respondía “pues con que se inscriban unos dos o tres monos con eso”.

No pasaron ni cinco minutos cuando el mismo interlocutor desmintió su versión: “No mames hay un chingo de gente”, lo que modificó el ánimo de la organización.

Al llegar, el anuncio se volvió una realidad. Cientos de personas se encontraban dispersas alrededor de una mesa y una bocina que fungirían como el teatro ambulante de esta puesta en escena.

Todos los comprometidos estaban presentes. Uno de los jueces pasó a saludarme y me dijo: “No mames, no esperé que tanta gente viniera a esta pendejada. Y luego nos quejamos porque votan por Morena”, me soltó junto a una carcajada. “Hijo de la chingada”, le respondí a su picardía, “ni digas nada que ya escuché gente emocionada por verte a ti”, le reviré mientras unos jóvenes interrumpían nuestro diálogo para pedirle una foto.

En minutos, el evento dio inicio, con la promesa de ver un gran espectáculo, en el que de acuerdo con el host podría incluso surgir una nueva estrella de la actuación. El juez principal habló sobre los puntos a calificar destacando la originalidad y el tener “aura” como los puntos claves, algo tan ambiguo como calificar la “honorabilidad” en una convocatoria institucional.

Los primeros participantes llegaron y no decepcionaron. Uno entró mostrando una actitud desafiante, y apoyado por sus compañeros realizó un performance similar a las escenas de Vaselina, mientras su contrincante fue un payaso que buscó replicar el conocido festejo del futbolista Cristiano Ronaldo.

El público reaccionó eufórico y con los movimientos que presentaban los contrincantes había quienes gritaban: “¡Auuuuraaaaa!”, como quien grita “¡Goool!” en un estadio de futbol.

Para la segunda batalla la timidez de los espectadores se dejó de lado, y pronto formaron un círculo en el que se volvió más complicado ver el espectáculo. La gente comenzó a treparse en jardineras, bancos e incluso postes para seguir de cerca la acción.

Un comerciante de avanzada edad destacaba con su sombrero ranchero entre los estilizados jóvenes que presenciaban el alboroto. Después de unos minutos, se alejó mostrando una mueca de desconcierto. Se sentó sobre su triciclo y se quedó mirando a la nada, como en un acto de reflexión.

Aunque en internet, el farmear aura suele adjudicarse a la cualidad de una persona que, sin hacer demasiado, consigue proyectar carisma, presencia o admiración. En las batallas del mundo real, el aura tiene que fabricarse a través de la exageración.

Los enfrentamientos se miden por performances payasescos que emulan movimientos de avatares digitales, escenas de anime, series, películas, o bien de improvisación cómica.

Irónicamente, quienes vivimos la transición de lo análogo a lo digital aprendimos a llevar nuestra vida al internet. Hoy las generaciones nacidas en el mundo digitalizado parecen ir en dirección contraria al llevar su lenguaje y códigos virtuales al mundo tangible.  

Así vemos a niñas, niños y jóvenes entregarse a una especie de catarsis colectiva que los aleja por unos minutos de las pantallas y los libera de la vigilancia digital a través de algo que paradójicamente nació en las entrañas de este mundo intangible.

Después de media hora, y tras ver batallas en que los jóvenes, niños pequeños, payasos y personas con discapacidad, se enfrentaron artísticamente, decidí tomar camino a casa sin ver el final del evento, que después me enteré ganó un joven con una máscara del popular superhéroe Spider-Man.

Mientras salía del parque un niño de unos tres años corría con las manos hacia atrás y brincaba los escalones: “Hijo ya, deja de farmear aura”, le decía su papá al esbozar una sonrisa.

Pablo Hernández Avendaño
Pablo Hernández Avendaño
Periodista. Formado en la Ciencia Política. Premio Estatal de Periodismo 2022 en Crónica. Con más de 13 años de experiencia en medios de comunicación locales. Editor web de Meridiano de Nayarit.
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